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El eclipse

VIENE RAJOY hoy a Pontevedra al congreso provincial del PP. Tiene todo el derecho del mundo, como cualquiera, de ir a donde le dé la gana. Faltaría más. Otra cosa es que el día elegido sea el más oportuno. Dadas las circunstancias, la presencia de Rajoy tendrá una gran cobertura mediática que eclipsará al propio congreso y a su protagonista, Alfonso Rueda. Tras la marcha de Louzán, tras la pérdida de la Diputación, tras el desplome en las grandes ciudades, todo el partido tiene sus esperanzas puestas en Rueda y esa era la noticia hasta el anuncio de la llegada de Rajoy, que podría elegir cualquier otro día del calendario para demostrar que una declaración de persona non grata carece de aplicación. Tampoco parece una gran idea aparecer en el congreso de Rueda y en presencia de Feijóo, que tienen las autonómicas a la vuelta de la esquina y llevan años marcando distancias con el PP estatal. Puede que Rajoy quiera mezclar la precampaña española con la gallega. Eso beneficia a Rajoy en la misma medida que perjudica a Feijóo. Si yo fuera Feijóo declararía a Rajoy persona non grata hasta después de las autonómicas.

Rueda se presenta ante los suyos, que ven en él a la persona que les devolverá las ganas de vivir, que andan todos sin saber a dónde van, como pollos sin cabeza. En Pontevedra la sorpresa será Gerardo Pérez Puga, cuya figura viene cobrando protagonismo en los últimos tiempos. Es sintomático que ninguno de los concejales del PP de Moreira esté entre los elegidos por Rueda, como sí lo han sido Ángel Moldes, de Poio o Jorge Cubela, alcalde de Cotobade. Un toque de atención a un equipo que no acaba de despegar casi un año después de las elecciones. El mensaje que se transmite es nítido: “Esto no funciona”.

Una de las primeras tareas de Rueda debería ser Telmo Martín (q.e.p.d.), que lo tienen al pobrecillo con una mano delante y otra detrás, pretendiendo malvivir de una pensión. Luego pasará lo que pasará: que ante el escándalo que se ha montado ha tenido que dar marcha atrás y acabará en la calle tocando la flauta, o peor, atracando estancos con Ana Mato, otra pensionista pobre, que si uno no tiene ni para patatas la desesperación puede llevarlo por caminos insospechados. Ese hombre necesita que le echen una mano, que la otra noche me pareció ver a Telmo durmiendo en un cajero. Telmo Martín es el primer caso documentado de alguien que se arruina en política. El hombre entró como el diputado más rico de España, declarando una fortuna de más de 20 millones y ahora, cuatro años después, anda por ahí arrastrándose como un personaje de Dickens, abocado a la miseria y a la mendicidad, vestido con harapos, esperando la llegada de la primavera para combatir el frío vistiéndose con los rayos del sol. Eso es especialmente doloroso para un líder de Sanxenxo. Tener que soportar a los ricos paseándose en deportivos mientras tú no tienes ni para pagarte un blablacar; verlos cenando en un buen restaurante mientras devoras un bocadillo de mortadela abandonado en la playa.

Aparte de lo del pobre Telmo, que ya es cuestión de caridad cristiana por aquello de alimentar al hambriento, y pase lo que pase en las Madrid o en las autonómicas, Rueda tiene por delante un trabajo complicado: tiene tres años, los que van de aquí a las próximas municipales, para devolver la autoestima a un partido deprimido y desorientado; renovar caras, permitir que afloren nuevos liderazgos, recuperar lo perdido en la provincia. Por todo ello es de lamentar que el primer discurso de Alfonso Rueda como presidente provincial vaya a ser silenciado por la presencia de Rajoy. Convertir un congreso vital para el partido en un acto de desagravio a Rajoy es un error. Se hablará de Rajoy, de Ence, de las negociaciones de Madrid, de si hay o no hay nuevas generales, de los casos de corrupción en Valencia o en Génova. De todo menos del proyecto que Rueda viene a lanzar.

Ni siquiera es bueno para Rajoy, que a fin de cuentas viene a Pontevedra a lo que ha venido siempre: a actos de partido y a hacer su campaña, lo que tampoco ayudará a cambiar la idea de que a Rajoy no le interesa demasiado su ciudad más allá de los asuntos que le convienen. Ni ayuda a Rueda, ni ayuda a Feijóo ni se ayuda a sí mismo ni a su partido en Pontevedra. Ése es el problema. Deja a un santo desnudo en Madrid para venir a Galicia a desvestir a otro. Por lo que se escucha por aquí, nadie está especialmente entusiasmado con la visita de Rajoy, pero no se le puede decir. Será aplaudido, será coreado y será llevado en volandas, pues a fin de cuentas estará entre los suyos. Luego será amablemente despedido con la secreta esperanza de que no vuelva en una larga temporada.

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