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De mujeres y columnas

Hace tres o cuatro días se conoció un dato estremecedor. Apenas un 18% de las columnas de opinión de la prensa española están escritas por mujeres. Curiosamente, el día anterior habíamos mantenido una discusión sobre ese mismo tema en una red social. Se anunciaba un acto que se celebró ayer, organizado por una palataforma de coworking al que yo llegué preguntándome qué sería el coworking. Bien, pues un par de mujeres, periodistas ambas, se quejaban de eso, de que hay pocas mujeres firmando opinión. Según dijeron, no se quejaban de ese acto en concreto, aunque lo cierto es que los comentarios se hacían a raíz de él, por lo que me sentí aludido aunque al parecer no lo estaba. Lo cierto es que a los tres intervinientes de lo que se nos acusaba era de ser hombres que escriben columnas y de participar en un acto en que no había mujeres, lo cual era del todo inexacto, pues mujer y periodista era la presentadora, Belén López, mujer la organizadora y mujeres más de la mitad de quienes nos invitaban.

Un amigo propuso que me cortaran los testículos para ser colgados en la Porta de Trabancas. Yo, transportado a la era medieval, sugerí que mejor lugar eran las Torres Arzobispales, donde Tareixa de Távora defendió la ciudad contra las tropas de Fonseca en lugar de ponerse a choromicar. Ése comentario sentó muy mal. Ahora que lo veo en perspectiva, pude haberlo previsto y ahorrármelo, pero no era un ejemplo elegido al azar en el fragor de la discusión. Les cuento: Teresa de Távora (o Tábora, que de ambas formas aparece en la documentación), era condesa de Caminha. Durante una ausencia del marido, que si no recuerdo mal estaba secuestrado por el conde de Benavente, Tareixa se encargó del gobierno y de la defensa de Pontevedra durante algo más de un año y dirigió a las tropas locales como una bestia ante los embates del arzobispo Fonseca. Podía no haberlo hecho. Diría más. Diría que en aquellos tiempos lo más que podía gobernar una condesa era la cocina del castillo, si el marido la dejaba. En toda la Edad Media, que en Galicia fue especialmente movida, no hay más de dos o tres mujeres que destaquen por haber asumido roles que tenían vetados. La propia Tareixa de Távora, la condesa de Santa Marta y poco más. La documentación y las fuentes citan a miles de hombres que lo protagonizaban todo, siglo tras siglo. No era fácil que nadie respetase la autoridad de una mujer, por muy condesa que fuera y muy pocas, por no decir casi ninguna, estuvo dispuesta a intentarlo. Hablamos de mil cuatrocientos y pico, una época en la que la mayoría de los hombres no tenían derecho a casi nada y las mujeres a nada de nada, y en la que a la menor excusa te cortaban las manos o te desollaban vivo, cosas que sucedían con frecuencia entre los propios miembros de la alta nobleza. A la nuera de Tareixa la mató su nieto (el de Tareixa, no el de la nuera. De la nuera era hijo). Pedro el Parricida, que con ese sobrenombre pasó a la historia el muchacho, se dirigió a mami a ballestazo limpio tras tenderle una emboscada. Ella se refugió malherida en la casa de un cura y el chaval entró con unos colegas, la remató, le reventó el cráneo y esparció sus sesos por toda la habitación. Lo hizo porque su madre, como su abuela, quería mandar más de lo que le correspondía. La otra señora aquí citada, la condesa de Santa Marta, también murió asesinada por el mismo motivo. Así que ya me dirá usted si era fácil para una mujer meterse en asuntos de hombres. A eso me refería cuando mencionaba a Tareixa de Távora como ejemplo. Una mujer que pasó a la acción y que no se fue a una taberna a quejarse mientras las tropas de Fonseca reventaban la muralla de la ciudad.

Volviendo al tema. Un 18% de mujeres es una cifra simplemente insultante, no sólo hacia las mujeres, sino a los lectores y lectoras de cualquier periódico. Todos los directores de periódicos y los delegados a los que conozco en persona (siempre hombres, que todo hay que decirlo), estarían encantados de incorporar a más mujeres, porque son conscientes del problema y porque no son tontos. Pero resulta que en este periódico, de siete contraportadas que tiene una semana, tres están escritas por mujeres. Podrían ser cuatro o cinco, lo sé, pero si no me falla el cálculo, que todo puede ser, son algo más del 18%. Y sigo. De las tres últimas incorporaciones, dos han sido mujeres. Mujeres, además, comprometidas con las causas feministas. Una de ellas, María Varela, que escribe mejor que el mismísimo Dios, y la otra Diana López, que es referencia estatal de las causas feministas. El otro es Rafa Cabeleira. Nadie discutirá sus credenciales, cuando es una firma estrella en la prensa madrileña. Imagino que la empresa editora, presidida por una mujer, no ha puesto traba alguna. Supongo que si nosotros rozamos el 50%, será que bajamos la media de los demás.

Pues eso: que si se juntan tres hombres en un acto, aparecerán cuatro mujeres hablando de machismo, y harán bien, aunque prefieran hacerlo en Facebook en lugar de escribir una columna.

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