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Qué fue del 2020

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HABÍA un grupo que se llamaba 091 y compusieron un temazo que se titulaba '¿Qué fue del siglo XX?', que usted encontrará en Youtube sin mayor trabajo. Cuando lo grabaron, el siglo no había terminado pero ya lo echaban de menos. Es una canción muy nostálgica en la que se echaban en falta muchas cosas que ni siquiera habían perdido vigencia. De manera igualmente candorosa, en pleno agosto, me pregunto yo qué fue del 2020.

Póngase usted en enero de este año. Muy felices nos las prometíamos. Estábamos vislumbrando el final de una crisis y hacíamos planes para dejar de fumar, para viajar, escalar en el mercado laboral y nuestro mayor problema eran las legítimas ansias independentistas del pueblo catalán. Cuando nos dimos cuenta estábamos todos confinados en casa porque una pandemia, la única cosa que no habíamos previsto, se empeñaba en cambiar nuestras vidas de forma radical. Hoy andamos por la vida con mascarilla y sin poder besar a nuestros padres o a nuestros hijos por no contagiar el bicho.

De la noche a la mañana hemos experimentado un cambio de costumbres y una crisis sanitaria y económica que nadie se había buscado y cuyos orígenes y consecuencias desconocemos totalmente. No tenemos ni idea de cómo acabará la cosa, pero sabemos con toda seguridad que nunca volveremos a ser los mismos.

Cada vez que vemos una película en la que salen las Torres Gemelas, nos acordamos de Bin Laden y pensamos que aquél día todo cambió a peor. Pero somos conscientes que aquello fue la mala obra de un animal, la obra maestra del terrorismo, y por tanto podemos identificar a un culpable; podemos interpretar sus motivaciones y calibrar las consecuencias de su malvado plan.

En este caso no es lo mismo. Claro que hay gente, como Trump, Bolsonaro o Abascal que necesitan a un culpable y obviamente lo encuentran en una conspiración delirante en la que entran George Soros, Bill Gates, los chinos y la tecnología del 5G. Me tengo por un experto en teorías conspiranoicas: Paul McCartney murió y fue sustituido por un doble canadiense, Elvis fingió su muerte y sigue vivo, los atentados del 11-M fueron cosa de la ETA y el mundo está gobernado por reptilianos. Tanto sé del asunto que una vez entrevisté a Conrado Salas, el mayor defensor en España de la teoría de los reptilianos, según la cual el mundo está gobernado por reptiles que adoptan forma humana. Decía el bueno de Conrado que entre los reptilianos se encontraba la familia real española. Tardé meses en negociar la entrevista, hablando con Conrado y con su madre. Finalmente accedieron y mi primera pregunta, que además fue la última, era si el entonces príncipe Felipe había nacido de un huevo depositado por doña Sofía. Me colgó el teléfono, no sé por qué, pues la pregunta estaba dotada de todo el sentido. Si montas una teoría debes empezar por saber explicar lo más obvio.

La búsqueda de uno o varios culpables se entiende: es fácil imaginar que la pandemia tiene un origen oscuro, como los atentados del 11-S. En muchas cabezas no cabe que un coronavirus que va matando a cientos de miles de personas por el mundo adelante haya surgido por casualidad. Pero si metemos en una batidora a Soros, a Bill Gates, a los chinos, a una nueva tecnología y a millones de médicos de todo el mundo y lo aderezamos con el poder de los medios de comunicación alienados por la oligarquía, todo encaja. Los negacionistas del coronavirus ganan terreno a marchas forzadas. El otro día Iker Jiménez entrevistó a una médica española que sostenía que la pandemia no existe. Así, con dos ovarios, la señora, sin aportar dato alguno, afirmaba muy seria que todo es una invención para que unos pocos se hagan con el control del poder mundial.

Nunca recuperaremos el 2020 y es muy probable que por el camino perdamos un par de años más. Mientras tanto, comprobaremos si Soros y Gates controlan el mundo, cosa que a mí me trae sin cuidado, pues el mundo ya está controlado hoy mismo por gente igual que ellos o peores. Imagino que por mucho que logren el dominio mundial no podrán evitar que en Galiza fabriquemos licor de herbas o friamos pimientos de Herbón, que es lo que a mí me importa. Nuestro país lleva tantos siglos asoballado que ya da un poco igual quién o quiénes nos oprimen. Llegado el caso, prefiero que lo hagan Gates o Soros que Santiago Abascal.

El asunto es que el 2020, y estamos empezando agosto, se nos fue al carajo para siempre. Fue un año perdido entre mascarillas y respiradores, una porquería de año maldito del que pocas cosas buenas podremos recordar. Nos queda la esperanza de que lo peor lo estamos pasando, muchos conservando la vida. Recemos para estar cerca de tocar fondo y que el resurgir, aunque sea lento y doloroso, nos lleve a una época mejor. Yo creo que sí, que Bill Gates, Soros y los chinos logren con su conspiración convertirnos en una sociedad alienada pero próspera.

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