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Zapatones

El Rey Juan Carlos abraza la figura de Santiago Apóstol durante un acto en la catedral en 2013. ADP
El Rey Juan Carlos abraza la figura de Santiago Apóstol durante un acto en la catedral en 2013. ADP

LA XUNTA de Galicia creó en 2013 la figura del embajador de honor y vitalicio del Camiño de Santiago. Desde entonces lo han recibido cuatro personas, a saber: Felipe VI, Vicente del Bosque, Mariano Rajoy y el otro día Juan Carlos I. De los cuatro, dos son reyes o lo han sido, otro es marqués y Rajoy preside los gobiernos de España y Catalunya, aunque el segundo le importa tan poco que ha delegado en Soraya. No sé qué otros méritos concurren en sus personas para recibir un nombramiento honorífico de tamaña magnitud. Se sabe que Vicente del Bosque hizo alguna vez el Camiño. Felipe VI hizo un tramo. Rajoy podrá hacerlo, caminando de forma característica. Que yo sepa, Juan Carlos no lo ha hecho ni lo hará. Si no lo hizo cuando era un joven deportista, menos lo va a hacer ahora, que tiene el cuerpo lleno de placas, prótesis y tornillos.

Juan Carlos es una especie de cyborg, mitad humano y mitad mecánico, pero no en plan hombre del futuro, sino en plan coche cubano, que va funcionando malamente porque cada vez que falla le ponen un alambre por aquí o una goma por allá. Para mí que incluso lleva piezas de segunda mano. Cuando usted ve caminar a Juan Carlos lo primero que piensa es: "Este hombre jamás irá a pie a Compostela".

Entonces no se entiende que lo hagan embajador del Camiño. Tendría más sentido que lo hicieran embajador de algún puerto deportivo o de la Federación Galega de Caza. No habrá muchos cazadores gallegos que se hayan cargado a un elefante y a un oso borracho. Imagino que para algunos Juan Carlos es algo así como el Michael Phelps de la caza. ¿Cómo va a promocionar el Camiño?: "Yo nunca lo hice porque a decir verdad nunca me apeteció, que tiempo tuve y ahora que parezco un coche cubano, no podría hacerlo ni aunque quisiera, que tampoco es que quiera, pero si usted quiere ir, hágalo, ¿eh? No es que tenga motivos para aconsejarle que vaya. ¡Todo lo contrario! Allá usted con su tiempo".
 

Zapatones era un hombre querido y respetado, pero era a la vez un bien común

Sí daría Juan Carlos un buen Zapatones. Si le deja usted barba y le viste un hábito de peregrino, para hacerse fotos y tomarse vinos con los turistas valdría perfectamente. Lo tiene todo: es campechano, simpático, de carcajada fácil y no vale para otra cosa. Fue educado únicamente para ser rey y lo fue durante demasiado tiempo. ¿Para qué nos sirve ahora? Pues para ir a la toma de posesión de un presidente extranjero, y al paso que va, dentro de poco ni para eso. Pero como Zapatones aún podría estirar unos diez años o más su vida productiva, si es que alguna vez la tuvo. Pensémoslo: no es fácil encajar a un rey abdicado. Antes, cuando un rey dejaba sus funciones voluntariamente se retiraba a un monasterio, pero no veo yo precisamente a Juan Carlos enclaustrado, ni creo que la Constitución nos permita encerrarlo por la fuerza.

España ha sido tremendamente generosa con Juan Carlos. Ha vivido como un rey a nuestra costa desde que Franco se lo trajo de Estoril. Es hora de que haga algo útil. Galiza necesita a un Zapatones y Juan Carlos necesita algo que hacer, ¿por qué todos fingimos que no nos damos cuenta? Desde que abdicó va vagando por Zarzuela como un zombi y su hijo no le deja hacer nada. Se pasa las horas muertas esperando a que entre algún secretario por la puerta para decirle que tiene que viajar a Paraguay o a Bolivia porque sigue siendo alguien.

Casi nadie es insustituible, como demuestra la propia monarquía en la que los hijos suceden a los padres sin presentar otro mérito que el de haber nacido. Al propio Juan Carlos lo sustituyó su hijo, pero el puesto de Zapatones no era hereditario, por lo que se ve. Nadie se ha presentado a la puerta de la catedral: "Buenas tardes. Soy el heredero de Zapatones y vengo a reclamar el cargo".

Así que tenemos ahí una vacante. Zapatones es perfectamente reemplazable. Desde que nos dejó hay un hueco que nadie se ha preocupado en cubrir. Para eso votamos. Zapatones era un hombre querido y respetado, pero era a la vez un bien común, un reclamo turístico de primera magnitud. Y nos salía gratis, pues vivía con toda dignidad de lo que le daban los turistas.

Feijóo debiera reconsiderar el nombramiento. En lugar de designar a Juan Carlos como embajador del Camiño, podría nombrarlo Zapatones: "En consideración a su intachable trayectoria de servicio a España, declaro Zapatones a Juan Carlos de Borbón y Borbón. En Compostela a tantos de tantos. Firmado: Feijóo". Juan Carlos sería feliz, se sentiría útil y Galiza volvería a tener un Zapatones. Todos saldríamos ganando. Nadie se opondría. Ni los del Partido Froilanista, que el otro día me dieron por Twitter la capitanía de Poio. Si yo puedo ser capitán del Partido Froilanista en Poio, Juan Carlos puede ser Zapatones. Y Froilán rey de Galiza.

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