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Taparse un oído

Brian Wilson, líder de los Beach Boys. AEP
Brian Wilson, líder de los Beach Boys. AEP

Siendo niño, su padre le reventó un oído derecho golpeándolo con una tabla. Brian Wilson, líder de los Beach Boys perdió toda su capacidad de audición por ese lado. Desde entonces y hasta hoy, si se fija usted y si no se fija también, cuando Brian canta abre más la boca hacia su oído bueno, que es el único que lo puede escuchar. La historia se conoció de una manera inesperada. Durante las sesiones de grabación de Help me Rhonda, Murry Wilson, padre de tres de los integrantes de la banda y tío de otro, entró en el estudio borracho perdido y empezó a chillar estupideces mientras la cinta seguía grabando Brian se enfrentó a él y le recriminó su sordera. Después de sus primeros éxitos y de una gira triunfal, despidió al padre como productor. Años después apareció aquella grabación, que se convirtió, en versión pirata, un objeto de culto para amantes del grupo y que hoy se puede escuchar con sólo buscarla. Es famosa la frase que el animal de Murry repite a gritos en varias ocasiones dirigiéndose a su hijo medio sordo: "¡Yo también soy un genio!". No lo era. Su propia carrera musical había sido de una mediocridad formidable y el despegue definitivo de los Beach Boys se produjo tras deshacerse de él.

A mí ese empeño de Brian Wilson al dirigirse a su oído izquierdo siempre me ha inspirado cierta ternura, porque tras él se esconde una terrible infancia de maltratos y una primera juventud de explotación. Y también, que es a lo que vamos, es un intento de comunicarse consigo mismo y con su público, para oírse bien y no desafinar. Por eso nunca grabó en estéreo, por no perderse la mitad del sonido. Pero sobre todo es una metáfora de algo que nos sucede a todos. Cuando escuchamos somos medio sordos: nos negamos a oír aquello que no nos interesa o nos incomoda; y al hablar tendemos a dirigirnos a aquellos oídos dispuestos a interesarse por nuestras ideas.

Es por eso que las campañas contra la violencia de género no se dirigen al maltratador sino a su víctima. El maltratador no tiene el menor interés en que se le ponga frente a un espejo. Y eso podemos aplicarlo a casi todo en esta vida. Alguien que come carne, como es mi caso, no quiere escuchar el mensaje de una persona vegana, como son mi señora, nuestra hija y su pareja, del mismo modo que ellos no tienen el menor interés en que nuestro otro hijo o yo les hablemos de lo bueno que está el pescado.

El ser medio sordos nos facilita la vida y nos permite hablar sólo para quien está interesado en lo que tenemos que decir. También crea barreras y en momentos como éste es ideal para dividir a la sociedad: entre izquierdas y derechas, entre quienes queremos una vacuna y los negacionistas, entre partidarios del confinamiento estricto y quienes creen que cualquier medida que se tome para frenar la pandemia está mal tomada; entre taurófilos y antitaurinos, entre monárquicos y republicanos, da igual. La polarización extrema nunca lleva a nada bueno. Todos nos tapamos un oído para cantarle al otro. El bueno de Brian Wilson, que es un genio, lo hacía porque no le quedaba otro remedio, pero obligó a su padre a escuchar lo que tenía que decirle. Imagino que en ese momento se sintió aliviado, aunque es de imaginar que no logró liberarse de un trauma tan terrible.

Cuando escuchamos somos medio sordos

Puede que no sea mala cosa que nos destapemos el oído malo y aprendamos a escuchar a quien nos lleva la contraria, no para darle la razón, sino para que todos y todas nos sintamos un poco mejor. Perder el diálogo o la oportunidad de negociar, eso sí que no sirve para nada. Es que últimamente hay mucha gente diciéndole a los demás con quién pueden hablar y con quién no, a quién podemos escuchar o no escuchar. Los propios medios de comunicación, me refiero a los grandes grupos, llevan ya unos años jugando al juego de la polarización extrema, convirtiendo a los rivales en enemigos, incluyendo a lectores y oyentes. Luego nos preguntamos de dónde sale la ultraderecha, por ejemplo.

Y así acabamos, creyéndonos que George Soros y Bill Gates nos quieren implantar un chip en una vacuna y que hay nuevas tecnologías que llegarán para dominar a la humanidad. No usted ni yo, pero sí mucha gente que va por la vida tapándose un oído y utilizando el otro para escuchar solamente aquello que quieren que se les diga. Ésa es la gente que está controlada, que renuncia a su criterio; a su capacidad para escuchar, discernir y formarse una opinión cabal. Así uno siempre cree estar en el lado correcto y vive con la comodidad de conocer la verdad, que es la única que está dispuesto a que le cuenten. Lo que para Brian Wilson es una tortura, para mucha gente, millones en el Estado español, por ejemplo, es una bendición.

Taparse un oído
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