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Un colonizador gallego asesinado con toda justicia

Tenía nuestro amigo Cristóbal un futuro brillante: hablaba mil idiomas, había trabajado desde niño en las más influyentes cortes de Europa, era joven y bello. Nada podía salir mal, pero todo salió mal
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Érase que se era un caballero llamado Cristóbal de Soutomaior. Sí, ya sé que me estoy poniendo pelma con los hijos de Pedro Madruga, pero si ellos todos, o casi, tuvieron unas vidas fascinantes y unas muertes tan violentas no será culpa mía. Tampoco que sus historias, que una por una darían para docenas de ensayos, de novelas, de pelis o de documentales, se hayan visto eclipsadas por la potencia biográfi ca de su padre.

Cristóbal era el benjamín de los hermanos varones y legítimos de Pedro Álvarez de Soutomaior, conde de Caminha. Todos y cada uno de ellos tuvieron una educación exquisita y, a causa de ello, se auparon a posiciones que les costaron la vida. De Cristóbal se sabe que se educó en las cortes de Portugal primero y de Castilla luego, donde fue paje del príncipe Juan de Castilla (Juan de Trastámara en realidad, por mucho que se empeñen los mesetarios en ocultar este apellido gallego). El chaval, Juan de Trastámara murió prematuramente, así que el bueno de Cristóbal pasó en 1498 a estudiar a Londres mientras estaba al servicio del príncipe de Gales. Con 12 añitos ya había servido a tres coronas. Luego estudió en Salamanca, donde consiguió el título de Letrado y de ahí se largó a Flandes como diplomático de la Corte castellana, sirviendo como expedicionario en el viaje que Juana la Loca emprendió hacia las tierras de los Austria, donde encandiló a la corte de aquel remoto lugar, por lo que fue nombrado como secretario de Felipe el Hermoso.

Regresó a tierras castellanas cuando El Hermoso y La Loca se hicieron cargo de la corona castellana tras la muerte de la usurpadora Isabel la Católica. Tenía nuestro amigo Cristóbal un futuro brillante: hablaba mil idiomas, había trabajado desde niño en las más influyentes cortes de Europa, era joven y bello. Nada podía salir mal, pero todo salió mal: Felipe el Hermoso la palmó, dicen, por beber un vaso de agua fría tras una cacería para aliviar un golpe de calor; a su esposa Juana la encerraron en una torre y Fernando de Aragón, (de Trastámara también, que llevaba el mismo apellido gallego que su difunta esposa), suegro del Hermoso y padre de la Loca, decidió mandar a Cristóbal de Soutomaior al quinto carajo, específicamente a Puerto Rico. Es de suponer que al rey católico no le interesaban la formación, las habilidades ni la experiencia de Cristóbal: al contrario, todo ello le estorbaba. Así que lo mandó a Puerto Rico. Inicialmente, el benjamín de Pedro Madruga tenía la encomienda de gobernar y poblar la isla, pero una vez en su destino el Virrey Diego Colón, hijo del otro Colón, lo convirtió en subalterno de un tal Ponce de León, esto que acabo de escribir es una rima, pero le ofrecieron una solución al darle otro cargo de gran reputación, tome otra rima, que hoy me salen como rosquillas.

Una vez en su destino, las cosas se complicaron. El tío, nuestro Cristóbal de Soutomaior era un letrado, un diplomático, un políglota, pero lo metieron de conquistador, asunto sobre el que el buen chaval, que era un chaval, no tenía ni papa. Fundó una ciudad llamada Sotomayor, que duró cosa de quince minutos o quince semanas porque una plaga de mosquitos diezmó a los conquistadores de Castilla. Imagino que en ese momento nuestro vecino Cristóbal comprendió por qué los indígenas nunca habían fundado ahí una ciudad, pues por los mosquitos.

Luego, tras abandonar Sotomayor, que hoy nadie sabe dónde se emplazaba, fundó la ciudad de Távora, que todavía existe bajo el nombre original justamente recuperado: Guánica. Bueno, que se nos va el espacio y hay una historia que contar. Resulta que nuestro paisano Cristóbal de Soutomaior se enamoró de la hermana del cacique que gobernaba legítimamente el territorio hasta que llegaron Cristóbal y sus conquistadores a cambiar la vida de su pueblo. Y la hermana del cacique, Guanina, correspondió a ese amor.

Bueno, bueno, bueno, se lio la mundial. El hermano de Guanina montó una revolución y mató a nuestro brother Cristóbal, y de paso a toda su guarnición. Como usted puede imaginar, los castellanos cobraron su venganza y asesinaron a todos los rebeldes, pero de esa relación prohibida entre un conquistador y su amada, nació un churumbel que por su parte dejó una gran descendencia. Todos los Sotomayor o Soutomaior de Puerto Rico, que son legión, proceden del único hijo que nació de la unión entre nuestro caballero y su pareja Guanina.

El caso es que Cristóbal no fue educado ni formado para ser un conquistador ni un colonizador ni un genocida. Diseñado para la diplomacia, lo enviaron a un destino en el que la diplomacia era un estorbo, donde solamente se podía avanzar a base de fuerza bruta, asunto que el chaval desconocía por completo. De hecho murió por diplomático, porque cuando su cuñado se fue a por él, Cristóbal ejerció la diplomacia europea, cosa que los indígenas de Puerto Rico desconocían. Esto me recuerda cosas que estamos viviendo hoy mismo.

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