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Diario de un confinado... Caramba

Diario de Pontevedra | 23 de marzo de 2020

Coche patrulla de la policía nacional y local, este viernes, en la Plaza de la Peregrina. GONZALO GARCÍA
Coche patrulla de la policía nacional y local, este viernes, en la Plaza de la Peregrina. GONZALO GARCÍA

10:45
Yo bien, pero la gente está enfadada.  España se llena de epidemiólogos  y expertos en emergencias  sanitarias. ¡Qué rápido va todo,  caramba! Hace tres días, en el  Parlamento, todos a una pidiendo  unidad y remando en la misma  dirección. Ahora ya no. Eso duró  lo mismo que un cervatillo herido  entre una manada de lobos.  Somos además expertos en economía  y tenemos las recetas para  salvar al mundo de la pandemia y  de paso salir millonarios de ella.  Aquí cada presidente o presidenta  de comunidad, cada secretario de  organización de una agrupación  local y cada alcaldesa tiene su propio  plan.  

A ver, pinflois: si los expertos de  verdad no se ponen de acuerdo, se  van a poner ustedes. Yo veo a Fernando  Simón, que sale todos los  días a dar el parte con su voz rasgada.  Él sabe de eso más que nadie  en España, pero todos los días hay  miles de ingenieros industriales,  azafatos de vuelo, señores rubios  y fontaneros que inundan las redes  sociales con mensajes en los  que acusan al buen hombre de no  tener ni idea.  

¿Parar la economía? El gran  dilema. ¿Blindamos Galiza? ¿Cerramos  Madrid? Expertos hay en  todas partes y en diferentes lugares  se aplican recetas diferentes.  Los máximos gobernantes de todos  los estados del planeta tienen  asesores y técnicos que les sugieren  hacer una u otra cosa. Lo que  pasa es que las recetas se inventan  y se aplican sobre la marcha por  una razón, y es que nunca nadie  que viva hoy se ha enfrentado a  un caso de estas dimensiones. Es  como si cogemos a cien personas  y les damos un kilo de harina, tres  pimientos, una taza de arroz, dos  gambas y cuatro cucharadas de  azúcar y les exigimos que creen  un plato excepcional. Si entre las  cien hay una sola que haga algo  comestible, celebrémoslo y ya lo  mejoraremos en adelante. Luego,  claro que habrá quien tenga más  mano que otros. El presidente de  México, por ejemplo, pretende  salvar la crisis con una estampita  de la Virgen de Guadalupe. Lo  mismo no es el camino, pero vaya  usted a saber, caramba.  


15:30
Comiendo sobre esta hora. Los horarios  y la noción del tiempo son  cada día más elásticos. Mi señora  no me lanza hoy miradas de odio  y eso me da mucho miedo. Algo  no va bien, pienso. La última vez  que me miró como hoy, tenía yo  una conjuntivitis y en lugar de  ponerme colirio me echó en el ojo  unas gotas para no sé qué. Algún  medicamento para la epilepsia de  nuestro perro Pancho, supongo.  Me puso el ojo como una patata y  estuvo varios días riéndose abiertamente  y haciéndome fotos. Mucho  me temo que se avecina otra  de sus venganzas.  


15:57
Ante la inminencia de un ataque  sorpresa, busco un amuleto de la  Virgen de Guadalupe, pero no lo  encuentro, así que enciendo una  vela de cuando fui con Yosi a la  Virxe do Corpiño. De momento  funciona. 


16:45
Parte real de la policía municipal  de Pontevedra, que transcribo  omitiendo los datos sensibles:  “Llaman de la calle tal, número  tal, informando que en el piso X  se lleva a cabo actividad de encuentros  sexuales y ahora mismo  hay tres hombres en el rellano. Se  desplaza una patrulla. Informan que en ese momento no hay nadie  en el rellano. Llaman al piso y  había dos varones que no residen  en esa vivienda ni alegan motivo  alguno de por qué están allí.  Se procede a su denuncia por no  respetar el estado de alarma”. Tenemos  la mejor policía local del  universo, caramba. Me recuerda  esto a otro parte que contaba que  la policía fue requerida en una parroquia  porque un perro no paraba  de ladrar y no dejaba dormir a un  vecino: “Cando chega a patrulla,  todos os cans da parroquia comezan  a ladrar”. 


20:50
Después de aplaudir sigo trabajando.  Pienso luego que a esta  pandemia sobrevivirán casi todos  y todas. Iba a poner “sobreviviremos  “ pero incluirme a mí es mucho  suponer. Pero a la próxima,  cuando llegue una mucho peor,  sobrevivirán los pocos que tengan  cuatro gallinas y un huerto. El futuro  está en la Galiza abandonada y en la España vaciada. Dejar el  campo no fue una gran idea. En  las enormes ciudades los habitantes  carecen de un pozo y un tomate;  de leña, de frutales y de todo  lo que verdaderamente necesita  alguien para sustentarse. Todo es  artificial e industrial. Ése es nuestro  gran drama y en eso pensaré  yo cuando acabe todo esto: en volver  a las cuevas de las que nunca  teníamos que haber salido y convertirme  en cazador-recolector,  ocupar el tiempo libre en pintar  bisontes, amar a la madre naturaleza  y montar una fábrica de pasta  de papel o de barnices en Asia para  hacerme millonario explotando a  niños esclavos, ¡caramba!  


23:00
Mi señora vuelve a mirarme mal  y eso es algo tremendamente relajante.  Apago la vela. Gracias, Virxe  do Corpiño. Compongo un poemilla:  “Virxe do Corpiño, / Virxe  do Corpiño, / ou non. Caramba!”.  Se lo dedico a Mariano Rajoy.

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