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Que vote la ancianidad

Gente paseando por Pontevedra. DP
Gente paseando por Pontevedra. DP

AHORA QUE Galiza ha entrado en fase tres y que a partir de mañana la Xunta recupera todas las competencias podemos empezar a hablar de otras cosas. También es verdad que difícilmente se puede hablar de algo sin mencionar al coronavirus. Nuestra realidad funciona regulada por vasos comunicantes que de momento empiezan y acaban en la pandemia.

Hace un par de días, Alfonso Rueda, vicepresidente de la Xunta y presidente del PP provincial en Pontevedra, publicaba un artículo en el que aseguraba que votar el 12 de julio era seguro. Yo estoy totalmente de acuerdo con su tesis y con la exposición de la misma. Si era seguro en la fase cero ir a un supermercado o a un estanco y en fases más avanzadas como las que vivimos ir a un comercio, a un bar o a un museo, y ahora hasta a una discoteca, malo será que votar sea un peligro. Es de suponer, además, que el 12-J se cumplirán con todo el rigor exigible las medidas de seguridad, que de hecho supongo que rozarán la exageración.

Entonces, ¿por qué Rueda cree conveniente escribir una columna para garantizar que será seguro ir a votar? Ni idea. Imagino que hay datos que vaticinan una mayor abstención que en pasadas elecciones y considera procedente contenerla. Y puede que porque la franja de edad de votantes más mayores es la que más miedo tiene a salir de casa, y en esos y esas votantes es donde el PP tiene tradicionalmente un mayor caladero de votos. Una clave, que yo soy mucho de inventarme claves, me la daba un amigo que tiene un restaurante. Fíjese usted de dónde saco yo las claves. Pues me dice que ahora que ha reabierto, la juventud no para de reservar mesas para comer o cenar, pero que los mayores, clientes de toda la vida, piden comida a domicilio o para recoger en el local, labor que encomiendan a sus yernos, a sus nueras o a sus nietos.

Me estuve fijando y es cierto que en la calle hay mucha menos gente mayor que antes de todo esto. Los muchachos como usted y yo no tenemos miedo, pero la gente de edad avanzada sí, es de suponer que eso se deba a que son quienes más muertos han aportado a este desastre. Por otra parte, los jóvenes somos más aventurados y nos jugamos la vida con más alegría, eso es así desde siempre. Cuantos más años tiene uno o una, más crece el miedo a la muerte. Morir por una causa es cosa de críos como usted o yo, pero ya me dirá de qué sirve que gobierne Feijóo si morimos votándolo.

También hay que decir que ese artículo de Alfonso Rueda puede ser un texto en el que se aplica la máxima de que no hay mejor defensa que un buen ataque. Ya antes de que se suspendiera la anterior convocatoria, prevista para el 31 de marzo, en los mentideros de la oposición se empezó a hablar de una estrategia: "Asustar a los viejos para que no vayan a votar". La idea era buena y sigue siéndolo, hablando de estrategia. El caso es que en este momento quizá no haga falta inducir a los mayores a abstenerse. Ya están en eso: no se les ve por las terrazas, ni paseando, ni de compras. Están confinados como desde que empezó la pandemia. Ahora lo que busca el PP no es que renuncien a la abstención, sino que pierdan el miedo a jugarse la vida. Imagino que de ahí viene el artículo de Alfonso Rueda, que de tener yo razón está más que justificado.

Salvo que en Galiza haya un repunte de contagios que nadie desea, o nadie debiera desear, ejercer el derecho al voto no supone mayor riesgo que freír un huevo o beberse un Nesquick, que es mucho mejor que el Colacao, dónde va a parar. Pero siendo ése el caso, más que convencer a nuestros mayores de que salgan un día concreto para votar, habría que invitarlos a perder el miedo a la vida y a la calle: que vayan al supermercado, que salgan de terraceo, que participen, como han hecho siempre, en la vida activa de pueblos y ciudades, que vean a sus nietos ahora que ya pueden; que hagan cada día lo que hacían antes. No se trata tanto de convencerlos de que pueden votar con seguridad como de que pueden hacer todo lo que pueden hacer siempre que guarden las medidas de seguridad que todos conocemos.

Es que me da pena comprobar que la gente mayor de edad hace como yo y sigue viviendo en fase de confinamiento. Tienen por delante toda una vida, y en ese porvenir se incluye elegir a sus gobernantes, sean del partido que sean. Que los elijan sin miedo y en libertad, que aunque la Constitución o el Estatuto de Autonomía digan otra cosa, para mí vale mucho más el voto de un o una octogenaria que el de un chavalillo como yo. Dicho todo lo anterior, tengan en cuenta al votar que lo deseable es una Galiza Ceibe. Poder Popular.

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