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Rajoy, el Rambo simbólico

MARIANO RAJOY ES persona non grata en su ciudad, Pontevedra, merced a un destierro de salón que tiene un carácter simbólico de dimensiones estratosféricas. Es como en Rambo pero en el terreno simbólico, pues la medida no tiene consecuencias prácticas. Cuando Rajoy ponga un pie en nuestra ciudad, el sheriff lo conducirá simbólicamente hasta los límites del condado, donde Rajoy se refugiará simbólicamente en el bosque y, ataviado como un cavernícola, irá poniendo trampas y, armado con un simbólico cuchillo, irá montando emboscadas simbólicas para desembarazarse de sus enemigos simbólicos.

Este lunes escenificamos un escenario simbólico en el que los partidarios de Ence fueron más simbólicos que los simbólicos contrarios a la prórroga. Yo al primero al que declaré persona non grata fue a un pesado que estaba en la fila de adelante, un disgustado candidato no electo del PP, Carlos Acuña, que simbolizaba su desacuerdo con la moción chillando como un descosido simbólicas soflamas pro-Rajoy que no eran seguidas ni por los más acérrimos seguidores simbólicos de Rajoy. Por su parte, Rajoy era el simbólico defensor a muerte de los puestos de trabajo. Todos los sindicalistas de España debieran verse reflejados en ese Rajoy que, a juzgar por sus simbólicos defensores, se convirtió en el gran paladín de los trabajadores simbólicos de España. Que Rajoy haya sido jaleado como el defensor de los derechos laborales de los movimientos obreros refleja a la perfección el carácter simbólico del evento.

Fue transcurriendo el acto y los desencuentros arreciaban a pesar de su simbolismo. Los sindicalistas defendían a Rajoy como si fuera su madre y los ecologistas lo denostaban como si fuera un padre que salió un buen día a comprar tabaco y los dejó abandonados.

Antes de llegar a la moción del destierro simbólico a Rajoy, el público aplaudía a rabiar cualquier intervención que no fuera del BNG. Luego, cuando llegó lo del simbólico escrache a Rajoy, los que antes habían jaleado a Marea o al PSOE, al comprender que eran ellos los enemigos que proponían el simbólico escarnio a su líder, se rompieron las gargantas abucheándolos. Todos los líderes, sin exclusión, enunciaron simbólicos discursos épicos a favor o en contra de imponer al presidente simbólico un castigo ejemplarmente simbólico. Todo era tan simbólico que la mitad de los presentes acabaron declarando persona non grata a la otra mitad. Yo salí a fumar un cigarro y declaré persona non grata a todo el mundo, empezando por los policías y las policías que salvaguardaban el evento, que estaban allí aburridos, supongo que por ser gente más dada a la acción que a los simbolismos. Luego intercambié declaraciones de persona non grata con medio centenar de ciudadanos que pasaban por ahí como si nada. Antes, la concelleira Carme da Silva , del BNG, había utilizado un artículo mío para castigar a Rajoy, lo que me convirtió en persona non grata para muchos de los presentes, que a su vez fueron declarados non gratos por mí, pues a fin de cuentas todos éramos conscientes del carácter poco práctico del asunto, meramente simbólico.

Tras las simbólicas intervenciones, tras dos interrupciones, tras tanto simbolismo, llegado el momento de votar, los concejales del PP decidieron ausentarse. Resolvieron ser originales y montar un acto simbólico para pasmo de los presentes, y se fueron. Según se dice ahora, su ausencia simbólica constará como una abstención. Finalmente, las cifras, poco dadas al simbolismo, reflejarán un resultado de 17 votos a favor del destierro simbólico, uno en contra (de la representante del grupo mixto) y 7 abstenciones, las del PP. O sea, que los concejales del PP fueron tan simbólicos que no votaron en contra de declarar a Rajoy persona non grata. Se abstuvieron, pero de manera simbólica, con lo que nunca sabremos qué hubieran votado en la realidad.

Había pocos militantes del PP, aunque destacados, con Pilar Rojo y Teresa Pedrosa a la cabeza, aunque no queda claro si su presencia era simbólica; mucho trabajador de Ence haciendo lo que debía hacer: defender su puesto de trabajo, sin simbolismos. Y finalmente un resultado: Mariano Rajoy, con los votos de 17 concejales de tres de los cinco partidos con representación, es declarado persona non grata en su ciudad, con lo que ha conseguido ser el presidente más simbólico de todos los presidentes de España. Ha logrado convertirse en el primer proscrito simbólico de la historia de la humanidad. A partir de hoy, sus visitas a Pontevedra serán en calidad de expresidente que baila simbólicamente en el Casino y viene a fumarse un puro metafórico en el palco de la plaza de toros. Rajoy no ha perdido nada, después de todo. Siempre ha sido un pontevedrés simbólico, a fin de cuentas. Ha perdido la última oportunidad de ser un ciudadano real y se ha transformado eternamente en un simbólico Rambo repudiado por sus vecinos. Mientras tanto, la cruda realidad, lo que de verdad importa, es tan evidente que nadie podía ocultarlo este lunes: el alcalde Lores venía con un jersey rosa. Y todos comprendimos que puso a lavar uno de sus jerseys rojos con uno blanco. El rojo destiñó, obviamente, quedando inservible. Y el jersey blanco quedó rosa. El alcalde, desprevenido, no tuvo otra opción que la de comparecer vestido de rosa simbólico.

Pero Ence se queda, y eso, por desgracia, no es simbólico. 60 años de pura realidad. Las personas non gratas en Pontevedra, de verdad, somos todas menos Rajoy. Él es quien decide quién es grato y quién no. Y para Rajoy no hay más que diez o quince personas gratas en Pontevedra. Él es Rambo.

Rajoy, el Rambo simbólico
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