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Santiago contra San Pablo: la guerra de los apóstoles en Galiza

Maruxa
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Vale con solamente leer el título de este texto, ya sabe usted quién ganó la batalla, el pequeño David de esta historia. San Pablo es uno de los más importantes, quizá el que más, de entre los seguidores de Jesús, al menos tras la muerte y resurrección del jefe. Parece que Cristo prefirió a Pedro, y ambos. Pedro y Pablo tenían celos del otro. Pablo fue el gran estratega, yo diría que el inventor de la liturgia y de la estructura jerárquica que sigue imperando en la Iglesia a día de hoy. Pedro fue el cristiano y Pablo el primer gran católico.

Todo esto viene a cuento de que hay una leyenda que sitúa en Galiza al apóstol Pablo que no tiene nada que envidiar a la de Santiago. Es tan antigua o más, tan falsa o menos, tan documentada o igual. Y tanto o igual ramificada. Hay numerosos autores que mantienen la presencia del apóstol Pablo en Galiza. Ni me voy a matar en dejar aquí referencias, pues a poco que busque usted como es debido, le saltan libros, sobre todo publicados entre los siglos XVI y XVIII en los que se sostiene esa teoría y se citan numerosas fuentes que sitúan a Pablo en Galiza, y entre esas fuentes hay papas, santos, obispos y cristianos de toda condición y nacionalidad.

Como siempre, cuando hay tanta fuente de Dios, hay divergencias, pues entre quienes sostienen que Pablo llegó a Galiza persiguiendo a un mago diabólico del que no se tienen noticias posteriores, hasta otras que afirman que Pablo llegó por mar a Tarragona y costeó toda la península hasta llegar al fin de la Tierra en Galiza, y luego otros, menos osados, que dicen que llegó como llegó, preguntando o sin querer, buscando el probable sepulcro de su compi Santiago que tardó siglos y siglos en aparecer.

Esa leyenda fue perdiendo fuerza. De no ser así la conocería el mundo entero. No tenía lo que tiene que tener todo gran relato: una reliquia o una localización. No había dónde levantar un templo para ensalzar un gran milagro, no había un símbolo de poder, para entendernos. La presencia de Pablo en Galiza responde a antiguas fuentes, siempre dudosas, y a una presunta tradición oral que por su propia naturaleza es indemostrable. No vamos a detallar los argumentos de los defensores de la presencia de Pablo, que no hay Lo que parece cierto es que entre el apóstol Santiago y el apóstol Pablo, uno de los dos no pisó tierra gallega, o ninguno de los dos espacio, pero búsquelos usted y los encontrará sin mayor esfuerzo. En mi opinión no superan a los de Santiago, aunque tampoco pretenden generar competencia entre apóstoles.

Pero como ambos apóstoles mantienen una presunta vivencia en Galiza, y ya que la comúnmente aceptada es la de Santiago, que es el que tiene una ciudad con catedral, es patrón de Galiza y de España -esto último es inexplicable- y nos trae millones de turistas, vamos a dar la vuelta al asunto, pues nos movemos en las tierras de la especulación.

Imagine usted que la presencia del apóstol Santiago no existió y sí la de San Pablo. Las noticias demostradas sobre uno y otro son tan endebles o consistentes como a usted le dé la gana. Imagine, que eso no cuesta dinero, que San Pablo, tras su encarcelamiento en Roma, predicó en Galiza. Quienes defienden el asunto dicen que circundó la Península Ibérica hasta llegar a fin del mundo, que todo el mundo sabía y sabe que está en Galiza. Sucede una cosa: San Pablo tiene una potencia evangélica descomunal. Pablo no era Tomás; Pablo era Pablo. Y a pesar de su importancia, el Pablo que se presentaba como evangelista en Galiza no tenía lo que un apóstol ha de tener si quiere ser el más destacado de entre los preferidos de Jesús. No sé, es una tesis. Pablo tenía unos discípulos, tantos como los tenían Santiago y todos los demás.

Lo que parece cierto es que entre el apóstol Santiago y el apóstol Pablo, uno de los dos no pisó tierra gallega, o ninguno de los dos. Yo creo que ni Santiago ni su brother Pablo lo hicieron, pero lo que me encantaría, y es la historia que propongo, es la de un o una gallega de bien escribiendo que aquí en Galiza no predicó ni Dios, o predicó todo Dios y que todo quedó igual, que es lo que mola. Yo, mientras tanto, a muerte con Santiago y que San Pablo se busque la vida, y que sus detractores me citen en un descampado donde gustosamente los despacharé a latigazos merecidamente. En cuanto al asunto que nos ocupa, yo voy con San Pablo a muerte, el apóstol más apóstol de los apóstoles del apostolado.

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