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Docampo, que no descubrió Cuba

Si busca usted a Sebastián Docampo por ahí, ha de escribir su apellido como De Ocampo, a pesar de que en su época tanto los cronistas, empezando por Bartolomé de las Casas, como la documentación referida a este señor lo escriben como debe ser, Docampo. Fíjese hasta que grado de histerismo ha llegado la historiografía que nos mandan de Madrid, que hasta cambian los apellidos de nuestra gente para que parezcan menos gallegos.

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Este señor no sé si es nuestro amigo. Según el día y la hora me cae mejor o peor. Era un hidalgo de Tui que viajó a América con Colón en su segundo viaje y al que se le atribuyen dos hallazgos importantes: el descubrimiento de Cuba y el del Golfo de México. Pues ni una cosa ni la otra. Hay un libro de un señor que se llama, lo juro por mi vida, Enrique Rajoy Feijóo, que trata de la vida de Docampo y lo hace descendiente de una familia compostelana, pero no me fío y le recomiendo que tampoco lo haga usted, no por los apellidos del autor, sino porque en esa obra, que se titula Ocampo versus Colón, cita en varias ocasiones un libro mío, así que imagínese usted la fiabilidad del bienintencionado escritor.

No descubrió Cuba, por más que se le atribuya el hecho. Para empezar, Cuba la descubrieron las primeras personas que la poblaron, y dicho esto, los primeros navegantes europeos ya la habían encontrado cuando Docampo apareció en escena. Lo que sí hizo fue descubrir que Cuba era una isla, lo que en su momento no fue tomado con mucha alegría, empeñados como estaban los conquistadores en encontrar tierra firme. El tío la cicunnavegó, que tampoco es poca cosa para la época. Decíamos que llegó con el exgallego Colón, eso fue en 1493, y lo hizo a la isla Española, hoy compartida por Haití y la República Dominicana. Por ahí anduvo hasta 1508, año en el que rodeó la principal isla de Cuba. En cuanto al Golfo de México, no hay manera de saberlo, pues no se sabe en qué año celebró el pretendido descubrimiento, por lo que es muy probable que en esos primeros años, que estaba aquello lleno de barcos, otro lo hubiera encontrado antes. Son esas cosas que se dicen aunque no se sepan.

Sí sabemos que ya en 1514, tras su etapa en la Española, arribó a Cuba, entonces llamada Fernandina. Menos mal que le quitaron ese nombre y recuperaron el original. Según una carta que el gobernador de la isla, Diego Velázquez, escribió a Juana la Loca, Docampo era un ser de luz que trataba muy bien a los indígenas y a sus caciques y que no consentía que se les maltratase ni se les quitase nada de "sus haciendas", cosa increíble si tenemos en cuenta que los territorios tomados se repartían entre los conquistadores, que recibían encomiendas que incluían, además del territorio, a todos sus pobladores, empezando por los caciques. Era ésa la manera de evitar revueltas, tomando a los líderes para que sus pueblos no se pusieran farrucos, cosa que fallaba a menudo, que la gente tiene su orgullo en todas partes y en ocasiones los aborígenes se alzaban y mataban con razón a los súbditos de la Corona española.

Lo que sí hizo fue descubrir que Cuba era una isla, lo que en su momento no fue tomado con mucha alegría

Allí debió hacer una pequeña fortuna, o grande, pues tras su época cubana se dedicó al comercio transatlántico, actividad para la que hacía falta mucho dinero y muchos contactos. Bueno, si llegó en 1493 y en 1514 andaba en Cuba esclavizando a los pobladores y explotando sus recursos, son más de 20 años, suficientes para labrarse una posición económica y social. Muchos no aguantaban tanto, a pesar de que sus opciones en Castilla como simples hidalgos no eran mucho mejores.

Pues ni descubrió Cuba ni seguramente el Golfo de México, pero se llevó la fama, motivo por el cuál, sin duda, los historiadores de la meseta optaron por castellanizar su apellido, no fuera a ser que este gallego que se había hecho un huequito en la Historia, fuera tomado por gallego. Llamándole De Ocampo suena como a apellido español y así queda mejor.

Bueno, se tiró casi un año rodeando Cuba, eso sí lo hizo, para volver con la desgraciada noticia de que, a pesar de ser una isla considerable, no era lo que buscaba, un continente. Curiosamente, ya se había tocado el continente años antes, lo hizo nuestro excompatriota Colón, pero no se sabía si era una isla, o sea que les salió todo al revés. Cuando buscaban un continente se encontraban una isla y cuando encontraban el continente lo tomaban por una isla. Muy mal. Para estas cosas los buenos eran los portugueses, que trabajaban por su cuenta, y los gallegos, que siempre estaban rodeados de gente que de navegación ni idea, las cosas como son. Bastante hacían que ya de aquella aguantaban la ineptitud castellana, como ahora mismo, que hay cosas que no cambian.

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