Blog | Galicia histérica

La doctrina De Cora: no te flageles

Jose de Cora
photo_camera Jose de Cora

BUF, LE VOY a contar una historia que me deja en un pésimo lugar. Un día, hace años, mi maestro José de Cora me exigió que dejara de flagelarme por un asunto del que yo era culpabilísimo. Yo, si De Cora me dice que me tire de un puente, me tiro de un puente sin dudar ni medio segundo, así que dejé de sentirme culpa ble. No sé, pero siempre que hago algo mal tiendo a aplicar lo que yo llamo Doctrina de José de Cora, que es la que me lleva a la inocencia sobre cualquier cosa que haga o diga. Es obvio que se trata del abuso de un buen consejo, abuso que a mí me viene de maravilla y a usted también si lo aplica de manera irracional como hago yo. "Que usted asesina a una monja y luego se la come con patatas?, pues nada, no se flagele.

Ocurre que mi maestro De Cora presentaba una novela en Pontevedra y me llamó como acompañante. Yo estaba en aquellos días sufriendo un edema pulmonar, cosa que desconocía. Uno de los síntomas de esa dolencia es que quien la sufre se duerme en cuanto tiene ocasión, cosa que yo hice de forma ostentosa mientras José de Cora hablaba de su obra, conmigo al lado roncando. Un par de días después, o tres, ingresé en el Hospital de Montecelo, cosa que hago desde entonces con cierta regularidad y siempre con buenos resultados.

La Doctrina De Cora está por definir y eso es culpa del proponente, con todo el cariño se lo decimos usted y yo. Si la dejamos en un simple "no te flageles", tal como la formuló, puede interpretarse como un "no te flageles bajo ninguna circunstancia". Yo, que fui el primer receptor de la Doctrina de Cora, orgullosamente lo digo, no quiero delimitarla, ni mucho menos difundirla reinterpretándola. Gustosamente sería yo el apóstol más leal de José de Cora, pero lamentablemente él no se presenta como un Mesías, cosa que no entiendo.

Dicho todo esto, le cuento una cosa que nada tiene que ver con lo antedicho pero que con suerte podemos utilizar para aplicar la Doctrina de Cora. Hace unos años, creo que bastantes, escribí la historia de un pintor de Flandes que en los primeros años del Renacimiento se instaló en Galiza, concretamente en Pontevedra. Curré durante semanas en el asunto. Se trataba de un artista holandés, un maestro de la escuela flamenca del siglo XVI que había sido contratado en Pontevedra para pintar cuadros y retablos para los altares y las capillas cristianas. Pues resulta que un buen día, como el tío era luterano, acuchilló un cuadro de la Virgen, no recuerdo si pintado por él o por otro. Fue juzgado y desterrado. Nunca jamás se supo de él. Me pareció una historia bestial y como tal la traté. La fuente, el libro en el que se cuenta la historia del pintor hereje, no consigo recuperarla. Eso lo sabe usted: se mete a buscar una cosa que le lleva a otra y esa a otra más y cuando se da cuenta está usted interesándose por una cuestión importantísima que nada tiene que ver con su curiosidad inicial.

Resulta que yo había contado aquello para buscar pistas sobre aquel artista fl amenco que había afincado en Pontevedra, había luego apuñalado a una imagen de la Virgen y tras cumplir una sentencia leve, había sido desterrado del reino de Galiza, allá por los siglos XVII o XVIII. Llevo una semana tratando de recuperar la historia, que me parece maravillosa, pero lo que resulta es que después de mucho currar me veo en la obligación de aplicar la Doctrina de Cora en su formulación más simple: "No te flageles". Ya no es que no encuentre las fuentes en las que me basé para escribir aquella historia en la que reivindicaba rabiosamente al pobre artista condenado justa o injustamente, cosa que queda al criterio de usted, por acuchillar a la Virgen. Lo que me hace culpable es mi incapacidad para recuperar mi propio texto en el que contaba la historia del artista flamenco. Cuando la escribí, puse su nombre, aproximé las fechas en las que fue culpado, situé la escena en Pontevedra, conté todo lo que encontré, exprimiendo un par de párrafos de una fuente que no sé recuperar.

A día de hoy todo eso no me aparece de nuevo. Las búsquedas se complican, las fuentes se multiplican, y eso es bueno: cada día se digitalizan y se publican miles de libros antiguos o modernos que se pueden consultar gratuitamente y eso es una maravilla, pero al mismo tiempo difi cultan las búsquedas hasta el punto en que hoy es casi imposible encontrar una fuente anteriormente consultada porque hay decenas de miles que se solapan en la búsqueda. Podemos hacer dos cosas: rendirnos o aplicar la doctrina de José de Cora: no te flageles. No me flagelo, pero si hay alguien es esta tierra que pueda recuperar el nombre de aquel pobre pintor flamenco lanzado al exilio por acuchillar a la Virgen en Pontevedra, acúdame, acúdanos, y dediquemos el redescubrimiento al maestro De Cora.

Comentarios