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Ansiedad

Llegó Lores a Hong Kong e inmediatamente los chinos mandaron sus coches a la chatarra y se pusieron a caminar. La visión de las primeras fotos que nos llegaron de ahí lo demuestra: Lores paseando por una calle que un minuto antes estaba repleta de automóviles y millones de chinos caminando tras él, adoptando felices nuestro modelo de ciudad, recorriendo Hong Kong en metrominuto y preparando sus millones para venir a Pontevedra a invertir.

Y el mismo día, Mosquera se fue a Roma con igual empeño. Imagino que Mosquera cuando viaja en avión tiene que sacar tres billetes. Uno para él y los otros dos para acomodar a su pipí gigante. El viaje era necesario, pues todo el mundo sabe que el tráfico en Roma es un caos. Mosquera, además de calmar el tráfico, habrá puesto algunos de esos semáforos que tenemos en Pontevedra, que tienen un botón para que el peatón crea que es él quien decide cuándo el semáforo cambia de color. La prensa local no lo cuenta porque está vendida al poder, que ya lo he dicho cien veces, pero la verdad es que esos botones no están conectados a ningún lado. Pulse usted o no pulse el botón, el semáforo cambia de color siempre con la misma frecuencia. La finalidad del botón es la de hacernos creer en la participación ciudadana. Pues no. Iba a dejar Mosquera que un ciudadano le dirija el tráfico.

El caso es que con Lores y Mosquera peatonalizando el mundo, me entró una angustia terrible, pensando en la situación de desgobierno y desamparo que se vivía en la ciudad. Entonces le pedí a mi señora un ansiolítico, para poder pasar estos días hasta que vuelvan nuestras deidades, pero ella se empeñó en que no, que lo que tenía yo era que me estaba dando un infarto. Resulta que hace unas semanas sufrió un infarto nuestro amigo Doval , del que está felizmente recuperado. «Si a Doval le dio un infarto, tú no vas a ser menos», me dijo. «Lo que tienes es un infarto», y se empeñó en llevarme a urgencias. Yo no quería, lógicamente. Yo solamente quería tomarme un ansiolítico. Entonces ella llamó a mi hermana Marcela y a nuestra hija María , que son sus cómplices habituales para cuando las cosas de obligarme a hacer tonterías innecesarias.

Haciendo causa común, y tras lanzar terribles amenazas, en plan «o vas a urgencias o te abandonamos», pues allá me fui al ambulatorio de A Parda , donde un señor muy amable me tomó la tensión y acto seguido me tumbó semidesnudo en una camilla y me depiló el pecho para ponerme unas pegatinas. Luego me llenó el cuerpo de cables y me hizo un electrocardiograma. Vino la médica y me dijo exactamente lo que yo ya sabía: que la ausencia de Lores y Mosquera me habían provocado una situación de ansiedad ingobernable, y me dio exactamente unos ansiolíticos que resultaron ser de la misma marca y modelo que los que me había negado mi señora tres horas antes. Me preguntó la facultativa si fumaba, le dije que sí y me contestó que moriría antes de los setenta. Supongo que se refería a mí, no a ella. Mi señora salió muy enfadada porque yo no estaba sufriendo un infarto, murmurando: «No vales ni para tener un infarto. Si aprendieras de Doval, tendrías un infarto».

Volviendo al asunto, con Lores en su viaje evangelizador por el mundo y Mosquera en la Deputación, cuando no calmando el tráfico en Roma, no tengo ni idea de en qué manos hemos estado. Nadie dirige nuestros destinos. La marcha de Mosquera y su pipí se nota. Él era el motor del gobierno, el ideólogo, el diseñador del modelo. Ahora el modelo se extiende por la provincia, por Europa , por Asia , mientras los pontevedreses, que somos los que los hemos puesto a gobernar el planeta, estamos al borde de la anarquía. ¿Dónde quedaron aquellas cien medidas que iban a aplicar en cuanto comenzara el mandato? En Hong Kong, sin duda, en Roma también, y en todos los municipios de la provincia salvo en el nuestro.

Es cierto que las elecciones fueron en mayo, la investidura bien entrado junio; luego llegó el verano, meses de fiestas e inactividad política por vacaciones, y que ahora estamos en precampaña, que todos los partidos dedican a contar hermosas historias de amor. De ahí nos iremos al parón navideño, pero tarde o temprano tendrán que dedicar algunos días a ocuparse de la ciudad, antes de que pasemos de la ansiedad al infarto.

Bien, no seré yo quien se apunte a la crítica a los premios, de los que como pontevedrés estoy orgulloso, ni quien reproche esos viajes que en definitiva van abriendo Pontevedra al mundo y que, no lo dudo, van teniendo retorno vía turismo y lo tendrán en inversiones, o eso esperamos. Para criticar eso ya están a los que les duele el modelo de ciudad: PP, PSOE, Marea y Ciudadanos (Ciudadana, más bien). Pero no estaría de más ver a Lores ejerciendo como alcalde más a menudo, ni se echaría de menos que Mosquera encuentre algún momento para que veamos que, aún como vicepresidente de la Deputación, sigue pasándose por el Concello. Es que hay gente en Pontevedra que empieza a preguntarse dónde están cuando no están por el mundo.

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