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Viticultores do D.O. Rías Baixas "non atopan" temporeros para esta colleita

Foto a Manuel Dopazo en sus vinedos de Dena
Manuel Dopazo, nos seus viñedos. DAVID FREIRE
Temporeros habituais renuncian a vendimiar para non perder as súas prestacións e centos de universitarios quedan fóra da campaña polo adianto do curso escolar

Encontrar un vendimiador que ayude a sacar las uvas del viñedo y a manipularlas hasta el llenado de las barricas se ha convertido en ardua tarea. Tanto si es amateur como experimentado, y a pesar de que el pago por jornada se ha revalorizado en los últimos años. La vendimia está falta de mano de obra.

El secretario comarcal de Unións Agrarias (UU. AA.) en O Salnés, Manuel Ángel Dopazo, advierte de que "todo el mundo está buscando personal" para afrontar la cosecha y que "muchos no encuentran". ¿Por qué? La respuesta comprende distintos factores que, sumados entre sí, han ido cronificando y agudizando la carencia de vendimiadores en las Rías Baixas.

Las inspecciones lastran la colaboración de familiares y vecinos

Uno de ellos es que muchas personas que actuaban como temporeros están percibiendo ayudas no contributivas y, dado que desde hace un tiempo para aquí es obligatorio darse de alta para participar en la vendimia, rechazan el trabajo con el fin de conservar este tipo de retribuciones. El sector ha reclamado a la Administración que en estos casos se autorice la contratación parcial para que ese ingreso mínimo alcance las cotas de un salario, pero por lo de pronto la petición ha caído en saco roto y los afectados "dicen que no se arriesgan a perder la ayuda por trabajar unos días o una semana".

Unións Agrarias también ha comprobado que las empresas de trabajo temporal con las que suelen trabajar las grandes bodegas «están con mucha falta de personal» y que la población universitaria ha tenido que declinar la invitación a participar en la recolecta por el adelanto del curso escolar.

"Antes la universidad empezaba a mediados de septiembre, por lo que a los jóvenes les daba tiempo a vendimiar y ganarse un dinero para tener en el curso. Pero hoy empiezan a principios de septiembre por lo que, aunque quieran ir, ya no pueden. Una pena y un problema, porque representan un colectivo muy amplio. Son cientos de chavales que han desaparecido de la vendimia", indica Dopazo.

INSPECCIONES DE TRABAJO. La penalización de la colaboración de parientes y vecinos es otro de los factores que frustra la captación de manos para la cosecha. Antiguamente las familias de los viticultores "se ayudaban entre sí", pero las inspecciones de trabajo han acabado con esta práctica. Ahora solo pueden arrimar el hombro los convivientes del viticultor. El resto debe darse de alta.

Además, el secretario comarcal de UU. AA. opina que tampoco ayudan las condiciones en las que subsisten las nuevas generaciones, en las que ha crecido el número de jóvenes que reciben aportaciones dinerarias de sus padres o familiares. "Ahora tienen ingresos, no necesitan salir a buscarlos".

La situación lleva a este viticultor a concluir que la falta de relevo generacional abocará a la denominación a recurrir a la contratación de trabajadores extranjeros como ocurre en otras plantaciones agrícolas de la Península. "De hecho, ya hay algunos trabajando, aunque no tanto como en el sur".

La falta de manos ha empujado a algunos productores a colgar carteles en farolas de la ciudad pontevedresa anunciando la búsqueda de operarios para la vendimia. Entre ellos, los de una familia de la zona de O Salnés, que se han visto obligados a demandar ayuda externa "fuera de nuestra zona, porque donde cultivamos no hay mucha población y todos prevemos recoger la uva en el mismo momento".

"Mirando al cielo"
La previsión de la mayoría de las bodegas es iniciar la vendimia entre el 10 y el 15 de septiembre, aunque si la amenaza de lluvia es seria, la recolecta podría adelantarse. "Todos estamos mirando al cielo, porque nos jugamos los ingresos de todo el año", indica Dopazo. La acidez de la uva está un poco alta y el grado un poco bajo, de ahí que la mayoría prefiera alargar la maduración.

Es el precio que se está ofreciendo por cada kilo de uva pendiente de colocar en el mercado, aunque la mayoría de los productores tienen contratos cerrados a 3 o 5 años.

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