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PONTEVEDRANDO... EL BAR MÁS PAVERO

El bar más Pavero

Interior del bar El Pavero sito en el Campillo de Santa María. ALBA SOTELO
Interior del bar El Pavero sito en el Campillo de Santa María. ALBA SOTELO

Este sitio me encanta. El Pavero abrió hace cosa de dos años en el Campillo de Santa María, un local que siempre fue bar y que a lo largo de las décadas ha ido evolucionando hasta acabar en Manos de Malú y Cora. Cora es nuestra Cora Velasco, actriz, compositora y cantante de prodigiosa voz y merecida fama, que pronto sacará nuevo disco y cuando no anda de gira o en estudio suele pasarse por el Pavero para echar una mano y saludar. Malú es la madre de Cora, que eso en Pontevedra es más importante que ser la madre de Dios.

Traemos al Pavero a esta sección porque es mucho más que un bar. Un ejemplo de que se pueden hacer muchas cosas por esta ciudad desde muchos lugares diferentes. Es una referencia cultural, más bien contracultural, que da cabida a mucha gente y cubre los poquísimos huecos que deja la agenda pontevedresa, a veces demasiado elitista y endogámica, dando voz y protagonismo a chicos y chicas que encuentran ahí una plataforma para desatar sus inquietudes artísticas o sociales o dar a conocer su obra.

Programan una o dos actividades al mes. "Non se trata de programar por programar. Ten que haber un criterio". Y lo hay, claro. Cada cierto tiempo montan una jornada de Micro aberto, en la que los grupos pontevedreses o los solistas se turnan para mostrar sus canciones. Yo estuve en la última y lo disfruté a lo grande, como loco, ante tanto talento emergente como tenemos en Pontevedra.

Cada cierto tiempo montan una jornada de Micro aberto, en la que los grupos pontevedreses se turnan

Hacen también pinchadas con DJ, presentan libros o montan exposiciones, ahora mismo una maravilla sobre camisetas reivindicativas. Y el entorno es un prodigio. Cuando eligieron ese local lo hicieron por varias razones: una de ellas, que les encantaba el Campillo y ese local en concreto. Y otra, que apostaban por revitalizar una zona que había quedado medio desértica y necesitaba un revolcón. Hoy, en buena parte gracias al Pavero, el Campillo se llena de familias con niños y mascotas que disfrutan de tardes deliciosas, de un parque hermoso, de un espacio histórico, entre la antigua muralla, las ruinas de la casa-torre de Tristán de Montenegro y la fachada más hermosa de nuestra ciudad, que es la de Santa María.

Hay otra cosa, y es que el Campillo es uno de los escasos espacios que no están masificados. A usted, como a mí, le encanta el bullicio de A Verdura o de Méndez Núñez, pero de vez en cuando viene bien un poco de tranquilidad en un lugar relajante, donde todo parece ocurrir más despacio y el Campillo es un lugar para eso, para relajarse, para pasear entre caña y caña, para oxigenarse, para dejar a los niños y niñas a su aire. No todo va a ser pasar el tiempo libre en espacios saturados.

El Pavero se ha integrado en ese espacio. Le juro a usted por lo más sagrado, que cuando en la Edad Media alguien diseñó ese parque lo hizo con la única finalidad de que tarde o temprano abriera ahí el Pavero, un local sano, alegre y comprometido, que lo mismo da voz a los músicos pontevedreses que organiza una xuntanza vegana en compañía del santuario de animales Vacaloura para recaudar fondos para nuestros animales heridos, maltratados o abandonados, que eso es una maravilla.

Este año celebrarán el Samaín con una fiesta mexicana a la que por supuesto asistiremos usted y yo, porque somos personas inteligentes y responsables y sabemos lo que nos conviene. Imagínese lo bien que lo vamos a pasar, en una fiesta mexicana en el Pavero y con todo el Campillo para hacer el mexicano, algo que yo hago la mar de bien como mexicano de nacimiento que soy.

En el Pavero tienen su propia cerveza, la Pavera, que les sirve para escenificar algo que todos sus clientes saben: que no es un bar más, que Malú y Cora tienen una manera alternativa de hacer las cosas y no se limitan a servir y cobrar, sino que regalan a Pontevedra mucha actividad cultural, mucha alegría y buen rollo, y ofrecen un espacio a quienes, como hoy Cora Velasco, serán el día de mañana nuestras referencias artísticas.

El Pavero es especial. Uno no sabe si es el Pavero el que se integró en el Campillo o el Campillo el que se acopló al Pavero. No es lugar, como tantos otros, para pasar una hora, sino una tarde. Todo el Campillo es el Pavero y viceversa, todo el Pavero es el Campillo. Hay ahí vida de la de verdad, la que nos permite disfrutar de nuestra ciudad de una manera diferente, en un espacio inspirador donde infantes, adultos y ancianos pueden soltarse y vivir de verdad durante unas horas, que si hay algo que se nos está olvidando últimamente es eso: respirar y vivir.

El bar más Pavero
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