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El niño de Ribadeo en la cárcel

PERMÍTANME COMENZAR contándole una cosa personal. Hace como 3 años que no piso Ribadeo. Durante la pandemia no tenía mucho sentido y no tuve después ocasión. Afortunadamente tengo una manera de ir a Ribadeo que no requiere mi presencia, que es la de buscar historias sobre Ribadeo o sobre alguna persona ribadense. Lo que tengo yo con Ribadeo se lo debo a un buen amigo de ahí, Adrián, que un día nos dejó las llaves de su casa familiar y allí nos fuimos mi señora y yo. A los cinco segundos, no sé por qué, pues es algo inexplicable, yo era inmensamente feliz y lo seguí siendo hasta la vuelta. Me enamoró todo de Ribadeo. Así que si se encuentra aquí más historias sobre Ribadeo que sobre ninguna otra localización es porque ando de viaje por Ribadeo desde mi casa, entre libros que me llevan allí.

Ilustración para el blog de Rodrigo Cota. MX

En este caso la historia es triste. La encontré en ‘Los prisioneros de la Armada Invencible’, obra de Pedro Luis Chinchilla, que trata sobre lo que promete el título: los prisioneros que cayeron en manos inglesas tras la derrota española en 1588, cuando se demostró que aquella armada era perfectamente vencible. Entre ellos había numerosos gallegos, pero vamos a fijarnos en nuestro compatriota Diego Juárez de Armal, grumete natural de Ribadeo, uno de los 15 grumetes localizados por el investigador. El día en que lo apresaron tendría 15 años, aunque es probable que llevara ya un par de ellos más como miembro de la armada, pues solían entrar como pajes con 13 o 14.

La vida de estos niños era como la de los personajes de Master and Commander pero mucho peor. Un grumete estaba a las órdenes de cualquier miembro de la marinería y cobraba la tercera parte, pues se consideraba en etapa de aprendizaje. En 1590, dos años después de ser apresado, se le localiza en una lúgubre prisión inglesa. Eso no es bueno en absoluto para nuestro Diego Juárez: los ingleses iban soltando a los presos a medida que alguien pagaba su rescate, que no era barato. La Corona castellana no gastaba un céntimo en rescatar a un grumete. Si la familia conseguía la pasta, lo liberaban. Si no, a comer años de presidio. Hay casos documentados en los que tres personas o cinco tenían que juntar todos sus ahorros para liberar a un hermano o a un sobrino. Si este chaval ribadense seguía en prisión dos años después es porque nadie había logrado reunir la cantidad exigida.

Es todo cuanto sabemos de Diego Juárez de Armal: que era de Ribadeo, que tenía 15 años cuando fue apresado en 1588, que había ejercido como grumete y que estaba en una cárcel inglesa en 1590. No hay más rastro documental. Por eso me importan estas historias, porque no le interesan a nadie. Siempre quedan en una mención, con suerte con nota a pie de página y es natural. Si un historiador escribe un libro sobre los prisioneros de la Armada Invencible no va a centrar el estudio en un personaje que no es más que un nombre, un lugar de nacimiento, un oficio y una edad.

A mí me gusta rescatarlos a veces y rendirles un pequeño homenaje que nunca han tenido y que lo merecen tanto o más que un almirante, del que quedan rastros sobrados para montarles una biografía de 500 páginas. Es lo menos que se puede hacer por el chaval, y más siendo de Galiza y más de Ribadeo. Como no tenemos otra información, podemos imaginar que tuvo suerte, que alguien pagó al final por su libertad o que los ingleses lo echaron de la cárcel por no mantenerlo, si total no iban a ver un duro. Eso ya nos queda para la imaginación. Podemos construirle una vida razonablemente buena, todo lo buena que puede ser la vida de un niño que sufrió los horrores de una guerra y de una prisión de años en unas condiciones lamentables.

En el libro se nos cuenta cómo era el día a día de un grumete, cuáles eran sus funciones tanto en la batalla como en la travesía. Es un buen contexto para hacernos una idea sobre su trabajo, aunque para nada nos aproxima a la persona. No tenemos su testimonio y por mucho que queramos ficcionar sus sentimientos difícilmente nos aproximaremos a la realidad.

Pues con lo poco que sabemos de él, casi nada, un apunte en una lista, lo único que podemos hacer es desear que haya tenido suerte en la vida, que haya vuelto a Ribadeo con los suyos y que se haya convertido en un anciano que murió feliz. Claro que no sirve de nada desearle suerte a una persona que vivió en el S. XVI, pero lo hacemos igual. Es justo que a personas como Diego Juárez de Armal alguien, una vez, le dedique un pensamiento, que es lo que está usted haciendo en este momento y yo le quedo muy agradecido, eso ya lo sabe, querida señora.

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