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Eva Fernández: "A veces solo vemos la parte idílica del parto"

Gon Entre as 9 e as 14.00 horas. Secretaria de Obstetricia do Hospital Provincial (pola porta principal). Foto de entrevista a Eva Fernández, primeira xinecologa muller do Hospital Provincial que se xubila tras 40 anos exercendo., jueves, 3 jun · 9:00–10:00
Eva Fernández. ARCHIVO
La ginecóloga se jubila tras 40 años de servicio en el Hospital Provincial de Pontevedra. Cuando entró, en 1980, era la única mujer del servicio

¿Por qué se hizo ginecóloga? 
Yo empecé la especialidad en el año 80. Me gustó mucho la obstetricia cuando hice las prácticas en Vigo. Allí vi varios partos y me impresionaron, me pareció una especialidad bonita. Ayudar en un parto a la madre y que todo transcurra normal es maravilloso, una alegría. Es el día más importante para los padres, pero a ti también te marca. Me pareció una especialidad muy alegre. Después, al conocerla un poco más, vi luces y sombras, porque un parto evoluciona bien hasta que puede surgir cualquier complicación y hay que tomar decisiones rápidas para que ni el niño ni la madre tengan problemas. A veces solo vemos la parte idílica de los partos, pero pueden ser muy estresantes. No todo es de color de rosa. 

Fue la primera mujer ginecóloga en el Hospital Provincial. 
En aquel momento sí, ahora ya hay más mujeres que hombres. Con los compañeros y mis jefes siempre me sentí muy bien, pero a la gente aún le costaba aceptar que una mujer fuese ginecóloga. Me confundían con la enfermera. Después de pasar las visitas, muchas veces me preguntaban cuando iba el médico. Si iba con un residente lo miraban a él, en vez de a mí. Con los años fue cambiando. En aquel momento, quitando las personas que tenían más medios, había muy poca atención. Llegaban mujeres que en todo el embarazo solo se habían consultado una o dos veces. 

Es importante saber que entonces el Provincial era de beneficencia, para las personas que no tenían acceso a la Seguridad Social. 
Sí, atendía de beneficencia y algunos seguros para militares. En 1986 se promulgó la Ley de la Sanidad Universal, pero hasta entonces no todo el mundo tenía acceso a la sanidad. A partir de ahí, el Hospital Provincial se sectorizó y comenzó a atender a la gente de la zona de O Salnés, Arousa y O Deza. En el 2000 nos unificaron con Montecelo y, entonces, Ginecología y Pediatría se quedaron en el Provincial. Iba a ser provisional porque ya se hablaba de un hospital único que no ha comenzado a construirse hasta ahora. Han pasado ya 20 años. 

Me siento orgullosa de ser de la generación que consiguió avances como la sanidad universal o el acceso a la anticoncepción

¿En los 80 todavía costaba recetar anticonceptivos? 
Hasta 1978 estaba prohibida la prescripción y la publicidad de cualquier método anticonceptivo. Después se legalizó la píldora pero se recetaba por motivos de salud, no como forma de evitar el embarazo. Con esa excusa las mujeres conseguían acceder a ella, fingían dolores con la regla para que se la recetasen, unas amigas se las pasaban a otras… Además, eran muy pocas las farmacias que vendían preservativos. En cuanto a la ligadura de trompas, era todavía más patético. España era uno de los pocos países que la penalizaba hasta 1983, junto a Birmania, Arabia Saudí y Somalia. Cuando se consideraba que había riesgo para la madre después de varios partos por cesárea, sí se recomendaba la ligadura de trompas porque otro embarazo era peligroso. Sin embargo, para poder hacerla había que pedir permiso al marido. Tuve casos de hombres que no firmaban el consentimiento de la intervención de su esposa porque su madre había tenido nueve hijos y su esposa solo llevaba cuatro, por ejemplo. Y aun después del 83, había médicos que lo consideraban una «grave mutilación» y se hacían objetores, incluso dentro de la red pública. 

Es algo parecido a la polémica en torno a la interrupción voluntaria del embarazo. 
Es un debate que vuelve. Cuando salió la píldora del día después tenía que darse por prescripción médica. Pero eso lo que provocaba era una saturación de las urgencias. Yo llegué a atender a 17 mujeres en una Navidad, todas por la píldora del día después. Cuando se permitió que se consiguieran en cualquier farmacia se liberó el hospital y supuso un paso más. Creo que con los años hemos avanzado mucho hacia la libertad de las mujeres y el derecho a una gestación deseada. 

¿Sabría calcular cuántos bebés ha traído al mundo en 40 años? 
Es un cálculo difícil. Cuando estábamos sectorizados teníamos unos 600 partos al año. Al fusionarnos en el 2000, unos 1.800, y ahora andamos por los 1.300. Pero hacer la suma de cuántos de esos vi yo concretamente es imposible. Hablamos de bastantes miles. 

¿Tenía ganas de jubilarse? 
Me produce un cierto vértigo tras 40 años. Pero creo que me dará más libertad y tiempo para la familia. Se jubilan dos compañeros más, Florencio Martínez Fortes y Celso Rodríguez Martín. Siempre digo que hay una edad en la que debemos dar paso a los más jóvenes y el relevo viene con muy buena formación. Pero nunca dejaré de ser ginecóloga, esta profesión me aportó mucho. Al ser de una generación que vivió con tantas prohibiciones -y con tantas cosas todavía por conseguir- me sentí muy involucrada para conseguir avances. Si miras hacia atrás, ves cómo empezamos y dónde estamos ahora, te das cuenta de que hemos mejorado mucho. La gente no es consciente del mérito de haber conseguido una sanidad universal, que tenemos solo desde el año 86, una legalización de los métodos anticonceptivos sin permiso del marido, una red de centros de orientación familiar. Me siento orgullosa de ser de la generación que hizo que todo esto se consiguiera. Quiero dar las gracias, además, a todo el servicio, a todos los estamentos sin excepción, porque fueron compañeros y también mi mayor apoyo. He tenido seis jefes de servicio y también fueron todos excepcionales.

Eva Fernández: "A veces solo vemos la parte idílica del parto"
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