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El ternero que quiso la libertad

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Un becerro que buscaba libertad tuvo en jaque a múltiples habitantes de la parroquia de Alba durante la mañana de ayer. A su llegada al Matadero Municipal y aprovechando una trampilla mal cerrada, el animal puso patas en polvorosa y transitó alegremente por varias fincas de la parroquia.

La ‘persecución’ del ternero, que casi se convirtió en una atracción, se prolongó durante más de una hora y contó con efectivos de la Policía Local y Autonómica. Pero antes de que el dispositivo trabajase en conjunto, hubo quien se acercó a una vivienda y se dirigió a la propietaria para pedirle un favor: “No tendrá usted una escopeta para pegarle un tiro, ¿no?”. Todavía no eran las diez de la mañana cuando Policía Local recibió una llamada de un vecino que dio la alerta sobre la situación. A su llegada, los agentes se toparon con un grupo de matarifes que intentaba dar caza al ternero.

El animal escapó de los trabajadores del matadero durante un buen rato y se distanció considerablemente de las instalaciones municipales, hasta que llegó a las inmediaciones de una finca privada, a la que no pudo acceder por la existencia de un muro, quedando atrapado en un pequeño riachuelo, afluente del río Rons. La maleza y la existencia de elementos de contención redujeron los movimientos del ternero que se convirtió en la entretenimiento de los vecinos de la parroquia. Aunque apenas podía moverse, al improvisado operativo de búsqueda no le resultó nada fácil darle captura.

“Al parecer lo tenían acorralado en la iglesia, pero cuando lo iban a atrapar se escapó y vino a parar aquí. Resulta que es un ternero es bravo, así que cualquiera se atreve a cogerlo”, relató la vecina de la casa más cercana al río. La primera medida que tomó la mujer al percatarse de la situación fue guardar a su perro. Después comenzó a colaborar en las tareas de captura. Cuerda y palos largos con cañas fueron los elementos que empleó el equipo encargado de la captura del animal para poder echar el lazo al becerro. Para poder amarrarlo se hizo incluso necesario romper parte de una verja de una vivienda particular, pegada a la carretera de Santiago.

El acontecimiento se convirtió en un espectáculo. Los conductores aparcaron sus coches en la orilla de la vía para ver qué ocurría, mientras que otros vecinos acudían a pie para poder ver la captura en primera fila. “Estuve a punto de cobrar un euro a la gente que quería entrar para verlo”, bromeó la propietaria de la casa. Aunque durante un buen rato se convirtió en una pesadilla para los matarifes y otras personas que se incorporaron al equipo de búsqueda, poco duraron las ansias de libertad del becerro, de seis meses. Una vez capturado fue conducido, de nuevo, a la parcela que ocupa el matadero, de la que ya no pudo volver a escapar.

El ternero que quiso la libertad
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