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Un combo ideológico

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photo_camera Imagen tomada este sábado del resultado de uno de los ataques de Israel en la franja de Gaza. EFE

Anteriormente era dado encapsular ideas o pensamientos. Se daba por hecho que uno podría estar en contra de la intervención de los Estados Unidos en la Guerra de Corea y a la vez no a favor del régimen comunista del Norte. Se entendía que ambas posturas eran legítimas y en todo caso, lo que pensara usted era su problema siempre que no se lo confesara a un agente encubierto de la Guardia Civil. Eso ya pasó. Hoy todo va en un combo. Las ideas se sirven encadenadas. Imaginemos que está usted en desacuerdo con seguir enviando armas a una guerra. Los motivos son lo de menos. Da igual si usted no quiere alimentar una guerra o si desconfía del buen uso que hará de su dinero un payaso que llegó a la presidencia de Ucrania por interpretar un papel en una serie de televisión, o en una peli, no sé.

Todo eso da igual. Si usted no está por la labor de que sus impuestos se dediquen a ese conflicto, no puede usted estar en contra de Putin, o sea que automáticamente se convierte usted en una firme defensora del líder imperialista soviético y la cosa apenas empieza, porque si es usted aliada de Putin lo es igualmente del régimen norcoreano y del iraní, lo que de paso la convierte en una terrorista de Hamás, figúrese. Hay que saber de qué va usted cada día que pasa, debe madrugar muy en serio y plantear los temas de tal manera que no le generen problemas mayores. Estos días todo el mundo se puso a hablar de la muerte de un dibujante japonés y no sé si estoy a favor o en contra, fíjese a qué punto hemos llegado. No me he atrevido a pronunciarme por pánico a la reacción de mi equipo, que nunca sé cuál viene siendo.

"Al final los sionistas con su crueldad sin límites nos convencen de que, después de todo, los nazis no eran tan malos". Eso publicó el escritor gallego Suso de Toro en sus redes sociales. Más allá de compartir plenamente esa pronunciación, no me sorprendió la reaccionaria respuesta de los vendedores de combos. "Si Suso de Toro compara a los sionistas con los nazis, y dice que los sionistas hacen buenos a los nazis, la conclusión es que Suso de Toro es un nazi". Ahí está la cuestión. Cualquier pronunciamiento se trata como el eslabón de una cadena. Suso de Toro forma parte del equipo nazi por comparar a los genocidas judíos con los genocidas nazis. El buen hombre, porque lo es, pidió disculpas. No tenía por qué hacerlo. En este preciso momento es muy oportuna la comparación entre líderes racistas, llámense Hitler o Netanyahu, como lo es entre víctimas de un genocidio cometido por los nazis y otro sobre los palestinos. De casi nada conozco a Suso de Toro. Coincidí hace años con él en el camposanto de San Amaro de Pontevedra el Día da Galiza Mártir, que estábamos rindiendo homenaje a Alexandre Bóveda y nos saludamos, ya está. Pero a De Toro lo leo, y le aseguro a usted que no es un nazi, lo que sí parece es una buena persona que se niega a ser malinterpretada hasta el punto de ofrecer una disculpa que no merecían sus detractores. Que a estas alturas de la vida tengamos que explicar que Suso de Toro es tan distante de los nazis como de los sionistas, de verdad, es que no hemos entendido nada de nada y no tenemos perdón de Dios.

Esto no va a cesar. Ya ni nos dejan el espacio para pensar por nosotros. Nos dicen en qué equipo estamos y hay que actuar hasta con sigilo, no vaya a ser que usted defienda por ahí adelante que la tortilla de patatas es mejor sin cebolla y cuando se da cuenta es una traidora, porque en la OTAN la prefieren con cebolla y poco cuajada, razón por la que será usted aniquilada, y más ahora que la equidistancia se paga con pena de muerte social.

Ya no no somos lo que pensamos: somos lo que los demás opinan sobre lo que pensamos, y peor todavía, somos lo que los demás imaginan que pensamos. Y así, queridos y queridas amigas, es como nos polarizamos, cuando en un momento dado, en cuanto alguien expresa una idea, llega un bando que se erige como contrario y la expande como parte de un pack. Usted no puede rechazar los crímenes de Hamás sin alabar el genocidio que se comete a diario contra el pueblo palestino. Una cosa o la otra. No caben términos medios, ni interpretaciones, ni nada. Los sionistas son buenos por la sencilla razón de que los de Hamás no lo son. Y ya.

Por mi parte, no sé, haré lo posible por pensar lo que pienso, y lo que pienso es que se está aniquilando al pueblo palestino, y que eso, tal como va la cosa, convierte a los nazis en buenos en comparación con los genocidas sionistas. Quien quiera entenderlo que lo haga, y quien no que no lo haga, pero paso de que me metan preso en un combo ideológico.

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