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Una vela a Dios y otra al Diablo

Pedro Sánchez, Nadia Calviño y Yolanda Díaz. EFE
Pedro Sánchez, Nadia Calviño y Yolanda Díaz. EFE

España es ese lugar en el que unos celebran que han comprado a dos diputados y luego los otros celebran sacar adelante una reforma gracias a un rival que se equivocó al votar. La secuencia entre una y otra fiesta, que dura poco más de minuto y medio se puede ver en bucle por que es maravillosa. Cuando acabaron de votar y sin esperar los resultados, la bancada de la derecha ya celebraba el triunfo. Imagino que entre las huestes del PP y de Vox se había corrido la voz de que habían ganado porque se había negociado la traición de los dos de UPN, así que todos se abrazaban y aplaudían y se hacían selfies y descorchaban botellas y procreaban bebés.

La presidenta Meritxell Batet contribuía a la celebración al liarse con el resultado: "Sí, 166 más 9 votos emitidos telemáticamente; no, 169 más 5". O sea, 175 contra 174. Meritxell, que no se molesta en hacer la suma, duda, mira a su derecha y añade: "Por lo tanto, no queda…, queda derogado el real Decreto-ley". Nadie se molestó en hacer la suma, o sea que arreciaron de nuevo las celebraciones de la derecha, que conseguía, por una vez, tumbar una iniciativa del Gobierno de Sánchez. Solamente tres diputados del PP no bailaron ni procrearon: Pablo Casado, Cuca Gamarra y el que escupe huesos de aceitunas, pues ya sabían que su compañero Alberto Casero se había liado con el ordenador y había votado desde su casa lo que no debía, con lo que la compra de los diputados navarros era una operación, además de rastrera, fallida. Ana Pastor también lo sabía, pues minutos había intentado que la Mesa del Parlamento permitiera que entrara el tal Casero a cambiar su voto por otro diferente.

Mientras los del PP y Vox siguen procreando, Sánchez hace un gesto con las manos pidiendo tranquilidad a las dos ministras y vicepresidentas que tiene al lado, Nadia Calviño y Yolanda Díaz, que tampoco es que parezcan histéricas. En el caso de Yolanda Díaz, que maneja las cifras como nadie en todo el mundo, supongo que está esperando la rectificación de Meritxell Batet. Cuando ésta llega, son los del Gobierno y sus efímeros aliados los que descorchan cava y hacen bebés. Sánchez se une a las dos ministras en un saludo de felicitación y todos se acercan a Yolanda Díaz.

Bien, mucho hemos aprendido de ese minuto y medio. En primer lugar, que la geometría variable que pretendió poner en marcha Yolanda, buscando apoyos entre quienes nunca han apoyado al Gobierno, es inviable. Apoyarse en Ciudadanos y en los navarros no es buena idea, y menos ahora que los traidores serán expulsados de su partido y están en manos del PP. Luego, que el juego sucio, la compra de voluntades, es una realidad. Los dos diputados de la derechita navarra mintieron hasta el último segundo a su partido, a los medios y al resto de los partidos. Esas son las maniobras de Teodoro García Egea, las acciones de un político al que le dejan ejercer de fontanero sin enseñarle antes a coger una llave inglesa, que lo mismo una vez le sale bien y a la siguiente monta una inundación.

Hay dos bloques, a ver si nos enteramos. No es posible estar en los dos o entre uno y otro

Si Pedro Sánchez o Yolanda Díaz creían que se podía avanzar alcanzando pactos puntuales con unos u otros en función del asunto a tratar, a estas alturas ya habrán abandonado toda esperanza. Le salva el hecho de que sus verdaderos socios sí son gente de fiar y cumplen con su palabra, para lo que le conviene a Sánchez como para lo que no le conviene. Después del desplante de Sánchez y Yolanda, tienen sobradas razones para mandarlo todo a freír churros, pero saben que les conviene seguir apoyando a este Gobierno al menos durante los próximos meses.

Hay maneras de medir la lealtad en política. La más elemental es cuidar a quienes te mantienen vivo, que en este caso son los que votaron a favor en la moción de censura y luego te hicieron presidente otra vez. Quizá la que más ha aprendido en estos días es Yolanda Díaz. Negociar con traidores dejando de lado a tus socios naturales no puede funcionar, al menos en esta legislatura en la que las cuentas van tan ajustadas. Ese empeño en caer bien a todo el mundo y ser la mejor amiga de todos los demás acabó como acabó: ganando una reforma gracias al error de un rival. No creo que a nadie le guste ganar así. Si el buen hombre no se hubiera liado con la informática, la reforma laboral se desplomaba sobre su cabeza.

Hay dos bloques, a ver si nos enteramos. No es posible estar en los dos o entre uno y otro. Si no eres capaz de convencer a los tuyos, ¿cómo esperas que te apoyen los demás? Fue una pésima idea. Que tomen nota. No se puede poner una vela a Dios y otra al Diablo. O sí se puede, pero para qué.

Una vela a Dios y otra al Diablo
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