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Pidiendo para el jefe

A LO LARGO de los próximos tres meses nos tocará vivir un fenómeno que se da regularmente cada cuatro años: el de los líderes locales haciendo política en clave estatal. Querrán que todos pongamos la vista en las elecciones generales. Como a los candidatos a diputados no los conoce nadie, quienes se encargarán de pedirnos el voto serán los concejales, que a esos desgraciadamente sí los conocemos. Eso es culpa de los partidos, que se encargan de buscar candidatos poco destacables. Si usted es capaz de nombrar a algún diputado por Pontevedra que no sea el difunto Telmo Martín, es que alguien ha hecho algo rematadamente mal. Y a Telmo lo conocemos por su facilidad para morir y resucitar, que llega un momento en que ya ni sabemos si esta semana sigue vivo o, Dios mediante, ha vuelto a fallecer.

Mientras los del BNG deciden si el nacionalismo va a ir en una lista o en seiscientas catorce, los únicos concelleiros nacionalistas que tenemos por aquí nos pedirán el voto para que “''Galiza teña voz propia en Madrid''”. Deberían cambiar ese mensaje, que jamás les ha funcionado. Galiza nunca ha tenido voz propia en Galiza, la va a tener en Madrid. Yo me dejaría convencer si utilizaran otro razonamiento: ''“Se nos votas, Galiza terá lombos propios en Madrid''”. Ahí ya empezaríamos a entendernos. Creo firmemente en la capacidad de Miguel Anxo Lores y del BNG para llenar Madrid de lombos. Es más, estoy convencido de que la construcción nacional pasa por poner lombos incluso en las vías del AVE, para que no pase de 30. Todo es cosa de negociar un convenio con Ana Pastor, que nunca le dice que no a Lores.

Mientras los del BNG deciden si el nacionalismo va a ir en una lista o en seiscientas catorce, los únicos concelleiros nacionalistas que tenemos por aquí nos pedirán el voto para que “''Galiza teña voz propia en Madrid''”

Más difícil lo tiene Jacobo Moreira. Ya se le complicó que los pontevedreses lo votaran a él y ahora tiene que pedir el voto para Rajoy, que cuando vino a dar un mitin a Pontevedra terminó de arruinarle la campaña de las municipales. La mejor opción para que los pontevedreses voten a Rajoy es que Rajoy no venga por aquí. “Si votas al PP, te prometo que Rajoy no vendrá a Pontevedra a hacer campaña”. Pues en ese caso nos lo pensaríamos. Lo más cerca que podía estar Rajoy de nosotros era en el castillo de Soutomaior, pero Abel Caballero ya le dijo que se acabó, que los jardines del castillo están para celebrar bodas, así que si Rajoy quiere volver a pisar esos jardines tendrá que divorciarse y casarse de nuevo, así todos los años.

Luego está Agustín Fernández. Fernández tiene la habilidad de convencer a cualquiera de que haga exactamente lo contrario de lo que propone. La planta de compostaje, por ejemplo. Le dijo a la presidenta de la Deputación, Carmela Silva, que no quiere una planta de compostaje y Carmela Silva, tras escucharlo atentamente, decidió montar dos docenas. Si no quería la planta tenía que haberla exigido, en cuyo caso la presidenta le hubiese dicho que no, pero claro, va pidiendo lo que quiere y pasa lo que pasa. Agustín Fernández debería explotar esa faceta suya y pedir que nadie vote al PSOE.''“Pues ahora lo voto''”, diría el pueblo, y el PSOE arrasaría en Pontevedra como cuando Tere Casal. O eso o dejar que sea Iván Puentes quien nos pida el voto, que a fin de cuentas es el único socialista que sabe lo que es ganar unas elecciones y convencer a la gente de que haga lo que se le propone, no lo contrario.

Más difícil lo tiene Jacobo Moreira. Ya se le complicó que los pontevedreses lo votaran a él y ahora tiene que pedir el voto para Rajoy, que cuando vino a dar un mitin a Pontevedra terminó de arruinarle la campaña de las municipales

Mejor suerte puede tener María Rey, de Ciudadanos. Cuando las municipales la foto de los carteles era la de Albert Rivera, y salió concelleira. En buena lógica, si en las elecciones locales hubo gente que votó a Rivera, que no se presentaba, tiene todo el sentido que ahora que sí se presenta lo voten algunos más. Entonces María Rey pidió el voto para Rivera y en justa correspondencia lo natural es que ahora venga Rivera y pida el voto para María Rey. Piénsenlo. Funcionará.

La mayor dificultad la tendrá Luís Rei. A fecha de hoy la Marea no sabe si pedirá el voto para una candidatura galega de unidade, para una lista de esquerda conxunta, para una fuerza rupturista, para Podemos, para Anova, para Izquierda Unida, para el Pequeño Nicolás o para quién. Se paseará por Pontevedra con las manos en los bolsillos, que la gente empieza a preguntarse si tiene brazos, pidiendo a los seguidores que le van quedando que voten a alguien al que ya mencionará cuando sepa su nombre si es que se lo comunican, que lo dudo.


Éste es el momento en que los partidos deberían mirar lo que tienen y encerrar en una mazmorra a la mayoría de sus concejales y de sus dirigentes municipales, no vaya a ser que les dé por pedir el voto para su líder. Imagínese que va usted por la calle tranquilamente sin meterse con nadie y aparece un concejal o una concejala a quien usted conoce bien, le entrega un folleto y le pide que vote a su líder. Alguien debería decirles la verdad: “''Si no te hemos votado a ti porque no te creemos capaz de arreglar un bache, vamos a votar a tu jefe porque nos lo pidas tú, alma de cántaro''.

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