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Análisis y opinión

Miserias políticas y políticos mezquinos

El modelo de residencias de ancianos lo cuestiona la pandemia con uno de cada cuatro muertos mayores. Alberto Núñez Feijóo o Ana Pontón afianzan liderazgo en la crisis

SEÑOR DIRECTOR:

Le propongo dirigir la atención más allá de Pedro Sánchez y la gestión que hace el Gobierno de la pandemia. Habría que diferenciar tiempos en ello. Existen cuestiones obvias para la crítica. Algunas figuran en el informe, dicen que demoledor, que tiene el Gobierno alemán sobre la gestión de Pedro Sánchez. Nadie lo ha desmentido. O en The Guardian del pasado jueves: el Gobierno español llegó tarde y torpe.

Hay otros asuntos para la agenda informativa y para los cambios a abordar justo cuando pase esto. Permítame que le apunte cuestiones básicas que o se afrontan o seguiremos con graves carencias en el sistema, con fallos y debilidades que lo hacen éticamente cuestionable para el ciudadano, por algo más que ineficiencia, y, consiguientemente, seguiría siendo vulnerable. Los cambios no van a venir por un milagro, como apuntan estos profetas de que ya nada será igual.

Por decencia social le formulo una pregunta, aunque la considere irrespetuosa en este momento. ¿Tanta propaganda mediática con el buenismo y voluntarismo no se instrumentaliza para tapar los agujeros de las responsabilidades que no se piensan asumir? ¡Qué grandes profesionales! ¡Qué gran sociedad! Estas bondades, ciertas, que proclaman los gobernantes no pueden tapar sus vergüenzas e incompetencias.

Liderazgos

Hay liderazgos que se crecen y se reafirman en las situaciones de crisis. Pueden traducirse o no en resultados electorales. Parece que es el caso de Macron en Francia e incluso, aunque por aquí no figure, el de Angela Merkel en Alemania y Europa. No se puede decir lo mismo de Pedro Sánchez. Las referencias a Churchill para situaciones extraordinarias son un tópico. Varían las explicaciones de por qué pierde las elecciones quien había ganado la guerra. Me valen las que da en varios momentos Tony Judt, desde la izquierda democrática, en la voluminosa Postguerra (Taurus). La visión de Clement Attlee, el laborista que derrotó en 1945 más que a Churchill a los conservadores, ·captaba perfectamente el sentir de aquel momento": se necesitaba una economía bien planificada para una sociedad más rica y más justa. La urgencia eran parques y campos de deportes, casas y escuelas, fábricas y tiendas bien planificadas y bien construidas. Al menos en tres prósperas y pacíficas décadas no hubo en el Reino Unido ni en Europa debates doctrinales entre derecha e izquierda por esta cuestión.

Vamos al escenario gallego, que se encontraba en campaña. Aparece sólido y reforzado el liderazgo de Feijóo al frente de la Xunta en la administración de la crisis. Fue así ya desde la primera salida televisiva, inmediatamente después de Sánchez, tras anunciar este el estado de alarma. Es un estado de opinión: no se le cuestiona. No es ampliable esta nota alta que recibe Alberto Núñez Feijóo a algunos de su equipo. No pasan el corte.

Ana Pontón sube en la oposición. La líder del BNG aparece con mayor consistencia que sus competidores. En los líderes opositores alguno debería estudiar los temarios que se requieren para ese puesto de aspirante a gobernar. Es ampliable a Madrid. Da la impresión de que alguno buscó en las rebajas o en la competencia el asesoramiento. Cualquier aprendiz sabe que el rédito propio se obtiene con la suma. Sobre todo en crisis serias no coincide esta con afear al competidor. Ana Pontón suma cuando apunta a Audasa, por ejemplo, y deja a quien corresponde reorganizar o no los servicios sanitarios.

Algunos políticos de los niveles medios y de base, a derecha e izquierda, se sitúan éticamente por debajo de las amplias aguas fecales del clientelismo partidista

Alguno de los liderazgos gallegos y provinciales quedan en pelotas. Confirmaron la sospecha de que los ropajes con los que se cubrían carecían de consistencia. De los nacionales, o sea Madrid, ya lo sabíamos.

