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Urdangarin, la víctima

Uno no tiene por qué entender de leyes para percibir ciertas cosas. Que Cristina de Borbón, por ejemplo, no entrará en la cárcel por el mismo delito por el que ingresó Isabel Pantoja. Su marido, Iñaki, sí entrará en prisión tarde o temprano, pero eso es otra cosa. El anterior rey, Juan Carlos I, vivía rodeado de amigos que iban ingresando en prisión mientras él esquiaba de amante en amante. Manuel de la Rosa o Mario Conde, por ejemplo. O Manuel Prado y Colón de Carvajal, descendiente del ilustre descubridor genovés. O el comandante Armada. El rey, por su parte, nunca podría ingresar en prisión porque los reyes de España son inmunes ante la Ley: la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Lo decimos yo y la Constitución española. Eso significa que un rey puede, pongo por caso, asesinar a una monja y luego comerse su cadáver. Puede hacerlo en directo, en un programa de televisión ante toda España, pero ni así un juez puede llamarlo a declarar. Eso puede hacerlo el mismo rey que en su discurso navideño de 2011 dijo que "la Justicia es igual para todos menos para mí". Las tres últimas palabras realmente no las dijo, pero pudo haberlas dicho, así que las añado por mi cuenta.

Esa inviolabilidad constitucional no cubre a los yernos ni a los íntimos amigos, pero todavía extiende su manto protector sobre una infanta. Aunque repudiada y despojada de su título de duquesa, Cristina sigue siendo hija y hermana de rey. Un señor como su padre, que no estaba sujeto a ningún tipo de control, ni de autocontrol, y a quien nadie pedía responsabilidades de ningún tipo, lo único que tenía que hacer era casar bien a sus hijos. Esto suena a medieval, pero estamos hablando de una institución medieval en la que el linaje lo es todo. La principal función de una dinastía monárquica es perpetuarse, y para ello hay que casar bien a los hijos y a las hijas. Eso viene de cuando los hijos de los reyes morían como moscas y había que tener muchos por si acaso. Nunca se sabía cuál de los hijos o los sobrinos de un rey sobreviviría para heredar la corona. Los niños tampoco salían muy bien porque eran producto de la endogamia. Ahora lo de los niños es más bien una tradición. Salvo catástrofe o referéndum, la sucesión está garantizada. El rey tiene dos hijas, dos hermanas y media docena de sobrinos y sobrinas. Si el rey Felipe y sus hijas fallecieran, Dios no lo permita, sería sucedido por la infanta Elena y ésta por Froilán, el niño que se pegó un tiro accidentalmente y tiene problemas con las matemáticas, como yo.

La otra gran responsabilidad de un rey es salvaguardar el prestigio de la Corona, otra cosa que Juan Carlos hizo rematadamente mal, y así acabó. A un rey no lo pueden echar las leyes, pero sí el pueblo cuando se harta. Que le pregunten a su abuelo Alfonso. El rey emérito vivió de un falso prestigio fabricado a conciencia por sus asesores y por los políticos que siempre miraron hacia otro lado. El rey era el héroe del 23-F. Siempre me pregunté por qué tardó tanto en salir, ya de madrugada. Dicen que porque TVE estaba ocupada, pero pudo salir en la radio a la media hora del golpe, que había muchas emisoras funcionando, o mandar un comunicado a los periódicos que estaban como locos sacando ediciones. Creo que hizo aquel día lo mismo que hizo siempre: dejar que fuesen otros los que se inmolasen por él.

Volviendo a Urdangarin, el pobre es una víctima. Él entró un día en el palacio, le explicaron cómo se hacían las cosas y se puso a trabajar. No hizo nada que no se viniera haciendo en la Casa Real desde el principio de los tiempos. Él veía a su suegro viviendo por encima de sus posibilidades, pegándose la gran vida, siempre de vacaciones esquiando o cazando mamíferos enormes. ¿Qué iba a hacer? ¿Vivir austeramente de la asignación que el pueblo le otorgaba graciosamente a él y a su esposa? ¿Trabajar en una empresa privada, como la infanta, a cambio de un sueldo miserable? Hizo lo que vio que se hacía en la familia: negocios. Y como a todos los grandes multimillonarios los tenían acaparados entre su suegro, Felipe y Aznar, se centró Urdangarin en los políticos dispuestos a entregarle el dinero sin preguntar, por quedar bien.

Él dice que todo lo hizo con el conocimiento y el consentimiento de la Casa Real. Igual miente, pero por lo que se ve nunca nadie le preguntó cómo podía permitirse una mansión en Pedralbes y seis pisos, patrimonio valorado en 11 millones, si en el balonmano tampoco se ganaba tanto. Puede que le pasara como a Michael Corleone. Michael al principio era bueno, pero no pudo resistirse a las circunstancias y al propio funcionamiento de la familia, por lo que acabó integrándose. Finalmente, quién lo diría, el más inteligente que pasó por Zarzuela resultó ser Jaime de Marichalar, que salió de ahí a toda velocidad en cuanto comprendió dónde se había metido.

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