Jóvenes innovadoras

"Somos nuevos en el emprendimiento, pero no somos tontos"

Quien no arriesga no gana y si no que se lo digan a todos aquellos que, en tiempos convulsos, deciden emprender. Y si quien lo hace es una persona joven, las trabas se multiplican. Dos mujeres pontevedresas relatan las complicaciones con las que se han encontrado a la hora de poner en marcha sus negocios
Nuria Pintos, en el local El Escondite del Búho. GONZALO GARCÍA
photo_camera Nuria Pintos, en el local El Escondite del Búho. GONZALO GARCÍA

No es fácil emprender a día de hoy, y menos aún si quien apuesta por hacerlo es una persona joven. Los novatos suelen tener muchas más trabas a la hora de adentrarse en el mundo de los negocios. Y si quien decide hacerlo es una mujer, todavía más. Pero a pesar de todas las dificultades y complicaciones que presenta actualmente el mundo laboral, hay quienes deciden dejar de lado todos los miedos y las inseguridades y luchar por encontrar su hueco en el mundo del emprendimiento.

Nuria Pintos es un claro ejemplo de esto. Con 26 años, inauguró el pasado viernes en Pontevedra su cafetería, El Escondite del Búho, un negocio situado en la calle Joaquín Costa y que llega a la ciudad del Lérez con ganas de consolidarse en el sector hostelero.

 

"Siempre me llamó la atención el ser emprendedora y el mundo de la hostelería. Durante años estuve buscando locales para poder iniciar este proyecto y ahora me apareció esta oportunidad", explica la joven.

La decisión por emprender no fue fácil. Pintos recuerda que decidió hacerlo tras un duro momento laboral. "Yo trabajaba en un almacén como operaria de logística y estaba sufriendo un caso de acoso laboral muy importante en la empresa en la que estaba. Esta idea ya me rondaba la cabeza desde hacía mucho tiempo pero me costó dar el paso", asegura.

Nuria Pintos. El Escondite del Búho
"Me preguntaban si estaba segura de dónde me iba a meter, pero con ilusión se puede llegar al fin del mundo"

"Las ganas y la ilusión de darle un cambio de imagen a este local y de seguir la temática que se está llevando ahora en Pontevedra de desayunos y meriendas con tortitas y tostadas" fue justamente lo que le animó a arriesgarse.

"Además de tener un ambiente muy cuco, quiero que este sea un local donde poder pasar los domingos, porque en esta ciudad no hay nada que hacer estos días. Mi intención es poner libros, juegos de mesa, organizar presentaciones de libros e incluso me han contactado de una empresa de Vigo que hace eventos para solteros", anuncia la empresaria.

Pero, ¿ha sido fácil llegar hasta aquí? La pontevedresa reconoce que lo que más le costó fue "que la gente me tomase en serio".

Nuria Pintos. El Escondite del Búho
"Los bancos me pusieron trabas cuando pedí financiación. Son muy aprovechados, sobre todo si te ven joven y sin experiencia"

"Todo el mundo me preguntaba si estaba segura de dónde me iba a meter, me decían que la hostelería era un sector muy complicado... pero yo creo que con ilusión se puede llegar al fin del mundo, y en ello estoy", afirma.

Las mayores trabas, añade, "me la pusieron los bancos la hora de pedir financiación". "Son muy aprovechados, sobre todo si te ven joven y que no tienes experiencia, pero la gente tiene que entender que sí, somos jóvenes y somos nuevos en el mundo del emprendimiento, pero no somos tontos".

Hidromiel pontevedresa: "Parece que el producto gusta"

Irene Outeda, en Hidromiel Fenrir Galicia. DP
Irene Outeda, en Hidromiel Fenrir Galicia. DP

Dos años menos que Pintos, 24, tenía Irene Outeda Bos cuando decidió poner en marcha Hidromel Fenrir Galicia, una empresa que nació en el año 2020 con el objetivo de revalorizar la gastronomía gallega mediante la recuperación histórica de esta bebida mitológica, que está fermentada a base de agua y miel.

"Empecé con este proyecto antes de la pandemia pero con la covid todo se retrasó. Comencé con el papeleo justo después del confinamiento, animada por mi marido, y fue entonces cuando me puse a tantear el mercado para ver si realmente era fiable el producto. En aquel momento en Galicia no había ninguna empresa que se dedicase a la fabricación de hidromiel y en España eran muy poquitas las que había, así que era algo arriesgado. Después de ir a varios eventos y comprobar que mi producto se agotaba, llegó el momento de lanzarme", recuerda la joven.

Irene Outeda Bos. Hidromel Fenrir Galicia
"Me veían muy niña como para emprender pero yo quería que me tratasen como una adulta que quería crear una empresa"

En ese momento, Outeda decidió meterse en el vivero de empresas de la Deputación de Pontevedra, en Barro, y es ahí dónde continúa cuatro años después. "Parece que el producto gusta, tengo dos premios internacionales y ahora mismo, como se me termina la concesión en el vivero de empresas, me voy a dar un tiempo para asentarme en el nuevo local y ver cómo va a funcionar la empresa a partir de ahora para que tenga futuro real, no solo un pequeño proyecto, y que tenga objetivos más a largo plazo. Mi ilusión es seguir representando a Galicia en el mundo del hidromiel", confiesa.

Sus inicios, al igual que los de Pintos, tampoco fueron fáciles. "Tuve muchísimos problemas a la hora de conseguir un local. Con el desconocimiento que había sobre este producto, me ponían muchísimas dificultades para poder instalarme en un establecimiento, y en vez de informarse sobre lo que es el hidromiel, me decían que no podían darme los permisos", confirma Outeda.

 

Cuando buscó proveedores para este negocio, asegura, "todos me veían muy niña como para ser capaz de emprender y mi padre siempre me decía: eres joven pero sobradamente preparada. Claro que soy joven pero yo quería que me tratasen como lo que soy, una persona adulta que quiere crear una empresa".

Tales fueron las complicaciones que se encontró en el camino que esta joven emprendedora quiso hacer un experimento. "Cuando estaba empezando mi padre y yo decidimos pedir presupuestos en distintas empresas, pero cada uno por su lado, en algunas las pedía yo y en otras él. A pesar de ser la misma actividad, nos dieron presupuestos completamente distintos. Ahí me di cuenta de las diferencias que había entre lo que suponía emprender siendo una chica joven y siendo un hombre de mediana edad".

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