Políticos palleiráns

Le hablo ahora del comportamiento sectario, a derecha e izquierda, de algunos políticos de segundo nivel, jefecillos provinciales o locales y sus ayudantes con ansia desenfrenada de ascenso. Con una indecencia absoluta interfieren en clave partidista en la gestión y la labor profesional de la acción sanitaria y de prevención: primero se atiende a los míos o se hace visible mi poder para obtener votos. Hablamos de vidas humanas y no de asfaltado y alumbrado para pistas o de construcción de contenedores culturales y deportivos que luego ni hay capacidad para sostenerlos ni se sabe qué hacer con ellos.

Estamos en un descenso al infierno, por debajo de los niveles por los que circulan las ya de por sí abundantes aguas fecales de la política clientelar y caciquil. ¿Le llaman a esto vocación de servicio público? ¡Por Dios! Son la antítesis. Son políticos palleiráns o de silveira. Concédales usted el título que estime. Sus organizaciones, si quieren ser respetadas, deberían retirarlos de la circulación por prácticas amorales. Amplíelo a la demagogia primaria que juega con el miedo y los sentimientos a la hora de reclamar y repartir material de protección.

La cigarra y la hormiga

Hablemos también de dos estrategias en marcha para eludir toda responsabilidad en lo que se ha percibido como mala praxis gubernamental. Me refiero al recurso al pasado, a los recortes presupuestarios en los años duros de la crisis, con la pretensión de tapar la inacción a la que asistimos en estos meses de 2020. Haberse quedado en casa y no asumir las responsabilidades de gobernar: la situación deberían conocerla.

Es la falta de iniciativa desde que hubo noticia de la crisis ya en territorio europeo y español la que explica las improvisaciones y carencias de medios básicos. ¿No disponía el Gobierno de información válida desde los últimos días de enero y durante el mes de febrero? No carguen al pasado las carencias de mascarillas o respiradores, por ejemplo, aunque sea cierto que la ratio de camas hospitalarias en España no sea homologable con otros países europeos. Menos triunfalismos, por tanto.

La otra operación de opinión pública no duda en activar el antieuropeísmo, sobre todo contra Alemania. Esta grave irresponsabilidad olvida lo que fue la primera mitad del siglo XX en Europa y olvida los caudales de recursos que España recibió de Europa desde su ingreso en la UE. Evidencia la falta de principios de unos políticos y una política que solo conoce estrategias para asegurar el sillón. Empezaron con artillería pesada -quién dijo que Alemania o Francia no suministraron material a Italia-, con un dibujo de insolidaridad que pretendía, y lo ha conseguido en la opinión pública española, desviar las responsabilidades de la debilidad con la que España llega para afrontar la respuesta a la pandemia y para unas medidas extraordinarias de reactivación económica.

Permítame usted una referencia a la fábula de la cigarra y la hormiga. ¿Quién se ocupó aquí de hacer mínimamente de hormiga, o recordarlo en la política española? ¿Quién se ocupó de hacer acopio mínimo para un invierno que llegó duro? Nadie. Podría ser otra invernía con subida de intereses para la deuda.

Cada palo que aguante su vela: la Comisión de entrada no estuvo a la altura de las circunstancias. Y en el escenario italiano, con presencia rusa y cubana, se juegan más partidas que la sanitaria. La Comisión y la Otan han de ponerse las pilas.

Los viejos

Le apunto finalmente al necesario cambio, que señaló el viernes Feijóo, en el modelo de residencias de ancianos. No son en muchos casos otra cosa que contenedores para esperar la muerte. Son, eso sí, un filón de negocio que se entregó al capital especulativo. El modelo saltó por los aires en toda España, no solo en Madrid y Cataluña. Se lleva por delante una de cada cuatro personas mayores de 70 años que mueren por el coronavirus.

De usted, s.s.s.

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