EFECTO PO2

Regreso al caos

No, no deben legalizarse locales que no cumplen las normas más elementales, como tener un extintor
Vista aérea de la zona monumental de Pontevedra. GONZALO GARCÍA
photo_camera Vista aérea de la zona monumental de Pontevedra. GONZALO GARCÍA

Que me perdone la oposición al Gobierno pontevedrés, pero están resbalando peligrosamente con la propuesta de modificar el Peprica, un plan de protección a la Zona Monumental pontevedresa desde hace tres décadas y que viene funcionando de manera efectiva desde hace 25 años, aunque se desarrolló a lo largo del tiempo porque no era cosa de resolver en cinco minutos. Aquello nos costó un trabajo muy laborioso. Mucho debemos a la aplicación de ese plan. Yo no sé si usted es tan mayor como yo, pero como creo que no, le cuento: La Zona Monumental de Pontevedra, obviamente la más antigua, la Pontevedra primigenia, estaba convertida en una porquería. Lo sé, entre otras cosas, porque en esa época yo vivía en la Rúa Laranxo, colindante con las escaleras de San Bartolomé, uno de los grandes supermercados de la droga en una etapa en la que la heroína mataba a gente a diario. Pero también estaba O Campiño de Santa María, o Campolongo, o Barcelos, entre otros lugares. Vivimos una época en la que la gente se inyectaba heroína en las escaleras de San Francisco, se lo digo por si no lo vivió, o porque haga memoria si lo vio.

Para nosotros era normal. Entre garitos en los que campaban los camellos nos movíamos para llegar a los locales de copas, muchos de ellos de moda, y por el camino atravesábamos ese inframundo en el que escondíamos el dinero entre los testículos o en un zapato para esquivar a los yonquis que nos sacaban una navaja mientras nos pedían que vaciáramos los bolsillos. Así eran las cosas, y si alguien puede desmentirme le ruego que lo haga a lo grande, en plan Pitufo Gruñón.

Todo eso desapareció. Tardó un tiempo, que hay cosas que no se pueden cambiar así como así, pero se logró, y en buena parte fue porque se aplicaron las medidas dictadas por el Peprica, que facilitaron mucho las cosas. El Peprica se modificó en diversas ocasiones, en mi opinión siempre siguiendo el espíritu de la norma: hacer más habitable la Zona Monumental.

Pero ahora, ni idea del porqué, la oposición exige que se vuelva a modificar el Peprica para legalizar locales que no cumplen normas de licencias, de aforos, de horarios ni de decibelios, ni de seguridad ni de ninguna otra cosa. ¿Estamos tontos? Legalizar esos garitos de mala muerte significaría que cualquier otro señor, ateniéndose a esa absolución, alquile un bajo y monte un mercadillo.

Es por eso que ni los vecinos, ni los comerciantes ni los hosteleros que cumplen las normas a rajatabla, apoyan esa iniciativa de resituar a la Zona Monumental como un territorio comanche en el que todo está permitido para favorecer a cuatro empresarios, que con todos mis respetos, tienen que cumplir o cerrar. Y eso abre una etapa chunga, hay que decirlo. Si a ellos se les permite bailar sobre el reglamento, cualquiera podrá hacerlo, y esa Zona Monumental que hoy es un lugar de convivencia y de tranquilidad, se convertirá nuevamente en un infierno, puede que no tan incendiario como el que era en los 90, pero por algo se empieza. Lo cierto, eso que vaya para los promotores de la iniciativa, es que las cosas no están tan mal. Tenemos cuatro garitos que no cumplen las normas a día de hoy, pero que tampoco son especialmente perseguidos porque no suponen un problema de seguridad. Es una situación menor vigilada y controlada.

Hoy nos ponen ante una disyuntiva peligrosa: o los legalizamos o los chapamos. Si los legalizamos abrimos la puerta a otras dos o tres docenas de locales chungos en los que nadie quiere ver a su hijo atravesando la puerta de ida ni de vuelta. Entonces los chapamos todos y apostamos una cena a ver dónde van a ubicarse dentro de dos semanas. Eso ya lo hemos visto y siempre ha salido fatal. A veces es mejor tener una situación controlada, por desagradable que sea, que dirigirnos al caos. No, no deben legalizarse locales que no cumplen las normas más elementales, como tener un extintor, cumplir con los horarios, pagar los veladores o tener una licencia para llenar una plaza de mesas o de barriles. No, no puede ser. No podemos crear una licencia para hacer legal que un bar tenga la calle llena de borrachos chillando de madrugada mientras los vecinos tratan de descansar.

La Zona Monumental de Pontevedra es una preciosidad que hace tres décadas estaba totalmente degradada. La salvamos de milagro, en tiempo de descuento. Y no, no hay argumento que justifique que queramos devolverla al pasado de los camellos y los adictos señoreándola como si fuese suya. Va a resultar que quienes, con razón, se quejan del aumento de la violencia en A Ferrería, nos proponen volver a aquella etapa tan negra en la que algunos perdimos a un buen puñado de amigos y el dinero o el reloj que nos robaban. Nadie salió ganando nada. Fue una generación asquerosa a la que es conveniente que nadie quiera volver, por el amor de Dios.

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