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El obispo gallego que fue a Sevilla y perdió su silla

Primero hubo un arzobispo de Santiago de Compostela que se llamaba Alonso de Fonseca. Luego llegó su sobrino, que se llamaba igual y ocupó el mismo asiento. Para distinguirlos, uno era Fonseca el Viejo y el otro Fonseca el Joven, hasta que llegó otro Alonso de Fonseca, igualmente arzobispo compostelano e hijo del anterior, así que pasaron a llamarse Alonso I de Fonseca, Alonso II de Fonseca y Alonso III de Fonseca. Hoy nos ocupamos de los dos primeros, el tío y el sobrino, que dieron origen a uno de los refranes más populares de la lengua castellana, ese que dice que quien fue a Sevilla perdió su silla. Nadie duda de que estos dos personajes protagonizan el dicho, pero como hay quien lo discute todo en esta vida, hay desacuerdos entre estudiosos de los refranes. Unos dicen que el que perdió la silla fue Alonso I y otros que Alonso II. Mejor empezar desde el principio: tío y sobrinos eran parientes bien avenidos. Uno era arzobispo de Sevilla desde 1454 y el otro deán en la misma catedral.

Cuando en 1460 quedó libre la plaza del arzobispado de Santiago por muerte del ocupante, Alonso I, que tenía una enorme influencia sobre Enrique IV el Impotente, movió sus hilos para que le entregaran la mitra compostelana a su sobrino Alonso II. El Impotente accedió tras ofrecer alguna resistencia y estaban todos contentos Alonso I y Alonso II, cada uno haciéndose cargo de su propio arzobispado.

Todo bien hasta que Alonso II fue condenado por rebelión y condenado a dos años de cárcel. Esas cosas que ocurrían en la Galiza medieval, que los nobles y los obispos muy a menudo apoyaban causas perdidas. Para terminar de estropear las cosas, se montó un escándalo terrible al conocerse la noticia de que para obtener la libertad había intentado pagar un rescate a modo de fianza con dineros y joyas de la catedral compostelana. Entonces lo desterraron.

Bien, Alonso I, que era buen tío, al menos buen tío de su sobrino, encontró una triquiñuela tan hábil como simplona: que Alonso II se fuera de obispo a Sevilla mientras Alonso I lo sustituía en Compostela. Ahora es cuando algún mesetario le dice a usted: "Pero Alonso II no podía cumplir el destierro en Sevilla porque Sevilla está en España igual que Santiago de Compostela". Pues sí podía porque España no existía. Punto. Si lo desterraban del reino de Galicia podía cumplir su condena donde le diera la gana fuera de ese reino.

Ilustración. MARUXA EU

Así se hizo. Alonso I se quedó en Compostela lidiando con los Irmandiños y luego contra los nobles que se le echaron encima. Resueltas las cosas, se volvió a Sevilla para recuperar su silla, pero Alonso II estaba allí viviendo como un obispo y se negó a revertir el intercambio tal como se había pactado. Galiza, a pesar de que estaba más calmada, era un reino particularmente problemático, lleno de díscolos, de bandos, de traiciones y de parroquias. Mucho curro.

Furioso, Alonso I volvió a acudir a Enrique IV. Como el sobrino se negaba, el propio rey se fue a Sevilla con el ejército del duque de Medina Sidonia para sacar de su silla a Alonso II, que se volvió a Compostela de mala gana. Y ahí es donde empiezan las furibundas discusiones entre los amantes de los refranes. Unos dicen que originalmente el dicho rezaba: "Quien se fue de Sevilla perdió su silla", dando por sentado, ya que hablamos de sillas, que el dicho se refi ere a Alonso I, que se fue de Sevilla a Compostela y Alonso II le quitó la silla. Por su parte, los oponentes sostienen que el protagonista del refrán en Alonso II, que fue a Sevilla y perdió la silla cuando lo sacaron por las orejas y lo mandaron de vuelta.

Alonso II se fue de obispo a Sevilla mientras Alonso I lo sustituía en Compostela

Como no se conoce la fecha exacta, ni aproximada, en que la frase se popularizó, es imposible saber quién tiene razón. Yo, que en este asunto prefi ero ejercer de moderador, propongo una tercera vía. Que sea formulado el dicho como sea, puede referirse a cualquiera de los dos personajes: Alonso I fue a Sevilla y luego se fue de Sevilla y volvió. Alonso II se fue a Sevilla y luego se fue de Sevilla a Compostela. Es mi aportación a este gran dilema que viene ya durando demasiado, siglos, y en el que hay gente que se enfrasca con absoluta devoción, muy respetable, por cierto. Hay otros que hacen puzzles o se lanzan en paracaídas. Incluso alguien habrá que haga ambas cosas y también discuta sobre el origen y enunciado original de los refranes.

O sea que como ambos fueron a Sevilla, se fueron de Sevilla y los dos perdieron su silla qué mas da, si total jamás lo sabremos. Quedémonos con la duda o tomemos partido por Alonso I o Alonso II, que es como echar una moneda al aire.

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