Imprimir

Fútbol y cortes de pelo

Galiciae |

Diario de Pontevedra | 31 de octubre de 2017

TAL Y como están las cosas, quizá no convendría abordar un asunto tan delicado y de tanto calado como este. Existen otros muchos temas de los que ocuparse y lo más acertado sería dejar los más controvertidos para ocasiones más propicias. Dicho esto, no es menos cierto que para lo fácil vale cualquiera y que nunca llovió que no escampara y que no por mucho madrugar amanece más temprano. O sea, que ha llegado la hora de abordar en un artículo de opinión la madre de todas las incógnitas: ¿Quién asesora a los futbolistas con sus peinados? ¿Estamos ante una generación de peluqueros psicópatas? ¿Acaso no se hablan con sus madres las estrellas del balón?

Haremos un poco de historia. Cuando uno era chaval, aún más queremos decir, el fútbol eran unos borrones en blanco y negro que perseguía un esférico níveo en la pantalla de un televisor muy cutre.

Ni en sueños se adivinaban las facciones de los jugadores (que revelaban los cromos), ni mucho menos había noticias de su aliño capilar. España no era lugar de jugadores calvos antes de los 80. Más bien proliferaba la cabellera abundante: Hugo Sotil, Ayala, Breitner, Kempes... las bolas de billar surgieron más tarde: Tato Abadía, Dertycia, De la Peña, Gravesen, Zidane, Pepe Reina.

La marcas patrocinadoras no pueden permitir que, tras lograr un gol, la televisión ofrezca un primer plano de alguien con pinta de perroflauta

Los futbolistas aún no ocupaban páginas de las revistas del corazón, no ganaban cuartos a paletadas ni decían estupideces en Twitter. Las medios televisivos, como decíamos, carecían de la precisión que hoy permitiría adivinar la forma y tamaño de cualquier piojo devorador de gomina (una mutación sin duda) que pudiese anidar entre la melena de un delantero centro.

Los futbolistas ven hoy en día su rostro escrutado al milímetro y su resoplar transmitido al mundo entero, a quien llegan también puntualmente sus sesudas reflexiones post partido, tipo: "unas veces se gana y otras se pierde", "el contrario también juega", etc.

Es por tanto comprensible que se hayan convertido en celosos gestores de la imagen que transmiten. La marcas patrocinadoras no pueden permitir que, tras lograr un gol, la televisión ofrezca un primer plano de alguien con pinta de perroflauta. Por ello seguramente es que han subido los salarios de los currantes del balompié una barbaridad: los gastos en potingues, cremas, lociones, champús, un güentos, máscaras faciales, hidratantes, etc, se han disparado una barbaridad. Los cracks esconden en lo más profundo de sus taquillas sus cremas de belleza como si fuesen el tesoro de Rande, para evitar que los copien. Hay algunos que se operan, como cierto ex-lateral culé que se caracterizaba por una frenética búsqueda del peinado perfecto hasta que debió caer en la cuenta de que lo más práctico era pasar por el quirófano.

Nadie juega mejor o peor al fútbol, ni a nada, en función de su corte de pelo, pero hay cortes de pelo que ponen en duda el estado mental de sus dueños. Una cresta de iroqués, por ejemplo, en lo alto de la azotea de un tipo que gana más que todo lo que queda del pueblo iroqués, si es que queda algo, durante dos o tres siglos. Eso no puede ser normal y por tanto no lo es. Son ganas de llamar la atención o de llevar el libre albedrío hasta el terreno de lo absurdo y más allá. Ganas de aparentar una rebeldía que desmienten la chequera, los abogados, los coches de lujo. Pero el corte iroqués está ya más caduco que el huevo de Colón. Ahora se ve cada pelambrera colorida, cada afeitado capilar, cada rasuración extravagante, que tiene que haber un gentío ideando peinados marcianos para los multimillonarios del balompié. Y los no tanto, porque al vestirse de corto la gente pierde la cabeza. O se pierde por la cabeza.

Puede ver este artículo en la siguitente dirección /opinion/galiciae/futbol-y-cortes-de-pelo/20171031172709557343.html


© 2019 Diario de Pontevedra

Lepanto 5, Pontevedra

Tlfno: 986 011 100

(Grupo El Progreso)