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El caso del Titán, visto para sentencia

Juicio Titan se retoma hoy
Nélida Cid, magistrada de la Audiencia y presidenta del tribunal, tiene ahora en sus manos el destino de los acusados por el alijo de cocaína. GONZALO GARCÍA
El fiscal Antidroga, Pablo Varela, solicitó penas aún más duras para los presuntos narcos que negaron los hechos, como Jacinto Santos Viñas. Al mismo tiempo, retiró dos acusaciones por escasez probatoria y consideró cómplices a dos mujeres: la esposa de Santos y la pareja de Mario O., financiador del alijo que confesó el crimen

A falta de los informes de las defensas (salvo una, que ya intervino este miércoles), el macrojuicio por el alijo de 1,7 toneladas de cocaína incautadas en el Titán III en agosto de 2018 está visto para sentencia. El fiscal Antidroga, Pablo Varela, expuso en su turno de conclusiones definitivas sus nuevas peticiones de pena, así como los motivos (falta de prueba suficiente) que le llevaron a retirar la acusación contra Juan Carlos Caeiro y Santiago Ibáñez, que se levantaron del banquillo y se fueron. Para los 17 restantes, las solicitudes de cárcel que presentó el Ministerio Público variaron, en muchos casos, respecto a la posición inicial.

Así, quienes defendieron su no participación en los hechos, por lo general, se llevaron una calificación aún más agravada. Eso es lo que le ocurrió a Jacinto Santos, histórico del narcotráfico gallego y a quien su estrategia de decir que solo prestaba su casa para que otros narcos se reuniesen no le funcionó en absoluto. Se enfrenta ahora a 12 años y medio de cárcel.

undefinedLa mayor pena, sin embargo, no recae sobre sus hombros, sino sobre Pedro R., presunto patrón del Titán III, para el que el fiscal pide 13 años y medio de prisión. En el otro lado de la balanza se halla Mario O., financiador confeso del operativo y enlace entre los gallegos y el Mayor Carvalho, alias Paul Wouter (dueño de la droga y que consiguió que la Audiencia le diese por muerto para evitar ser juzgado en este proceso). La Fiscalía valoró su colaboración y redujo a once años y nueve meses la petición de cárcel para él.

También se beneficiaron de modificaciones María N. y Alicia M., parejas de Santos Viñas y de Mario O., respectivamente. Pasan a ser consideradas cómplices, por lo que se exponen a tres años y medio y cuatro años y medio de prisión, respectivamente.

Otro que podría salir beneficiado es Víctor Manuel Pérez Santos, para el que el fiscal ofrece una alternativa como supuesto conspirador, en cuyo caso le corresponderían cinco años de cárcel, si bien como primera opción mantiene los nueve años que solicitaba al principio.

En cuanto a los más perjudicados de las modificaciones, además del citado Santos, destacan Luis Manuel R.P., que ahora se enfrenta a diez años; Serafín P., que se expone a once años y tres meses, y Daniel O.T., para el que ahora se solicitan once.

Juan Carlos Caeiro y Santiago Ibáñez quedaron exonerados tras la práctica de la prueba a instancias del Ministerio Público

Por último, obtuvieron reducción en su petición de pena (algo de gran importancia, pues no pueden ser condenados a más de lo que pida el fiscal, sí a menos) las personas vinculadas al barco Titán III (tripulantes) así como Manuel Ángel S. y Bachir E., supuestos encargados de recoger el alijo en una segunda embarcación de nombre Sempre Cacharelos. El fiscal deja sus peticiones definitivas en siete años y medio de prisión.

El juicio, tan largo como se esperaba, tuvo como hilo conductor la intervención del jefe de la investigación, el entonces responsable del Grupo II del Greco Galicia de la Policía Nacional, Alfredo Díaz. El inspector, en una comparecencia maratoniana, explicó con todo lujo de detalles la participación de todos los investigados en el intento de introducción en Galicia de las 1,7 toneladas que transportaba el Titán cuando, averiado y a la deriva, fue abordado en medio del Atlántico.

El policía relató los primeros intentos por parte de algunos de los que se sentaban en el banquillo encaminados a conseguir la infraestructura precisa para introducir el alijo. En esa fase inicial aparecieron Los Charlines. El mismísimo patriarca del clan, Manuel Charlín Gama, y su hijo, Melchor, estuvieron en el ajo, según declararon algunos de los procesados. Sin embargo, no pudieron aportar lo que se les pedía para entrar en el negocio. Incluso sufrieron una paliza por parte de personas "con acento sudamericano" en aquella época.

Cuando el cargamento de cocaína era ya una realidad y los narcos se habían hecho con el Titán III para realizar el transporte, emergió la figura de Jacinto Santos Viñas, que cuenta entre su historial con la participación en el mayor alijo jamás incautado en un barco: los 36.000 kilos de hachís del Volga, hace ya tres décadas. A su alrededor se gestaron reuniones con distintas personas vinculadas con el tráfico de cocaína vigiladas muy de cerca por los Greco de la Policía Nacional. Así hasta que, en un momento dado, el empresario boirense Mario O., uno de los que ponía el dinero para la operación, se presentó en Meis con un brasileño de pelo canoso y hasta entonces desconocido. Venía de Marbella, donde residía en una lujosa mansión. Respondía al nombre de Sergio de Carvalho, pero manejaba la identidad de Paul Wouter.

Todos ellos fueron detenidos en agosto de 2018, al mismo tiempo que se abordaba la embarcación con la droga. La mayoría se sentaron en las últimas semanas en el banquillo de la Audiencia. Se libraron de ello Los Charlines. También el capo Carvalho, que aprovechó su libertad para fugarse. La historia continúa.

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