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Eterna Diana

diana de gales
Diana. DP

L Eterna Diana levo unas semanas realizando mejoras en mi página web. Eso me ha llevado a tener que revisar muchos archivos de mis años de trabajo y de todo lo realizado en los diferentes ámbitos profesionales. Al hacerlo, me he dado cuenta de la cantidad de gente que se ha quedado en el camino y de lo afortunados que somos, los que seguimos aquí, por continuar disfrutando de la experiencia de la vida.

Algunos de los que faltan, más de los deseados, me “tocan” muy de cerca. Otros menos, pero su relevancia mediática y presencia constante en los medios hace posible que los sientas próximos. Es el caso, por ejemplo, de Diana de Gales. Hace unos días habría cumplido 60 años y, en justo un mes, se cumplirán 24 de su muerte.

Recuerdo ese día como si fuera ayer. Eran las seis de la mañana cuando me llamaron por teléfono para decirme que había fallecido tras un accidente de coche en el Pont D´Alma en París. En un principio pensé que era un mal sueño. Posteriores llamadas confirmaron una realidad que le haría pasar a la historia popular.

Siempre he estado de su parte. Es algo que nunca he ocultado. La ternura, que desde el primer momento despertó en mí, venia en parte propiciada por ese cierto aire de chica tímida y desvalida que siempre le acompañaba. El ir al matrimonio, locamente enamorada de su marido en la misma proporción que engañada por él, me predispuso a posicionarme a su lado en todo lo que le tocó en suerte vivir.

A lo largo de estos años he disfrutado y sufrido a partes iguales las vicisitudes que su matrimonio le puso en el camino. Estuve en su multitudinario entierro en Londres, porque mi destino profesional quiso que así fuera. No olvidaré nunca los rostros de dolor de los británicos, ni las caras de desolación contenida de unos hijos que caminaban con la cabeza baja detrás del féretro de su madre, ni el saludo –más obligado que voluntario- de la Reina a ese mismo féretro solamente adornado con un ramo-bouquet de rosas blancas, con una pequeña tarjeta de sus hijos en la que se leía MUMMY.

Le han cuestionado que su vida no fue un ejemplo de rectitud y buen comportamiento. Yo prefiero no juzgar. Tendría que haber sufrido su camino vital y pasado por situaciones similares para calibrar el alcance de mis reacciones. Desde fuera, creo que fue una mujer utilizada por un hombre que tenía muy claro que ella sería la madre de sus hijos, la que le daría el heredero al trono, pero que su entrega afectiva tendría otra dueña que es, a día de hoy, quien está a su lado.

El cariño y veneración que medio mundo sigue sintiendo por Diana de Gales continúan intactos. Esa imagen frívola, potenciada en su contra, ha quedado eclipsada por una dedicación humanitaria a los más débiles, a los enfermos terminales, a los que –como ella- conocían el desamor y la decepción. Hoy sería una madre orgullosa de sus hijos y abuela consentidora de sus nietos. Sin embargo, el destino decidió prematuramente que la suya iba a ser una eternidad mediática sin fin..

Eterna Diana
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