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Los hijos de Mil

Ya tenemos claro que Breogán fue el fundador de la cultura galaica, el constructor de la mal llamada torre de Hércules, pues el tal Hércules, una deidad de la mitología griega y luego romana, tiene tanto que ver con Galiza como una iguana de las Galápagos: nada.

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Bueno, Breogán tenía un hijo llamado Ith. Un buen día, Ith, que había visto las costas de Irlanda desde la torre de Breogán, navegó hasta allá en plan buen rollo, pero lo asesinaron, los muy irlandeses. Su cadáver vino de vuelta a Brigantia, actual ciudad de A Coruña, donde fue enterrado con honores. Pero Mil, sobrino de Ith y nieto de Breogán, decidió vengar la muerte de su tío y allá se fue a conquistar y poblar Irlanda. No logró sus objetivos. Murió en el intento sin llegar a ver la costa irlandesa.

No lo dice usted: lo dicen los irlandeses. Mil era conocido como Mil Espaine. No se me alebresten los mesetarios, en plan: "Ah, pues si lo llamaban Mil Espaine, que significa Mil España, es porque en aquellos tiempos remotos, Mil era un patriota español y por tanto España es un pueblo muy antiquísimo porque los irlandeses llamaban español a su conquistador y aserejé, ja, dejé, dejebe tu de jébere seibiunouva, majabi an de bugui an de güididípi". Pues no, señora. España, Espaine, Hispania o como quiera usted llamarla, no era por aquel entonces más que el nombre de un accidente geográfico al que hoy llamamos Península Ibérica gracias a que Portugal queda afortunadamente para los portugueses fuera de España. O sea que Mil Espaine no es Mil de España en el sentido político sino en el geográfico. No le dé usted más vueltas. Ni los historiadores españolistas, que son legión, se atreven a negar la nacionalidad gallega de Breogán, de Ith ni de Mil ni de su descendencia. Más bien prefieren no hablar de ellos.

Vale. Mil tenía ocho hijos e Ith nueve hermanos y todos ellos emprendieron el proyecto de sus ancestros y se fueron con sus ejércitos galaicos a refundar Irlanda, por no decir a fundarla directamente. Lo dicen ellos, los irlandeses, insista usted cuando algún cuñado le lleve la contraria. Aquel grupo, que a la fuerza tenía que ser numeroso, pues iban a pelear, a vengar muertes y a colonizar un territorio, fue denominado como milesianos, que es como hoy llamamos a los millennials, o como se llamen. En fin, una tercera generación de guerreros y guerreras, que mujeres como Scota tuvieron una participación determinante, pero de ella ya hemos hablado aquí y no toca otra vez. Ahora estamos con los milesios, también llamados Hijos de Mil, aunque como hemos adelantado no todos los líderes eran hijos de Mil. El resto, hermanos de Ith, eran tíos de los hijos de Mil. Esta historia tiene su rollo de telenovela venezolana, pero es así la vida, no me culpe por ello.

Bueno, los milesianos estaban comandados por un muchacho llamado Armegin, hijo de Mil, buen chaval, honesto, trabajador, inteligente y bien educado, o todo lo contrario, eso no se sabe ni se sabrá. El caso, eso sí se sabe o es lo que dicen los textos, era druida, poeta, juez y líder de los primeros pobladores gaélicos, pues los que había antes no eran gaélicos porque no venían de Galiza.

Cuando desembarcó en tierras irlandesas, Armegin Rodilla Blanca, que tal era su nombre completo, entonó una canción, o sea que también era cantante: "Yo soy el viento que sopla sobre las aguas; yo soy la ola del océano; yo soy el murmullo de las olas; yo soy el buey de los siete combates; yo soy el buitre en la montaña; yo soy una lágrima del sol". Estaba inspirado. Los lugareños debieron flipar. Imagínese, está usted tranquilamente pescando en la playa sin meterse con nadie, ve venir a un ejército en unos barcos, se baja un señor y se pone a cantar. Pues así fue.

No fue tan fácil como ponerse a cantar para conquistar la isla. Irlanda tenía tres reyes, que eran los que habían matado al tío Ith, así que habría de derrotarlos en el campo de batalla.

Los reyes exigieron que Armegin se embarcara de nuevo y sus barcos se retiraran nueve olas. Así se hizo y entonces los druidas rivales provocaron una terrible tormenta. Para romper el hechizo, como está usted imaginando, Armegin se puso a cantar su otro hit, La invocación de Irlanda. La tempestad desapareció, los milesios desembarcaron, se libró una feroz batalla y los tres reyes locales murieron honorosamente en combate y se convirtieron en hadas. Yo esta parte no sé si creérmela, pero, en fin, es una leyenda y por muy sólida que sea su base siempre hay que adornarlas.

A partir de entonces, los hijos de Mil reinaron en esa tierra y la poblaron enteramente, y eso no solamente lo dicen las leyendas irlandesas. Lo dice la arqueología, la antropología y las pruebas de ADN, a las que no podemos llevarles la contraria y que confirman lo que ya era sabido: que el pueblo irlandés desciende del gallego y por tanto somos naciones hermanas.

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