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El noble gallego que se hizo matar

En cosa de medio segundo, visto y no visto, Bayardo le metió a Alonso la espada por un ojo y se la hundió hasta la nuca

Ahí va la historia trágica de otro de los hijos de Pedro Madruga, Alonso de Soutomaior. Como sus hermanos, fue criado entre las cortes de Portugal y Castilla. Papi Madruga, conde de Caminha, bien por habilidad, bien por influencia, bien por lo que sea, fue, de entre todos los nobles gallegos, el que más fluctuó entre uno y otro reino, siempre con la mirada puesta en Galiza y casi siempre gozando del favor y del desfavor de los monarcas de uno y otro reino, permanentemente enfrentados en guerras en el último tercio del S. XV. La capacidad de papá para aliarse o enfrentarse con castellanos y portugueses y de posicionarse siempre con quien más favorablemente fuese a apoyar sus aspiraciones nacionalistas era casi exclusiva de su familia. Sí, es así. No fue ni de lejos el primer secesionista gallego, pero sí el más destacado y decidido de su época. Lo que ocurre es que como ahora tenemos que verlo todo con perspectiva, en el contexto de la época, a algunos les estalla la cabeza si les dice usted que Pedro Madruga era un secesionista de manual, lo aborde usted en su contexto (de él), o en su contexto (de usted).

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En fin, el caso es que los hijos del conde de Caminha fueron muy codiciados por los reinos europeos de la época. Alonso, de quien nos ocupamos hoy, fue capitán de las tropas castellanas en una guerra interminable entre Castilla y Francia. Eso ocurrió en 1503 en Nápoles, época en la que Francia por un lado y Castilla y Aragón por el otro (nótese que Castilla y Aragón eran dos reinos distintos y diferenciados), se disputaban la plaza. Nuestro Alonso estaba ahí bajo las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como El Gran Capitán.

Vamos allá. Durante una batallita no especialmente importante, nuestro hermano Alonso de Soutomaior fue apresado por el famoso caballero francés Pierre du Terrail, conocido como Bayardo por ser propietario del castillo de Bayard. El tío era un famoso batallador, héroe nacional en Francia. Tras negociar el rescate y ser este debidamente satisfecho, Alonso volvió al campamento del Gran Capitán todo rebotado y acusó a Bayardo de no haber respetado las normas de la caballería, en plan: "¡Mimá, bro, el Bayardo me trató tope fatal y no me dispensó los cuidados debidos entre caballeros!". Esa afirmación era gravísima en la época, pues aunque la Edad Media había acabado poco más de una década antes de esto, las reglas de la guerra no habían cambiado ni cambiaron en adelante, como estamos comprobando estos días.

Enterado Bayardo de las acusaciones de Alonso de Soutomaior, trató de resolver el tema por la vía diplomática, instando a Alonso a retractarse. El noble francés no quería jugarse la vida en una pelea contra un hijo de Pedro Madruga, pero Alonso mantuvo sus acusaciones. Entonces, a Bayardo no le quedó otro remedio que retar al gallego a un duelo a muerte. Cuando Alonso recibió la noticia, decidió que no, que tampoco quería esa pelea. Así se lo comunicó a Fernández de Cordoba: "¡Chorbo, casi paso de ese malvado francés que me aprisionó y ahora quiere matarme en un duelo por mentir sobre su comportamiento!". Pero el Gran Capitán lo obligó a luchar con estas palabras u otras: "Neno, has ofendido a un caballero; te ha dado la oportunidad de recular, pero te has montado un rollo tope valiente y has mantenido las acusaciones. Pues ahora vas al duelo, tronco, que las normas de la caballería son mogollón de chungas".

Así que se fijó fecha y lugar y ambos contendientes se presentaron todos guapos y siguiendo las estrictas normas de los duelos entre nobles, con una espada y una daga cada uno, con casco y cota de malla. Cuando sonó la campana, que imagino que no era una campana sino una señal marcada por los árbitros, que ya existían, nuestro Alonso levantó la visera de su casco. Bayardo, que era más chulo que Alonso, también se quitó la visera, dejando los dos caballeros desprotegidos sus rostros. No sé por qué lo hicieron, llevo media vida preguntándomelo.

En cosa de medio segundo, visto y no visto, Bayardo le metió a Alonso la espada por un ojo y se la hundió hasta la nuca, con resultado de muerte instantánea. Y así falleció de manera tan estúpida como prematura un caballero gallego que tenía un futuro esplendoroso. A mí este chaval, que era un chaval, me da pena. Pudo haber vencido en el duelo y entonces hoy estaríamos escribiendo otra cosa muy distinta, pero perdió. Él buscó la pelea, trató de rehuirla, y se levantó la visera sin ninguna necesidad. Bien pensado, si el papá estuviera presente nada de esto hubiese ocurrido, que era un hombre que sabía medir sus riesgos, no como el ingenuo del hijo, que murió por hacerse el gallito.

El duelo fue famoso y está recogido en docenas o centenares de crónicas. Busque y encontrará.

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