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GEORGIE DANN es un excelente saxofonista de jazz. Lo que ocurrió con él fue que un buen día comprendió que hacer canciones de verano reportaba mayores beneficios, pues el público no demandaba mayoritariamente jazz y sí canciones de verano. Hace poco salió en la tele explicando cómo había compuesto ‘La barbacoa’: “Estaba con unos amigos en una barbacoa y se me ocurrió que de aquello podía hacer una canción”. Diez minutos después confesó cuál fue la fuente de inspiración de otro de sus mayores éxitos, ‘El chiringuito’: “Estaba con unos amigos en un chiringuito y se me ocurrió que de aquello podía hacer una canción”. Podría haber puesto como ejemplo a Charlie Watts , batería de los Rolling , que también hace jazz, pero prefiero a Georgie Dann porque su música veraniega es más honesta y de mayor calidad que la de los Stones , como sabe todo el mundo.

El caso es que alguna vez, me imagino, Georgie se enfrenta a la realidad y se ve obligado a reconocerse como un músico de jazz, que es lo que es, aunque lo sea en el fondo. Lo hará en la intimidad de su hogar o montará sesiones con amigos músicos. Nadie le obliga a hacerlo en público. Los triunfos veraniegos son su trabajo y no lo veo yo escuchándolos en el salón de su casa. Ello es así porque no ejerce ninguna función pública ni recibe ingresos más que de aquellos que voluntariamente consumen su música. Pero los concejales sí son obligados a exhibir su patrimonio. ¿Tiene esto algo que ver con Georgie Dann? Lo dudo, francamente, pero puestos a hilar ambos temas se puede decir que algunas de las declaraciones de nuestros concejales causan tanta sorpresa como escuchar a Georgie tocando jazz.

Algunos, por ejemplo, tienen hipotecas que vencen más o menos cuando la prórroga de Ence. Así se inflan las burbujas inmobiliarias, llenando el país de concejales con hipotecas que vencen mucho más allá de toda esperanza de vida razonable. Otros deben más de lo que tienen, como España. Mosquera es de los más equilibrados: tiene deudas de 43.000 euros y posee un patrimonio de 43.467, formado por tres fincas, una cuenta, un coche y su pipí tremendo. Tomás Abeigón , del PP, no está mal situado: además de una gran masa muscular, tiene, entre otras cosas, cinco fincas urbanas, una cuenta, una plaza de garaje, un trastero y siete ondas gravitacionales. Todo ello suma 224.000, y no cuenta sus cuatro ciclomotores, que no sabe cuánto valen. ¿Para que quiere usted cuatro ciclomotores? ¿Para qué quiere nadie cuatro ciclomotores? ¿Empezó una colección y la dejó a medias? Eso es lo que debería de explicar Abeigón a los Pontevedreses.

Al alcalde Lores , entre lo que tiene y lo que debe, le faltan 9.000 € para ponerse al día, o algo más si tenemos en cuenta que declara seis acciones del Pontevedra y las valora en 300 euros, que ya es optimismo después de las sucesivas ampliaciones de capital y la correspondiente depreciación de su inversión bursátil. Yo le recomendaría que no las venda hasta que Lupe Murillo nos lleve a la Champions. Puede que entonces recupere su dinero. No declara Lores sus catorce jerseys rojos, que le incrementan notablemente el patrimonio, ni su chaqueta gris de príncipe gitano, única en el mundo desde que en los años 80 se extinguió la penúltima.

El más rico es Moreira , que tiene 600.000 euros y no tiene deudas; el más pobre Alberte Oubiña , que cuenta con algo más de 2.200 y para sumar incluye cinco euritos que lleva en el bolsillo, lo que viene siendo un cubata barato. Otra que tiene poco es María Rey . El otro día se quejaba de la obligación de “desgranar las joyas, aeronaves o cuadros que cada uno tenga en su casa o helipuerto”. Entonces todo el mundo imaginó a la concejala de Ciudadanos en su helipuerto haciendo inventario para desgranar sus joyas, sus aeronaves y sus cuadros. Tremenda decepción. Finalmente declara 37.000 euros y nada más: ni helipuerto, ni joyas, aeronaves, cuadros, ni casa, coche, bici ni nada de nada. Tampoco tiene empresas, como todos creíamos en Pontevedra, ni actividades mercantiles de ningún tipo. Está al borde de la exclusión social. Quiero hacer un llamamiento a la solidaridad de dos de sus compañeros de corporación: a Carme Fouces para que la incluya en algún programa de ayuda y a Tomás Abeigón para que le preste un ciclomotor. Si existe justicia en este mundo, Abeigón le ofrecerá uno de sus cuatro ciclomotores a María Rey para que pueda desplazarse al comedor de San Francisco. Y así fue como supimos que María Rey no se quejaba por tener que declarar un helipuerto, sino por no tener un helipuerto que declarar. Igual creía que todos los demás concejales iban a declarar sus helipuertos y se avergonzaba de no tener ni uno. No pasa nada. Finalmente, además de Alberte Oubiña, César Abal y Anabel Gulías son todavía más pobres que María Rey, que ya es decir. Entre los cuatro no tienen ni para medio helipuerto.

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