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Gonzalo Hispano, el gallego que sucedió a Francisco de Asís

En 1226 se murió para siempre Francisco de Asís, fundador de la Orden Franciscana, de la Orden de Santa Clara y de la Tercera Orden, que es la de los seglares y mi madre Marcela fue la ministra en Pontevedra, la boss. A su muerte (la de San Francisco, no la de mi madre) todo aquello que había montado el santo se quedó huérfano, como yo. Sus organizaciones habían crecido mucho y muy rápido y nadie tenía muy claro cómo organizar y estructurar las cosas. Sus sucesores, llamados ministros, fueron liderando las tres órdenes franciscanas siempre con gran oposición interna y externa. Para que se haga usted una idea, entre 1227 y 1304 pasaron 14 ministros. La mayoría de ellos duraban dos o tres años, o uno. Las principales cuestiones a debatir obedecían siempre a la misma pregunta: ¿Qué haría Francisco de Asís?

MARUXA
MARUXA

El 14º ministro fue Gonzalo Hispano, lucense. Desconocemos su nombre real, al menos usted y yo lo desconocemos, igual las otras personas sí se lo saben. Gonzalo Hispano, que yo creo que lo llamaban así porque todos sus antecesores habían sido italianos. Como sus antecesores, uno de los frentes que siempre tenía abiertos era cómo interpretar exactamente el voto de pobreza. Muchos interpretaban que podían ser pobres y millonarios a la vez, mientras que nuestro Gonzalo apostaba por la línea ortodoxa de que para ser pobres hay que ser pobres.

Bien, no vamos a profundizar más en la figura del personaje. Quede reseñado que un gallego de Lugo fue el máximo gobernante de la Orden Franciscana y el primero no italiano: y que su mandato fue muy largo para lo que era habitual: duró desde 1304 a 1313.

Dicho esto volvamos a su nombre, bien dicho, a su sobrenombre: Gonzalo Hispano. Eso llevó siglos después a una gran discusión sobre el origen de nuestro ministro, pues como es habitual, hubo serios intentos de robárnoslo. "Es verdad que los antiguos tomaban la palabra español como sinónimo de íbero", publicó José M. Pou en un artículo publicado en la Revista de estudios franciscanos publicada en Barcelona en 1911. El autor hace una semblanza de Gonzalo Hispano y lo primero que hace el buen hombre es despejar toda duda de su procedencia gallega. Cierto que a principios del S. XIV simplemente España no era otra cosa que un lugar geográfico bautizado por Roma: la Península Ibérica, para entendernos.

Pero como habían surgido con mucha posterioridad autores que afirmaban que siendo conocido como Hispano no podía ser en modo alguno gallego, nuestro admirado Pou pone los argumentos sobre la mesa: "Tenemos a nuestro favor la crónica llamada de los ‘Veinticuatro Generales’ obra notabilísima escrita en el siglo XIV probablemente en Aquitania, la cual en sus mejores códices designa a Gonzalo como El Gallego, y en los otros cinco que escriben gallicus seguramente se ha cambiado la e en i, debiéndose leer gallecus y no gallicus pues que no existe autoridad alguna que asegure haber nacido aquél en Francia. Mismo Marcos de Lisboa uno de los mejores cronistas que ha tenido la Orden y tan amante de las glorias de su patria, escribiendo en un tiempo en que Portugal no podía considerarse como parte integrante de España, llama a Fray Gonzalo natural de Galicia".

Ciertamente, el argumento de que apodándole en Italia como Hispano es tan válido como decir que un africano no puede ser de Marruecos porque le llaman El Africano y no El Marroquí, un argumento carente de todo peso, pero de todo ha valido siempre para despojar a Galiza de cualquier personaje que haya sido algo en esta vida, empezando por los falsos reyes asturianos y así con todo.

Y como haber dirigido en periodos de gran auge una de las órdenes religiosas más extendidas de Europa no era un cargo menor y menos atendiendo a la duración de su ministerio, hubo gente que se puso a negar que en modo alguno podía ser Gonzalo gallego, como si la vida le fuera en ello. Pues era gallego, sí, y vamos sobrados de documentos que así lo atestiguan, pero desde siempre tenemos los gallegos que ponernos a la defensiva. Cierto que, como en este caso, José M. Pou ni siquiera era gallego: era un amante de la verdad y del conocimiento, de ahí que dedique buena parte de su texto a refutar a todos aquellos que habían puesto en cuestión a Galiza como cuna de Gonzalo Hispano. A veces, no muchas, alguna buena persona sale en nuestra defensa, cosa que es de agradecer. Benditos sean el gallego Gonzalo Hispano u el catalán José M. Pou.

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