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Llorones

 

El OTRO día, mientras Feijóo lloraba, recordé una entrevista que le hice hace algunos años al cocinero italiano Francesco Iannelli. Me contó que cuando estaba en la marina italiana, en cuanto terminó el período de instrucción lo destinaron a un submarino, el Enrico Dandolo. Jamás había navegado. Se metió en el submarino y zarparon. A los pocos días el comandante decidió hacer una maniobra de inmersión. El aparato empezó a sumergirse y tras unos minutos Iannelli comprobó que algunos de sus compañeros empezaban a correr de uno a otro lado y a gritar. No le dio importancia, pues pensó que aquello era lo normal. Cada vez los otros tripulantes corrían más, sin destino aparente, y los gritos eran más intensos. Cuando le dio por mirar atrás vio al comandante llorando de pánico. Francesco también empezó a correr, a llorar y a gritar. Si el comandante lloraba era que algo iba rematadamente mal. El submarino, en efecto, estaba averiado y se hundía sin control.

FeijóoUno ve a la gente corriendo y gritando y siempre parece normal, hasta que mira atrás y ve a un comandante llorando: Feijóo llorando, Rajoy llorando, Pablo Iglesias llorando, Cifuentes llorando. ¿Por qué lloran? Puede ser una moda, pero más bien parece que algo no va bien y cuando los comandantes se echan a llorar es cuestión de estremecerse. Supongo que el comandante del Dandolo lloraba por su vida, no por la de los tripulantes que iban a morir con él. Rajoy puso en orden sus prioridades al decir que su dimisión era lo mejor para él, para el partido y para España. El submarino y la tropa quedan en segundo y tercer lugar. El caso es que también se hunden. rajoy pudo haber detallado un poco más "Mi dimisión es lo mejor para mí, para mi periquito, para mi barbero, para mi partido, para esta pelusa que llevo en la corbata, para el cuerpo de registradores y para la empresa que me hará la mudanza. ¡Ah, caramba, que lo olvidaba! Y para España. o no".

Feijóo convocó a todos los alcaldes y a la alcaldesa del PP gallego para decirle a España que no se presenta a las primarias. Y Feijóo se puso a llorar. No lo entiendo. Para decir que su compromiso estaba en Galiza pudo haberlo dicho en cuanto miró atrás y vio a rajoy llorando. Algo pasó en esos días y Feijóo empezó a correr, a llorar y a chillar por el submarino. Su discurso, entre llanto y llanto, que perdió más agua por los ojos que la que bebió, resultó deslavazado, improvisado y extraño. Mientras él lloraba por la oportunidad perdida, los presentes celebraban su renuncia a liderar el PP español y reían, cuchicheaban y aplaudían y se toqueteaban unos a otros.

"Se llora como se habla catalán, en la intimidad..."

Lloraba no se sabe bien por qué. Su llanto decía que quería irse a Madrid mientras sus palabras decían que podría pero no podía. Despejó el camino a sus rivales: Soraya, la de los dosieres; Cospedal, la de la indemnización en diferido. En tercer lugar está Pablo Casado, el del máster falso. Y eso, queridos amiguitos y queridas amiguitas, es lo que en España se llama regeneración democrática. No sé a qué viene tanto ruido con el congreso del PP. No veo qué importancia tiene el nombre de la comandante que se va a echar a llorar el día menos pensado.

Hago una advertencia. Por eso me contrataron, porque soy un  analista portentoso con un índice de errores cercano al 100%. Pues yo pronostico que como los líderes sigan llorando a la primera ocasión, les va a pasar como a un amigo mío de Badajoz, que una vez lo pillaron con no sé cuántos gramos de hachís. Cuando llegó el juicio, el abogado le dijo que declarara que era para consumo propio y que era consumidor ocasional. Por aquella época si alguien decía que consumía hachís habitualmente, el juez podía mandarlo a desintoxicarse a una granja. ¡Ah, qué tiempos! Así que su abogado le preguntó: "¿Es usted fumador habitual u ocasional?", y mi amigo dijo: "ocasional. En cuanto tengo ocasión me fumo un porro".

Les acabará pasando como a Fraga. Un día empezó a llorar y no paró. Creo que murió de tanto llorar. El hombre debió quedar sin líquidos en el cuerpo, o algo. Como Rajoy lloraba por Rajoy y Feijóo por Feijóo, Fraga lloraba por Fraga, no por Galiza. Se le acabó hundiendo el submarino gallego y se fue a llorar a Madrid. lo veía venir. Sabía que su fin llegaba y no lo admitía, así que se fue al fondo con todo el equipo. luego lo sacó a flote Feijóo, pero si ya empieza a llorar en público, que es algo indecoroso, mal vamos. Quien quiera mantener un liderazgo no debe ir por la vida llorando en público. ¿Quién asesora a esta gente? ¿Mi amigo de Badajoz?: "Presidente, usted salga ahí y échese a llorar, que eso no falla". Se llora como se habla catalán, en la intimidad, que es lo que hacemos usted yo, que tenemos una educación y no vamos por ahí haciéndonos los quebradizos.

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