La sordoceguera no es su mayor reto: Javier García y el Camino de Santiago

Una de las razones por las que se ha embarcado en todas estas aventuras es para dar visibilidad a la sordoceguera  
Javier García Pajares. EFE
photo_camera Javier García Pajares. EFE

Ha escalado alguna de las montañas más altas, tiene un doble grado con la máxima calificación, se ha ido de erasmus a Londres y ha aprendido inglés sin haberlo escuchado nunca: Javier García Pajares es una persona sordociega a la que nada se le pone por delante. Su ultimo reto, el Camino de Santiago.

Perdió la vista y el oído a los 15 años, lo que le supuso un duro golpe que pudo superar gracias a su voluntad y a su entorno, afirma en una entrevista con Efe.

Javier es un chico extremeño de 31 años, alegre, que habla por los codos y que tiene un sentido del humor envidiable. En octubre será padre y se sorprende porque todos los medios quieren hablar con él sobre ello. Javier prefiere hablar sobre sus retos.

El Camino de Santiago, su último desafío 

Explica que todo lo que ha conseguido hasta ahora es porque le gustan los retos pero, sobre todo, porque disfruta haciéndolos. "No es solamente conseguir aquello que te propones, y sí disfrutar con aquello que haces".

Por esta razón no se opuso cuando el tío de su pareja, Javier García Bernal, le ofreció que hicieran el Camino de Santiago juntos en tándem.

"Al principio yo tenía mis dudas, porque nunca había probado el tándem, pero él siguió insistiendo. Tenía mucha ilusión y al final pensé que esa ilusión valía la pena y que lo teníamos que intentar", relata.

La sordoceguera, asegura, no ha supuesto un inconveniente a la hora de relacionarse con la gente. "Hemos interactuado con muchas personas", comenta.

Emprendieron la ruta este mes de julio como cualquier peregrino más porque, aunque su acompañante le ofreció dormir en hoteles para tener habitaciones privadas, Javier insistió en quedarse en los albergues para vivir la experiencia completa y tradicional.

Para comunicarse en la bicicleta tuvieron que diseñar un dispositivo que bautizaron como  'telebraille', que funciona mediante vibraciones.

El 'telebraille' se coloca en el manillar delantero del tándem y se compone de varios botones; según el que pulse el emisor, se envía una vibración a uno de los dedos de Javier, y por cada dedo o combinación de dedos que le vibre, él sabe si tiene que pedalear más rápido, frenar, arrancar...

La sordoceguera, asegura, no ha supuesto un inconveniente a la hora de relacionarse con la gente. "Hemos interactuado con muchas personas", comenta.

"Para poder tener la autonomía personal que yo tengo, por un lado, ha estado mi actitud y mi esfuerzo, pero los apoyos también han sido fundamentales", explica.

Javier utiliza un sistema de comunicación que se llama 'dactilológico en palma', que consiste en que el intérprete deletrea el mensaje sobre la palma de la mano de la persona sordociega, adjudicando un signo a cada letra del abecedario.

Cuando se encuentra con alguien que no conoce este sistema, pide que le escriban letras mayúsculas con el dedo en la palma de su mano, o pone el dictado del móvil para que transcriba lo que dice la persona y, con la ayuda de un ampliador y el resto visual que aún tiene, lo puede leer. 

Visibilizar la sordoceguera

Una de las razones por las que Javier se embarca en todas estas aventuras es para dar visibilidad a la sordoceguera y así conseguir que la sociedad, y sobre todo las administraciones, se impliquen más en hacerles su día a día más sencillo.

"Para poder tener la autonomía personal que yo tengo, por un lado, ha estado mi actitud y mi esfuerzo, pero los apoyos también han sido fundamentales", explica.

Con la ayuda de los técnicos de rehabilitación de ONCE consiguió aprenderse los recorridos que necesitaba en su rutina, como ir al supermercado, y gracias los servicios de guía interprete ofrecidos por la Federación de Asociaciones de personas Sordociegas de España (Fasocide) es capaz de realizar actividades básicas como hacer las gestiones del día a día o ir al médico.

Aunque Javier pueda desenvolverse de manera natural en su día a día, alerta de los numerosos obstáculos que se encuentra por la falta de accesibilidad y recursos.

Para este entrevista con Efe, Javier está acompañado por Cristina Fernández Villar, de Asocide de la Comunidad de Madrid, que traduce en su mano las preguntas del periodista a velocidad del rayo. Para contestar, se desenvuelve sin problemas.

Javier explica que, aunque haya personas sordociegas que, como él, son capaces de llevar una vida "totalmente normal", otros se encuentran con muchas dificultades porque no hay "ni los recursos ni los medios necesarios". 

Barreras para llevar una vida plena

Aunque Javier pueda desenvolverse de manera natural en su día a día, alerta de los numerosos obstáculos que se encuentra por la falta de accesibilidad y recursos.

Lo principal, apunta, son las barreras en la movilidad por la escasa accesibilidad en el transporte público, principalmente en los autobuses, ya que la mayoría de las estaciones no cuentan con un servicio de asistencia y acompañamiento a personas con movilidad reducida.

Por otro lado, explica, le gustaría poder acudir a charlas o realizar actividades deportivas, pero no puede porque el servicio de guía intérprete solo se presta para actividades consideradas básicas.

Por esta razón reivindica la necesidad de que la sociedad y las administraciones conozcan a este "colectivo, sus necesidades y toda la diversidad que hay en él para garantizarles asistencia. Es necesario para que las personas sordociegas puedan llevar una vida plena". 

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