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Álvaro Cortés, un portero por empecinamiento

Xurxo G.G. | 12 de enero de 2021

Álvaro Cortés, este lunes en una de las porterías del campo de Xeve. DAVID FREIRE
Álvaro Cortés, este lunes en una de las porterías del campo de Xeve. DAVID FREIRE
Álvaro Cortés comenzó a jugar al fútbol con cinco años en el Rayo Vallecano, pero su madre no le permitió ponerse los guantes hasta los 11 ►Tras su buen debut, el meta huye de los elogios aunque reconoce tener "hambre" de minutos

Hay personas a las que los consejos de sus padres les llevan por un camino en la vida. Y hay otras que se oponen a lo que sus progenitores, con buena voluntad, les recomiendan. A veces, esa rebeldía es una simple respuesta a la negación por la negación. Pero en otros casos, esconde un sentimiento más profundo. Porque hacer algo que uno no siente supone ir contra su esencia.

Cuando Álvaro Cortes (Madrid, 1998) ingresó en el inicio de siglo en la academia del Rayo Vallecano, aprovechando que su hermano ya se formaba con la camiseta de la franja. Mientras el resto de niños soñaban con emular a los MíchelJulio Álvarez, Peragón o Jon Bolo, el pequeño de los Cortés quería ser portero. Pero su madre, preocupada, no le dejaba. Así que Álvaro comenzó más cerca de marcar goles que de detenerlos. Pero el gusanillo de la portería nunca se le fue. "Estuve cuatro años en el Rayo Vallecano. Y cada vez que podía, me colocaba en la portería. Era lo que me tiraba", reconoce Álvaro Cortés, ahora meta del Pontevedra, con el que ha firmado un debut de nivel en los dos partidos de Copa del Rey.

Tras varios años en la cantera rayista, Cortés se fue al humilde San Fernando. Ya en edad infantil, con 11 años, su deseo no había cambiado. Y ya con una edad más propicia por tomar decisiones por sí mismo, se puso por fin los guantes. "Ahí empecé como portero", apunta Álvaro, que curiosamente comparte apellido con Thibaut Courtois, uno de los grandes metas del momento.

Así, después de unos años de buen hacer en la portería, llamó la atención del Leganés. Ya en una gran cantera de Madrid, Cortés fue escalando. Hasta que llegó al filial, donde llamó a la puerta del primer equipo. "Tras subir el equipo a Primera, Serantes se rompe la rodilla y yo subo a entrenar con el primer equipo. Estuve entrenando siete meses con Iago Herrerín y el resto de la plantilla", recuerda Álvaro, que en su expediente cuenta, además, con tres pretemporadas siendo uno más de la dinámica de un equipo de Primera División. "Pude aprender mucho de porteros como Pichu Cuéllar, que al margen de su talento como portero es top como persona", explica el madrileño.

Tras su experiencia en el filial, el pasado curso, en su último año de contrato con el club pepinero, Cortés salió cedido al Sanse. Allí tenía difícil cazar minutos de Segunda B ante la sombra de Xavi Irureta, pero logró arrebatarle la titularidad en varios partidos.

Pero la pandemia llegó. Álvaro se quedó sin poder disfrutar más de la Segunda B y libre para decidir qué hacer unilateralmente. "Sentía que era el momento de vivir la experiencia de dejar Madrid. Quería vivir solo y arreglarme mis problemas, que papá y mamá ya no estuviesen para solucionarlos", expresa el guardarredes. "Me surgió la oportunidad de fichar por el Pontevedra y me pareció muy buena opción, por lugar, nombre del club y proyecto. No me equivoqué para nada. Desde el primer día, toda la gente de la entidad y los compañeros me han tratado súper bien. En Pontevedra estoy genial. Y eso que por la pandemia no he podido disfrutarla al 100%. Además, siempre que ha podido, mi familia se ha escapado para verme. Estamos muy unidos y no hay morriña", apunta.

DEBUT. Tras un debut óptimo ante el Cartagena y el Cádiz, Cortés huye de los elogios y pone el foco en el equipo: "Creo que la buena imagen fue gracias al trabajo de todos. Queríamos disfrutar porque no sueles jugar contra un equipo de Primera, pero nos fuimos con una sensación agridulce. Como deportista eres ambicioso, aunque llegar a los penaltis ya fue una victoria".

Ahora, ya centrado en el futuro, Cortés asegura tener "ganas de más" y cuando se le pregunta por las rotaciones en la portería, él reconoce ser partidario: "No me puedo meter en las decisiones del míster. Pero no veo que sea traumático cambiar a los porteros. Siempre es imposible estar al 100%". Palabra de un portero que pondrá muy dura la titularidad a Mario Fernández, con un expediente prácticamente impoluto hasta ahora.

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