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¿Por qué le entrevistas?

A lo largo de mi vida profesional he sido testigo del nacimiento de potenciales actores, que se han quedado en simples promesas, o de otros adornados con todos los premios imaginables, que han pasado al olvido con la misma rapidez con la que les auparon.

¿Cómo es posible que gente con talento se quede en el camino y algunos, menos dotados, estén en la cúspide del reconocimiento y el éxito? Nunca he tenido muy clara la respuesta, por eso he preferido observar minuciosamente la trayectoria de algunos, ver cómo se han rodeado, de quién reciben los consejos y así intentar llegar a conclusiones con un poco de sentido.

No podemos olvidar que el factor suerte pide su protagonismo en las vidas de cada uno, pero soy de las que piensa que "ese invitado de lujo» hay que buscarlo, porque no siempre llega al lugar del que se lo merece. Creo que Mario Casas es de esos luchadores que ha sabido buscar su momento, aprovechar con temple y profesionalidad lo que le ha «tocado en suerte" en cada estadio de su trayectoria y que cual hormiguita laboriosa, como buen gallego, se ha labrado el camino correcto hacia su plenitud como actor.

Cuando te conviertes en el protagonista de un fenómeno de fans masivo y, en ocasiones, descontrolado por la pasión que despiertas, la tarea de enderezar tu carrera hacia el sendero que te proporcione el respeto, no es tarea fácil. Más bien todo lo contrario. Él ha sabido administrar bien su carrera, crear misterio, hacerse valer y no desmerecer nunca a la prensa, siendo conocedor de la importancia del marketing, de las fans y del apoyo de los medios para una buena convivencia profesional.

Mario llegó a nuestras vidas gracias a la televisión. Le recuerdo en un "cameo" en "Motivos personales", la serie que consiguió que muchas empezaran a poner también sus ojos en Miguel Ángel Silvestre, otro imprescindible desde hace tiempo. Aunque el niño Casas siempre había soñado con ser futbolista, policía o bombero, la vida le fue llevando a la interpretación donde podía dar vida a esos sueños. Antonio Banderas se fijó en él y le contrató para intervenir en "El camino de los ingleses", lo que supuso su debut en el cine. A partir de ese momento, su ascenso ha sido meteórico.

La vanidad ni le roza y la paciencia le da un barniz que ya nos gustaría que sirviese de ejemplo a veteranos y noveles. Le he visto en situaciones delirantes con las fans, algunas de ellas estoy convencida que hasta le llegaron a ruborizar. Jamás un mal gesto, una mueca de desaprobación, un desprecio o un atisbo de cansancio. Con paciencia atiende a todas y cada una de las personas que acceden a él. Fotos, firmas, besos, gritos. Eso que todos luchan por evitar, él lo asume con el temple del buen torero.

El otro día, una seguidora me preguntó por qué le entrevisto. "No lo entiendo en una persona que ama la cultura y el cine como tú". Lo hago, en primer lugar, porque me apetece y, después de muchos años de profesión, creo que me merezco esa licencia. Y, además, por todo lo expuesto con anterioridad. Gustos aparte, quien no reconozca la evolución de Mario y el sitio que ocupa en la interpretación, debería hacérselo mirar.

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