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Lombos

De las cosas hay que hablar cuando nadie habla; cuando cesa el ruido y uno puede tener la cabeza fría y no sentirse condicionado por la maraña de opiniones que no deja de escuchar por aquí y por allá. Por eso he decidido escribir finalmente sobre los lombos de Pontevedra, porque hace al menos dos días que nadie saca el tema. También porque es el único asunto sobre el que tengo una opinión formada. Es sabido que a mí me traen aquí porque cada periódico necesita tener a un opinador que carezca de criterio, y aquí soy el único. Sin embargo, cuando hablo de lombos sé lo que digo. Los lombos, por si usted es uno de los muchos turistas que tenemos estos días por Pontevedra y que vienen aquí a comerse nuestra comida, son esos badenes o como se llamen, que tenemos en calles y carreteras para que los conductores respeten el límite de velocidad, que aquí es de 30 por hora, la misma velocidad a la que se mueve un coche cuando uno lo está empujando. Hay personas a las que les gustan los lombos y gente a la que no.

Vamos por partes: en primer lugar, de los lombos se dice que hacen sufrir a los amortiguadores de los coches. Eso, sépalo ya, querido turista, es mentira. Quíteselo de la cabeza, y ya no es que lo diga yo, es que lo sabe todo el mundo. Los amortiguadores son objetos inanimados que no sienten ni padecen porque carecen de sistema nervioso central, como Mariano Rajoy.

También se dice que los lombos hacen sufrir a los pacientes de las ambulancias. Por ahí no paso. Yo atravesé medio municipio tumbado en una ambulancia y sé lo que digo. Experimenté una repentina recuperación. Con el bote del primer lombo se me echó a andar de nuevo el corazón y a la altura del cuarto comencé a experimentar una agradable sensación de bienestar que aumentaba de lombo en lombo: relajación mental, cierta euforia después y plena felicidad. Consulté el asunto con dos médicos. El primero de ellos, el alcalde Miguel Anxo Lores, me explicó que los lombos van meciendo al paciente mientras le salvan la vida y le provocan esa sensación tan placentera. La segunda opinión médica fue la de Rafael Domínguez, concejal del PP. Según él, ese magnífico efecto fue provocado por la morfina que me acababan de inyectar. Yo creo que ambos tienen razón y que podían juntarse un par de tardes para escribir un artículo científico sobre el asunto: "Beneficios combinados de lombos y morfina en pacientes recién infartados o infartadas", y que podía empezar así: "El presente trabajo tiene como objetivo demostrar que el desplazamiento por Pontevedra en ambulancia cuando uno va hasta arriba de morfina, subiendo y bajando lombos, tampoco está nada mal".

Zanjado el asunto anterior, luego hay quien se queja de que en Pontevedra hay un exceso de lombos. Hoy por hoy, hay más lombos que coches, eso es verdad. No entienden que ésa es precisamente la idea: que desaparezcan los coches en beneficio de los peatones. En todo caso, el problema lo tendremos cuando eso se consiga. Cuando se vaya el último coche a ver qué hacemos con todos nuestros lombos. Estamos generando un futuro conflicto. Peatonalizarlos será la opción del BNG. El PP propondrá eucaliptizarlos, el PSOE querrá rediseñarlos, la Marea remunicipalizarlos y Ciudadanos dirá que ellos están aquí para defender la unidad de España y el sentido común y que por tanto no tienen nada más que añadir, ni sobre este tema ni sobre ningún otro.

Dice la leyenda que antes íbamos por ahí atropellándonos entre nosotros y atropellando a los turistas como usted, que mientras están por aquí no dan palo al agua y así va España. El caso es que Pontevedra, como habrá comprobado usted, hoy es más seguro, más fácil y más cómodo transitarla a pie que en un vehículo a motor, salvo que sea una ambulancia. Y ello se debe a que aquí tenemos un modelo de ciudad que sería imposible sin lombos. Lombos fue una gran persona, ginecólogo pontevedrés de merecidísima fama, José Luis Lombos de Vicente, que no tiene nada que ver con este asunto pero al que debemos recordar de cuando en cuando. No entiendo por qué me vino su apellido a la cabeza.

Retomando el tema, los lombos constituyen uno de los ejes fundamentales de nuestra convivencia diaria. Cuando salimos a la calle y descubrimos un lombo nuevo, los pontevedreses sabemos que todo funciona, que estamos construyendo una nueva Galiza y que gracias a nosotros la convivencia social adquirirá una nueva dimensión evolutiva. Los lombos traen la felicidad y con ellos Pontevedra gana cada día en calidad de vida y prosperidad. Ese modelo lo exportamos y van por ahí dándonos premios porque por todas partes empiezan a comprender que el futuro de la humanidad pasa por construir un mundo lleno de lombos y que al fin del camino se harán realidad los sueños que llevas en ti, si en todo momento, en tu caminar, la vida has llenado de amor y verdad. Eso es de Karina, una visionaria. Continuamos. Al fin del camino, en ti llevarás la fe y la ilusión de vivir. Tus sueños de siempre se harán realidad en un mundo nuevo y feliz.

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