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TRATAR DE EXPLICAR lo inexplicable puede convertirse en un ejercicio penoso. El pasado viernes, la presentadora de Área Pública, Susana López, tenía en el plató a Javier Sánchez Agustino, portavoz de Ciudadanos en Galicia. Le hizo ver que en la nueva estructura de su partido, creada hace unos días, no hay mujeres, y en nombre de Carla Reyes y en el suyo propio, las dos mujeres presentes en el programa, le dijo que eso no estaba bien.

Agustino cometió el más grave error que puede cometer un portavoz: intentó convencernos a todos de que aquello tenía una explicación. Pudo haber cambiado de tema, pero no: primero negó la mayor. "La subdelegada de Pontevedra es mujer, que hay que decirlo todo", saltó al instante, como si lo estuvieran acusando falsamente de no tener entre sus dirigentes a un albino hemofílico húngaro, que son difíciles de encontrar. Es cierto: de entre los 15 cargos de la nueva dirección, uno lo ocupa una mujer, la pontevedresa María Rey. También pudo quedarse ahí el portavoz, pensar que como es un tema al que van a tener que responder en más de una ocasión, bien valía dejarlo así y preparar algún argumento para salir del paso en el futuro, o incluso reconocer el error imperdonable y prometer cambios en la nueva dirección para dar entrada a muchas más mujeres. Pero no. Lanzado a la carrera, el portavoz de Ciudadanos fue metiéndose él solo en un pantano ante toda la audiencia, algo, por cierto, a lo que son muy dados los portavoces de su partido.

Ciudadanos, dijo, tiene entre su afiliación en Galicia a muchísimos hombres y a muchísimas mujeres. Lo que sucede, continuó, es que han elegido a las personas más adecuadas para cada cargo, a las más válidas, a las más cualificadas, a las más capaces. Han elegido a los mejores, y ése ha sido el único criterio que se ha seguido. A medida que el hombre profundizaba, la situación se volvía más grotesca, pues lo que venía diciendo era que, a pesar de que en Ciudadanos tienen a muchas mujeres, son menos adecuadas, menos válidas, menos cualificadas, menos capaces, lo que las excluye del selecto grupo de "los mejores". Yo les sugeriría que buscasen otra excusa, pues siendo imposible explicar lo inexplicable, intentarlo así es catastrófico. Si argumentan eso en un debate, adiós.

La cosa da mucho más de sí. Resulta que los 15 cargos son ocupados por 9 personas: una mujer, como queda dicho, que se encuentra en lo más bajo del escalafón, y 8 hombres. Para que las cuentas cuadren, casi todos esos hombres ocupan más de un cargo. Uno de ellos, por ejemplo, un tal Manuel Moinelo, es coordinador de A Coruña en el comité territorial, se encarga de la logística en la junta directiva y es subdelegado. Podemos imaginar cómo se fraguó la decisión, entre risotadas: "¡Coge tú los tres cargos, Manolo, que vales más que tres mujeres!". La única mujer tiene un puesto menor, uno sólo, mientras que media docena de hombres ocupan los cargos internos de dos en dos.

Bien. Ciudadanos es un partido tan escandalosamente machista que no se preocupa en ocultarlo. Digo más: tan machista que explica la ausencia de mujeres bajo la tesis de que han elegido a los más aptos, sin pararse a pensar en que no hay argumento más machista que el de proclamar que entre todas sus afiliadas no hay una que sirva para ocupar un puesto en la dirección, o dos, o tres puestos. Pero resulta que, siguiendo el mismo razonamiento, el portavoz, el citado Sánchez Agustino, ha sido elegido por ser el más apto de entre todos. Si eso es lo mejor que tienen, mal van. Remató su discurso así: "Es que si usamos a las mujeres para dirigir el partido es un desperdicio, que a ver quién se encarga luego de prepararnos los pinchos y pasar la fregona". Esto último no llegó a decirlo, pero lo pensó, que yo siempre pillo los discursos subyacentes, así que lo escribo igualmente.

Lo raro es que tengan mujeres entre sus filas y más aún, que las tengan entre sus votantes. Pero si miramos un poco más allá, encontramos algo más que una perfecta discriminación a las mujeres de Ciudadanos y una falta de respeto a todas las demás. Hay también una manera de actuar chapucera y nada inteligente, pues entre tanto exceso de testosterona a nadie se le ocurrió pensar que, aunque fuera por mantener el decoro, incluso no creyendo en la capacidad de las mujeres ni en su participación, lo más conveniente era nombrar a media docena para conservar las formas. No solamente son machistas. Es que les parece tan bien que ni se molestan en disimularlo y lo explican como si alguien se pudiera creer que todas las afiliadas de Ciudadanos son menos capaces que los hombres para desarrollar la misma función.

Dice mi suegra que los de ese partido no van hacia adelante ni hacia atrás. Se equivoca. Van para atrás, unos cuantos siglos. De hecho, a José Luis Jiménez y a mí, los otros dos que estábamos en aquella mesa, el portavoz de Ciudadanos nos llamó después exégetas. A nadie se le ocurre llamar exégeta a otro desde el Concilio de Trento. A saber qué significa esa palabra.

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