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El máster

Cifuentes ofrece explicaciones sobre su máster en la Asamblea. ZIPI
Cifuentes ofrece explicaciones sobre su máster en la Asamblea. ZIPI

EL DÍA que Cristina Cifuentes llegó a explicar lo de su máster en la asamblea de Madrid se habían publicado las suficientes informaciones contrastadas como para tener la certeza de que ese máster no existía. Sin embargo, la bancada del PP aplaudía a Cifuentes como en su día se aplaudía un combate entre Frazier y Alí. No la aplaudían por demostrar que había hecho un máster; la aplaudían por demostrar que no lo había hecho, pero demostrarlo a lo grande. a eso hemos llegado. Vale más la dialéctica que la verdad. Sus ataques a los portavoces de la oposición mientras enseñaba papeles falsos eran duros, vehementes, irónicos. No dijo una sola verdad, pero eso era lo de menos. Y eso es lo que aplaudían a rabiar sus compañeros, perfectamente conscientes de lo que allí estaba en juego, aparte del cargo y el prestigio de la propia Cifuentes: el gobierno de una comunidad, la honradez de un rector, la dignidad del director del máster y de todos los profesores que intervinieron en él, de la funcionaria que cambió las notas, todos los que fueron obligados a mentir, por las buenas o por las malas, los que tuvieron que fabricar documentos en cosa de minutos, los que falsificaron firmas. Toda esa gente, al menos una docena de personas están hoy metidas en un enorme lío sólo porque Cristina Cifuentes pidió o aceptó que le regalaran un máster.

La señora tenía un capricho. quería un máster, como Michael Jackson, otro caprichoso, quería una jirafa. Ella sabe que toda España sabe que miente, pero eso no es un problema para Cifuentes. Exhibe una sonrisa cincelada en granito y dice: "Yo tengo estos papeles que me han dado en la universidad. Si son falsos, pregunten en la universidad". Y mientras dice eso, añade que sí, que hizo el máster y que la prueba son esos mismos papeles falsos que exhibe mientras acusa a todos los demás de desprestigiar  a la universidad. Hemos visto mentir a montones de políticos: Felipe, Guerra, Roldán, Camps, Rato, Barberá. Añada usted los nombres que quiera a la lista, que será interminable, pero un caso como éste no lo había visto yo en mi vida. que se monte un entramado de tal magnitud para crear la Gürtel, la Eta o los clanes de Fariña, tiene sentido, pero que pongan a una docena de personas a cometer delitos para darle un máster a una señora, es de locos. Con cuatro más independizan Catalunya.

La política se vuelve cada día más loca. el otro día, en Compostela, un grupo de jóvenes vándalos hacía algo muy propio de su edad: reventar retrovisores de los coches aparcados en la rúa Pitelos. Hasta ahí, todo normal. Cuando llega la policía ¿qué es lo que hay que hacer en estos casos? echar a correr, dirá usted cargada de razón. Pero no. entre los jóvenes salió una, Paula Quinteiro, quien enseñó su acta de diputada autonómica y dijo algo así como "Vostedes non saben con quen están a falar".

¿Para qué quería el máster? Para decir que lo tenía, para presumir de él 

Es la cultura de la titulitis y la culpa es de Marhuenda. Cada vez que Marhuenda quiere ensalzar a alguien, lo dice: "Oiga usted, que este señor del que usted habla con tan poca veneración es doctor en tal cosa o catedrático de no sé qué. un respeto". El mensaje fue calando, calando, y mientras yo meto aquí dos gerundios hay cientos de españoles que están dispuestos a lo que sea para hacerse con un máster o un acta de diputado, simplemente para tener algo que enseñar en una cena de cuñados.

¿Para qué otra cosa quiere Cifuentes un máster? Si es para formarse, lo lógico es que se moleste en matricularse a tiempo, acudir a las clases y a los exámenes, escribir el trabajo de fin de máster o encargárselo a alguien y estudiarlo para hacer una defensa digna. Incluso cuando le regalaron el máster ya era delegada del Gobierno en Madrid, había ocupado un montón de cargos y su futuro parecía despejado, como así fue, hasta el punto de acabar presidiendo la comunidad de Madrid. ¿Alguien ha visto a un expresidente de una comunidad pasando hambre? Siempre hay una puerta giratoria, un par de libros o unas cuantas conferencias para vivir holgadamente. ¿Para qué quería el máster? Para decir que lo tenía, para presumir de él, para poder decir: "Mira lo que tengo".

Hay otra constante en estos casos: la reiteración en la mentira, el aferrarse al cargo, el negarlo todo. lo hizo el ministro Soria, por ejemplo. Mientras desmienten algo salen otras cuatro noticias que confirman la patraña. la mentira va engordando y finalmente tienen que irse con su sonrisa de granito presumiendo de no haber mentido en su vida.

Yo lo lamento por quien de verdad sufre estos casos: los hijos, si es que los tiene, o los padres, que ven a su ser querido adentrándose en un pantano de mentiras del que no podrá salir vivo. Todo ese orgullo de ser padre o hija de señor o señora importante y verla arrastrándose públicamente en el fango por hacer trampas.

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