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Vota Violeta

ESTABA YO desarrollando resistencia a los antibióticos y reflexionando sobre mi voto cuando nos invitó a comer Rivas Fontán. Pertenezco a ése 41% de indecisos, que somos los que vamos a resolver de verdad quién gobernará. Ya tiene su aquel que vayamos a estar administrados por quien decidamos los indecisos. De ahí no va a salir nada bueno, creo.

Consulté con mi perro Pancho. Puse frente a él seis o siete cacharros llenos de galletitas. Cada plato representaba a un partido. Pancho miró los platos con indolencia, hizo caca y sufrió uno de sus entrañables ataques epilépticos, que es lo mejor que puede hacer un indeciso.

Entonces acepté la invitación de Rivas Fontán. Nos llamó a Adrián Rodríguez y a un servidor para ir a reflexionar a su casa, pues según nos anunció había cazado a unas deliciosas perdices con su propia escopeta y era cosa de que alguien se las comiera. Llevaba yo dos semanas reflexionando, reflexionando. He hablado con miembros de todas y cada una de las candidaturas. Todos me convencieron y a cada uno de ellos les prometí el voto. Prometer el voto es algo que me sale así, natural, como si nada.

El tremendo poder de la indecisión no es suficientemente apreciado. Todos los partidos olvidan que en estas elecciones decidimos los indecisos, lo que nos otorga un poder nunca antes visto. Luego supe que comer perdices en casa de Rivas Fontán sirve para conocer la felicidad, pero sobre todo para decidir el voto. Se reflexiona sobre muchas cosas, pero al no presentarse Rivas la cosa se complica. Yo voté a Rivas más de una vez, pero eso era cuando Rivas se metía en política. Sé a quién votaría de entre todos los que se han retirado, pero lo difícil es escoger entre los que sí se presentan. Los indecisos deberíamos tener la opción de votar a alguien que esté retirado. Incluso podríamos votar a un muerto, como a Telmo Martín, valga el ejemplo. Si yo pudiera votar a Telmo me abstendría, pero no teniendo esa posibilidad me entra la indecisión.

Estaba yo pensando en votar por sorteo, en plan pito pito gorgorito. Estaremos gobernados por alguien a quien los indecisos elegimos al azar. Asumo esa responsabilidad. 41 de cada cien electores votaremos a ciegas, pero nuestro voto vale tanto como el que más. Un voto es un voto, provenga de un proceso de reflexión o provenga de un sorteo. Barajé durante semanas la posibilidad de vender mi voto, pero con eso de las medidas anticorrupción ya no hay partidos que puedan comprarlo. No tienen ni un céntimo, y cuando un partido no tiene ni para comprar un voto, mal anda el país. En eso nos hemos convertido, en ciudadanos que han perdido el derecho a vender su voto al mejor postor, o incluso a varios. Eso es lo más antidemocrático que ha sucedido en España desde que Francis Drake incendió la isla de Tambo sin contar con la opinión de los pontevedreses, que seguramente hubieran votado a favor.

Bien, el caso es que estábamos reflexionando en casa de Rivas Fontán y el nivel del debate iba alcanzando altura cuando no sé muy bien el cómo ni el porqué, una nieta de Rivas me enseñó unos dibujos y acabamos hablando de cómic. Violeta, que es como se llama la autora, tiene 15 años. Mientras reflexionábamos sobre el sentido del voto, sobre qué será de España durante los próximos cuatro años, comprendí que lo importante es Violeta. El futuro no está en ninguno de los cuatro aspirantes a la presidencia. Eso es un engaño en el que estamos cayendo todos, que somos una sociedad de pimpines que jamás ha entendido nada de nada. Lo que sea España y lo que sea Galiza, que es lo que a mí me interesa, y a usted, es lo que hagan Violeta y toda la gente de su edad que, gobierne quien gobierne, tienen talento para llevarnos más allá. Así, mientras comíamos perdices, comprendí que todo esto da lo mismo. Que lo mejor que puede hacer por nosotros un político es convertirse en abuelo de Violeta y que reflexionar en casa de un portento como Rivas Fontán, al final, sirve para decidir el voto que determinará en manos de quién debemos depositar nuestro futuro. Pues nuestro futuro está en manos de Violeta y de todos los quinceañeros que no tienen derecho a votar pero que nos transportarán a un futuro más esperanzador que este presente tan aciago, del que no nos sacará ninguno de los líderes a los que vamos a votar hoy.

A mí me vino de maravilla que Rivas Fontán me invitara a reflexionar en su casa, y puede que el propio alcalde se sorprenda de mi conclusión. Pero es que después de más de seis horas reflexionando sobre el sentido del voto, sobre las consecuencias del voto, sobre la importancia de elegir al mejor presidente, creo que fui el único de entre la docena de comensales que ha optado por lo correcto. Aunque hoy está prohibido hacer campaña, yo pido el voto para Violeta, porque nadie hará más por nosotros que ella. Violeta presidenta.

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