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El éxito de un libro que nos conduce por un itinerario infinito

Irene Vallejo recoge el premio Labordeta de Literatura. JAVIER CEBOLLADA
Irene Vallejo recoge el premio Labordeta de Literatura. JAVIER CEBOLLADA
El año marcado por la obra de Irene Vallejo, El infinito en un junco, ha tenido en la poesía y en varias novelas de mujeres sus cumbres

Este año literario ha venido marcado por el centenario del nacimiento de Benito Pérez Galdós, el también centenario, pero en esta ocasión del nacimiento, de Miguel Delibes, y en el que se editó de manera íntegra la obra de Manuel Chaves NogalesMARTA SANZ. Con ese impresionante telón de fondo y con toda una pandemia marcando los tiempos de editores, autores, lectores y libreros la cosecha literaria habría que calificarla de excelente. Como sucede con toda selección esta será injusta y responde a gustos puramente personales de libros leídos y referenciados en las páginas de este medio a lo largo de todo este año en el que la biografía del Galdós escrita por Yolanda Arencibia y editada por Tusquets (Premio Comillas de biografía); la reedición de la obra de Delibes a cargo de Destino, así como el llamado El libro de Miguel Delibes. Vida y obra de un escritor y los cinco volúmenes de Chaves Nogales a cargo de Libros del Asteroide, justifican la aportación a nuestras letras de estos tres gigantes.

Si un libro define este año este ha sido el ensayo El infinito en un junco (Siruela), deRICARDO MENÉNDEZ Irene Vallejo, una lúcida recuperación del mundo antiguo como germen del libro, de ese objeto que se ha convertido a lo largo de los siglos en un amparo para millones de lectores y una manera de reflexionar sobre nosotros mismos. Irene Vallejo convierte este texto en un infinito que, de manera amena, se adentra en la historia del propio libro desde la antigüedad, conectándolo con nuestro presente y generando así una serie de chispazos que hacen de este libro un enérgico homenaje a lo literario y al mundo clásico, al que cada vez más el nuestro dirige su mirada.

UNIVERSOS FEMENINOS. Marta Sanz con pequeñas mujeres rojas (Anagrama) recupera la memoria como firme asidero desde el que tensar la deuda de esta sociedad con el dolor del pasado, de los sufrimientos que emergen de una Guerra Civil y sus consecuencias todavíCENTROEUROPAa sin solucionar para tantas familias destrozadas por esa violencia soterrada en nuestra sociedad. Ricardo Menéndez Salmón evoca la figura de su padre, o mejor dicho su relación padre hijo en No entres dócilmente en esa noche quieta (Seix Barral). Un valiente ejercicio de introspección personal, que alivia conciencias y ofrece al lector un lacerante recorrido por el ser humano lleno de emociones. Centroeuropa (Galaxia Gutenberg) es otro retrato, a cargo de Vicente Luis Mora, pero en vez de centrarse en un ser humano lo hace con todo un continente. Una Europa que en demasiadas ocasiones aparece agotada de sí misma y aquí mira a su propio corazón repleto de sustratos de aquellos que murieron por ella y que el autor cordobés metaforiza en las andanzas de un hombre por las tierras de la antigua Prusia.

Tres mujeres, Olga Merino, Elvira Lindo y Almudena Grandes, nos dejaron este año tres enormes novelas. Con La forastera (Alfaguara), A corazón abierto (Seix Barral) y La madre de Frankenstein (Tusquets) nos adentramos en tres universos femeninos llenos de fuerza y una poderosa capacidad narrativa. Con la primera de ellas Olga Merino nos sitúa ante la racial historia de una mujer y su vinculación con su tierra; en la segunda, Elvira Lindo nos regala un fragmenLA RAMA VERDEto de su vida con la memoria familiar y de toda una época en España; mientras Almudena Grandes, con el quinto capítulo de sus Episodios de una Guerra Interminable, recupera un mundo femenino maltratado por la sociedad franquista.

Más libros a reivindicar son Poeta chileno (Anagrama) de Alejandro Zambra; Fin de temporada (Seix Barral) de Ignacio Martínez de Pisón; Rewind (Anagrama) de Juan Tallón; Basilisco (Impedimenta) de Jon Bilbao; Madrid (Destino) de Andrés Trapiello, Los europeos (Taurus) de Orlando Figes; Cuentos (Páginas de Espuma) de Carlos Castán y, por supuesto, Simón (Blackie Books) de Miqui Otero, otro de esos libros que han marcado este 2020 por el desparpajo a la hora de hilar una historia llena de vida y vidas.

POESÍA. Otra de las grandes protagonistas de este año es la poesía. Con los premios más importantes de las letras recayendo en diferentes sensibilidadesaunque los mapas poéticas. Desde el Nobel en la norteamericana Louise Glück, con su obra editada en España en Pre-Textos, y cuya retirada de los derechos de publicación a esa editorial ha sido uno de los grandes líos literarios del año; hasta el Cervantes, entregado al gran Joan Margarit, quedando emplazado para el próximo año otro inmenso poeta, Francisco Brines. Y junto a ellos novedades tan emocionantes como La rama verde (Tusquets) de Eloy Sánchez Rosillo, Los desnudos (Visor) de Antonio Lucas, La oscuridad intacta (Pre-Textos) de Dana Giogia; Una vida de pueblo (Pre-Textos) de Louise Glück; Aunque los mapas (Visor) de Raquel Vázquez; Gavieras (Visor) de Aurora Luque y 17 segundos (Visor) de Kirmen Uribe.

El éxito de un libro que nos conduce por un itinerario infinito
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