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Es lo que hay

LAS COSAS se dialogaban, se negociaban. La meta era alcanzar acuerdos sobre cualquier asunto que interesase a dos o más partes. Así era en otros tiempos, hasta el otro día, casi. Todo ha cambiado tanto en tan poco que desde hoy, como quien dice, hemos abandonado el diálogo por el "es lo que hay". "Voy a construir un muro para que no puedas entrar en mi país y lo vas a pagar tú. Es lo que hay". "Vas a pagar tanto por la factura eléctrica. Es lo que hay". Nos hemos amansado de tal manera que aceptamos con naturalidad pasmosa las imposiciones. Sucede en todos los ámbitos de la vida. En la política, los socialistas o los de Podemos se enfrentan entre hermanos bajo el argumento de que el modelo que propone cada uno es el mejor y eso es lo que hay.

Los catalanes no pueden hacer un referéndum porque es lo que hay, pero ellos dicen que lo harán en cualquier caso porque es lo que hay. Los yihadistas matan a miles de gentes porque es lo que hay y todos bombardeamos Siria porque es lo que hay. Israel construirá miles de casas en Palestina. Es lo que hay. En el escenario internacional veremos muchas cosas terribles que serán así sencillamente porque será lo que habrá. Ya no es necesario hablar de nada, esperar una respuesta o valorar una alternativa. Se hace un anuncio y se dice que eso es lo que hay. Con eso basta.


Vivimos una de las mayores involuciones sociales y políticas que se han visto desde la Edad Media y somos perfectamente conscientes de ello


El "es lo que hay" se vuelve doblemente pernicioso cuando viene acompañado de un "lo tomas o lo dejas". "Te ofrezco un contrato de cuatro horas, que son las que cobrarás, pero trabajarás ocho. Es lo que hay. Lo tomas o lo dejas". Pues lo tomas o lo dejas. Yo rechacé recientemente dos trabajos que no me venían nada mal. En uno se me advirtió que si tenía intención de ponerme enfermo debía avisar con una anticipación de al menos dos días para que el jefe pudiera organizarse. Es lo que hay, me dijo. Lo tomas o lo dejas. Pues lo dejo. En el otro caso, se me propuso escribir y dirigir un producto audiovisual de ficción, pero cobrando únicamente como guionista, pues no hay dinero para pagar a un director, o más bien sí lo hay pero el productor prefiere ahorrárselo. ¿Cómo lo argumentó el productor? Pues como usted está imaginando. Es lo que hay. Lo tomas o lo dejas. Textualmente. Pues también lo dejo, por mucho que me apetezca hacer ese trabajo. Pero como tengo que comer, a menudo acepto trabajos en condiciones iguales o peores. Estoy ahora mismo en dos o tres. La dignidad no vale dinero. Cuesta dinero. Eso lo sabe usted porque, o lo vive en persona, o conoce a más de tres o cuatro que lo sufren.

La crispación no ha desaparecido de nuestras vidas, pero ha dejado de tener efecto alguno. Quien tiene la sartén por el mango, sea el presidente de los Estados Unidos o la presidenta de la comunidad de vecinos, se abona rápidamente a la cultura del es lo que hay. Son esos cambios sociales que se producen de manera repentina. Inesperadamente, sin que nadie pueda explicar por qué. Tampoco nadie puede explicar los motivos por los que agachamos la cabeza y aceptamos sin más que lo que hay es lo que hay, como si lleváramos a la espalda un pecado original. Nuestros antepasados montaban una revolución cada vez que se hartaban del "es lo que hay". El "es lo que hay" va y viene por la Historia como Gibraltar, pero en esta ocasión parece que viene para quedarse. Se montan manifestaciones contra Trump, pero no sirven para nada porque a Trump le gustan. Todos los que tienen la capacidad de decidir algo toman ejemplo de Trump y se abonan al argumento de que es lo que hay. Y si a alguien le parece mal, que proteste, que total las protestas ahora ya sólo sirven para que el protestante pierda el tiempo y se desahogue.

Vivimos una de las mayores involuciones sociales y políticas que se han visto desde la Edad Media y somos perfectamente conscientes de ello, pero aceptamos que es lo que hay. Cuando todos aceptamos que lo que hay es lo que hay, incluso votamos a la gente que anuncia a gritos que actuará bajo el sistema del "es lo que hay", nos convertimos a la vez en cómplices y en víctimas. Aceptamos las imposiciones con resignación, como un castigo divino. Nos quejamos porque no nos gusta, pero somos incapaces de tomar la Bastilla. Nos hemos convertidos en seres que asumen con entereza las coacciones, aunque sepamos perfectamente que son injustas e innecesarias. Recomendamos a un amigo que acepte un trabajo indigno, y le decimos que es lo que hay. Lo que no hacemos es rebelarnos con él porque a fin de cuentas sólo servirá para que se quede sin el trabajo. Tal como vamos, tendrán que ser nuestros nietos los que se nieguen a vivir en un mundo tan estúpido, porque las generaciones que lo poblamos hoy tenemos horchata en las venas y sólo montamos una revolución cuando un árbitro nos pita un penalti que no es.

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