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El reino de Cristo en la Tierra

Si con esto no conquisto el corazón del pueblo gallego, yo ya no sé. Le cuento: la semana pasada hablábamos usted y yo de la tesis que defiende que el apóstol Pablo predicó en Galiza, lo mismo que Santiago. Así que me vine arriba y busqué textos que situaran en Galiza al mismo Jesucristo. No los encontré, pero di con algo muchísimo mejor, sin discusión. Cristo no pisó Galiza, pero sí la eligió para establecer en ella uno de sus cuatro reinos, tantos como los extremos de la Santa Cruz, siempre que admitamos la santidad de dos trozos de madera como animal de compañía. Esto lo cuenta uno de mis autores favoritos, Pascasio de Seguín, un fraile que allá por el S. XVIII publicó su Historia general del reino de Galicia, un libro que mola mucho porque como todos los historiadores de la época, inventaba lo que no sabía, como yo. Lo encuentra usted en Internet y su consulta es gratuita.

Bien, resulta que Cristo tenía cuatro reinos que describimos de menor a mayor: uno adquirido al nacer como un humano renunciando temporalmente a su origen divino; el segundo, al morir; el tercero al resucitar y el cuarto y último, más bien primero por su importancia, al descender a los cielos recuperando así su carácter divino. Y ahora, siempre según nuestro colega Pascasio, que en partes de su obra es una fuente de toda fiabilidad, invertimos el orden de importancia y empezamos por el cuarto reino, que es el Paraíso, donde vive Jesús todo contento, como cualquier hijo de Dios. El segundo reino, el primero terrenal, es Galicia: luego viene Roma y por último Jerusalén.

Para más detalles, busque la obra y léala, pero por resumir, el topónimo Galicia es una derivación de Calicia, es decir, la tierra del Cáliz. A ver, que lo dice Pascasio, a mí me da un poco lo mismo. Los filólogos y todos los demás no comparten esta tesis, ni yo, ni espero que usted, pero lo que mola es la historieta. A eso se suma el hecho, ese sí demostrado, de que Galiza mantiene como escudo el Cáliz desde siempre, lo que le vale al fraile para sostener que eso significa que el primer reino de Cristo en la tierra es Galiza. Y para reforzar sus argumentos, Pascasio nos cuenta que ese reino fue otorgado por Cristo a su apóstol preferido, Santiago, mientras el bueno de Jesús agonizaba en la cruz. Resulta que en ese trágico momento, sus seguidores estaban preocupados por el futuro (de ellos, no de Jesús), y Santiago y su hermano Juan, apoyados por su mami, amiga del crucifi cado, le preguntaron qué sería de ellos y el Hijo les prometió que serían bien atendidos, otorgando a Santiago el más importante reino de Cristo en la tierra, el de Galiza.

Cuando Dios montó el Universo, decidió que Galiza sería la sede del más importante reino de Cristo y fue Santiago el encomendado para construirlo

Pero las cosas no son así de simples. Siempre, cuando llegamos a lo que parece el cénit de un relato, puede aparecer el prota y hacer un triple salto mortal. Resulta que todo estaba decidido de antemano, desde el principio, desde el mismo día en que Dios creó la Tierra y la vida. Ya estaba decidido que Galiza sería, tras el Edén, el reino más importante de Cristo, el del Cristo Sacramentado.

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El reino de Cristo en la Tierra. Mx

Como buen académico, que la mayoría de los frailes lo eran y lo siguen siendo los cuatro que quedan, Pascasio adorna su tesis con montones de citas bíblicas sacadas de contexto y docenas de referencias a obras de grandes teólogos del cristianismo primigenio. La cosa va así, que yo he currado mucho en estas dinámicas cuando era negro: monta usted una teoría y luego busca por ahí referencias que la respalden: haga la prueba, siempre las encontrará. ¿Que quiere usted defender que Juan Carlos I es en realidad una gaviota? Pues busca usted en la Biblia o donde sea cuatro frases sueltas que se presten a interpretaciones absurdas y ya tiene usted su teoría: "Y el gran príncipe, tras dar muerte a su hermano, fue recompensado con un largo y próspero reinado, pero finalmente pagó su culpa". Esta oración es una invención mía, pero el sistema es ese. Se crea una mentira y luego se fundamenta.

Así que cuando Dios montó el Universo, decidió que Galiza sería la sede del más importante reino de Cristo y fue Santiago el encomendado para construirlo. Bueno, la cosa no salió del todo mal. Aquí seguimos, en esta patria en la que Dios posó su mano para descansar tras crear el mundo, hundiendo en el mar las huellas de la mano en la que se apoyó para formar las rías galegas. Pues yo me lo creo, qué pasa. También me creo las pelis de Star Wars mientras las veo y luego se me pasa.

Y sobre todo, valoro a gente como Pascasio, un tío capaz de imaginar toda esta historia, escribirla y publicarla. Yo venero a toda aquella gente que escribió la Historia de Galiza, y admiro más a los que se la inventaban. Tengo mis razones, tras toda una vida tragándome las ocurrencias de la historiografía Española, en la que Galiza simplemente desaparece. Pascasio y otros como él eran nuestra primera línea defensiva ante todas esas ficciones que desde siempre nos llegan desde los relatos mesetarios: si unos inventaban el reino de Asturias, nosotros nos inventábamos el reino de Cristo en la tierra. Qué pasa.

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