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"La tasa de suicidios aumentó un 7% coincidiendo con la pandemia"

El jefe del Servizo de Psiquiatría del Chup, Alfonso Casas Losada. CEDIDA
El jefe del Servizo de Psiquiatría del Chup, Alfonso Casas Losada. CEDIDA
La depresión es la causa número uno de discapacidad a nivel mundial y, según la OMS, será el principal problema de salud en 2050. Tras unas jornadas en las que se abordó esta delicada materia, el doctor Casas aporta algunas claves para conocer su origen y, sobre todo, su detección

El reciente suicidio de Verónica Forqué ha reactivado el debate sobre la conveniencia de alertar sobre cualquier trastorno de la salud mental para evitar desenlaces tan trágicos como el de la actriz madrileña, que ya había intentado quitarse la vida con anterioridad. El Hospital Montecelo acogió recientemente unas jornadas sobre salud mental y su coordinador, el doctor Alfonso Casas, jefe de Psiquiatría del Chup, desmonta algunos tópicos y desgrana varios apuntes de actualidad.

¿Es cierta la percepción de que han aumentado los problemas de salud mental, especialmente tras la pandemia?
Usted lo ha dicho, es una percepción. Siempre hay que esperar a que los datos lo certifiquen. Por ejemplo, sabemos que la tasa suicida aumentó un 7% el pasado año. Es un indicio. En cierto modo esperable, si pensamos que edad, soledad, o pérdida de allegados importantes son factores de primer orden en su efecto sobre la salud mental y la conducta suicida, y que muchos ancianos se quedaron aislados, solos, quizás habiendo perdido a su marido o mujer, su compañía de toda la vida. ¿En qué medida una situación de gran tensión, como la crisis sanitaria, afecta a la salud mental de la población? Todas las crisis afectan a la salud de la población, no solo mental también física. El efecto cuantitativo lo iremos conociendo en este periodo de entrada en la pospandemia. Pero su efecto no es siempre lineal. Por ejemplo, la crisis económica de 2008-2009 aumentó la tasa suicida en toda Europa pero, puede parecer paradójico, más en países con una tasa de paro más baja y menos en otros, como España, con una tasa históricamente más alta. Tiene que ver con la red de apoyo social y familiar, pero también con el aspecto subjetivo de la importancia de esa pérdida, mayor en un caso que en otros. Y eso responde en parte al porqué. Simplificando, por la medida en la que la situación en la que estemos la vivamos con angustia, desesperanza, sin salida y ello conduzca a un estado mental que podremos llamar de ansiedad, depresivo o con el término técnico que queramos, pero que siempre significa pérdida del bienestar, de la capacidad del estar bien, aunque sea momentos, y por el contrario, vivir en el sufrimiento.

"El suicidio no tiene que ver con el valor. Se suicidan las personas que sufren, con o sin enfermedad mental"

Una de las derivas más graves es el suicidio y se suele decir que para suicidarse hay que ser muy valiente. ¿Es correcta esa afirmación o es más una leyenda urbana?
Es completamente errónea y parte de un prejuicio, en este caso negativo, hacia las personas que cometiendo actos suicidas no los completan, que serían los cobardes, versus los que sí, que serían los valientes; con las connotaciones negativas y positivas de los diferentes casos. El suicidio no tiene que ver con el valor, sino con el sufrimiento. Se suicidan las personas que sufren, con o sin enfermedad mental.

¿Ha variado el perfil de los suicidas en los últimos tiempos?
No. Al menos no significativamente. Siempre hay ciertas variaciones, en función de situaciones externas o sociales, o culturales. Por ejemplo, el caso de los pactos suicidas más comunes o casi únicamente en adolescentes o adultos jóvenes; estos fenómenos pueden presentar ciertas variaciones por épocas y sociedades. Pero en conjunto, el perfil es muy constante y casi universal. La principal característica es la edad, la tasa de suicidio aumenta cuanto mayor es la edad. De ahí que Galicia y otras zonas con población envejecida encabecen las tasas nacionales, que aún así son, junto con las de los países europeos del arco Mediterráneo, más bajas que las del resto del continente. El resto de factores (sexo, enfermedad física o psiquiátrica, dolor, soledad...) son también muy estables. Esto es lo que permite diseñar perfiles de riesgo que luego se usan en la evaluación de los casos y del riesgo suicida.

Es indudable que el estrés, la crisis económica, rupturas familiares o complicaciones laborales son factores que agravan la salud mental y pueden conducir al suicidio. ¿Cómo se puede hacer frente a este cóctel molotov?
Con actuaciones que exceden en gran medida las competencias, digamos directas, sanitarias. Son soluciones comunitarias, medidas de apoyo social, laboral o medidas legales. Un ejemplo, servicios de mediación accesibles en diferentes situaciones conflictivas como los divorcios contenciosos. Otro, un estudio reciente en aquellos estados de Estado Unidos que implantaron leyes de divorcio que permitían su carácter unilateral, en los primeros años descendió la tasa de suicidio en mujeres.

¿Hay algún indicio que permita alertar de un suicida en potencia?
Sí. Para la población general que no tiene por qué discriminar perfiles hay uno claro y al que siempre se le debe prestar atención: la comunicación de ideas o intenciones suicidas.

"La tasa de suicidios aumentó un 7% coincidiendo con la pandemia"
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