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La infantería

YA ESTÁ. Feijóo ha anunciado que vuelve a presentarse. Ya podemos hablar de otra cosa. De quiénes serán los demás candidatos, por ejemplo. De momento nadie tiene a nadie. Alguno debería ir amenazando con presentarse, sobre todo en el PSdeG. A los socialistas les pasará como a un columnista que conocí, que se pasó años amenazando con dejar de publicar y cuando lo hizo nadie se dio cuenta porque el hombre lo que no tenía eran lectores, tal como los socialistas gallegos se van quedando sin socialistas, que es lo peor que le puede pasar a un partido socialista.

El otro día me decía un amigo que sabe de estas cosas que los socialistas no tienen infantería. Él se refería a Pontevedra, aunque la afirmación perfectamente puede aplicarse a todo el país con alguna excepción, como Vigo. Decía que hasta hace unos nueve años uno iba por la calle y había socialistas; y que en campaña electoral, o en un periodo preelectoral como el de ahora, había por todas partes socialistas pidiendo el voto. Es a lo que mi amigo llama la infantería de la política, los militantes o simpatizantes que se movilizan y movilizan a los demás. Uno bajaba a tomarse una caña o a comprar pan y nunca faltaba un socialista dispuesto a pronunciar un micromitin. Ahora ya no. Yo salí ayer. Estrenaba unos pantalones de tela vaquera ajustada que realzan espectacularmente el contorno de mis piernas, y no encontré a ningún socialista al que mostrárselos. En Pontevedra por tener ya ni tenemos Xuventudes Socialistas, quizá porque se hicieron mayores. En su muro de Facebook su última entrada es de mayo de 2013. Hace unos meses quise entrevistar a su líder o a un portavoz y me dijeron que no existía ni una persona ni la otra porque la organización juvenil estaba cerrada. En eso nos hemos convertido: en una ciudad sin socialistas.

Del PP hay algunos más. Sus siete concejales, por ejemplo, pero van juntos a todas partes. No se ha visto cosa igual en ningún momento ni en ningún otro lugar. Nunca entenderé por qué lo hacen. Carece de sentido. En lugar de tener a siete concejales en siete lugares, se juntan y allá van todos. O sea, que los siete hacen el trabajo de uno. Que hay un bache en una parroquia, allá van los siete concejales a ver el bache y a hablar con los vecinos; que a uno le apetece una hamburguesa, allá se van los siete a comer hamburguesas. Uno se pregunta si están buscando a Blancanieves. Alguien, probablemente Alfonso Rueda, tendrá que explicarles un día que siete concejales son más útiles si hacen siete cosas distintas y no sólo una y todos juntos, pues de los siete siempre sobran seis.

Y esa imagen de los concejales del PP llegando a Tomeza o a Marcón en dos o tres coches tiene algo de inquietante e intimidatorio. Estar uno en una taberna tomando tranquilamente un vino y ver aparecer de pronto todos esos coches y bajar toda esa gente, eso da miedo. Una comitiva como esa no la lleva ni Ana Pastor. Deberían dejar de hacer eso o comprarse una furgoneta. Así no se conocen los intersticios de la ciudad. Esa palabra me la enseñó Ramón Rozas. Por otra parte, es difícil saber para qué sirve cada uno de los siete y cuál es su función. Y aún por encima, eso les resta presencia mediática por dos motivos: uno, que yendo siempre juntos no pueden generar más que un artículo; y el otro, que como además se empeñan en meterse los siete en todas las fotos, salen tan pequeños que ni se les reconoce. Siempre salen en esas fotos más concejales que vecinos.

A los nacionalistas se les ve más por la calle, pero eso es un fenómeno que en Pontevedra se da cada cuatro años, cuando hay elecciones municipales y es cuando aparece la infantería. Al menos los concejales se reparten el trabajo y no es habitual ver a más de dos juntos. Pero luego sus votantes abandonan el nacionalismo hasta que toca volver a votar a Lores, que el día que no se presente dejará a varios miles de vecinos deambulando por la ciudad sin saber qué hacer.

Otra cosa son los de Marea. Son tres o cuatro incluyendo a sus dos concejales, pero ellos creen que son muchos más, varios miles de millones. Eso siempre les anima y les lleva a actuar como si tuvieran grupo propio en Madrid. Por eso se les ve felices, porque creen que todo el mundo es transversal y los vota y los adora, lo cual no está nada mal porque están siempre motivados.

Luego que C's. En Pontevedra solo hay una, pero no es habitual verla porque siempre está intentando aparcar. Tampoco supone un problema, porque el partido de Albert Rivera tampoco es mucho de dejar que sus líderes locales tomen protagonismo, por lo que pueda pasar.

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