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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

De El Chinito a El Bocaito

Un local que, aunque ha cambiado de nombre, tiene una historia de más de setenta años dedicado a la hostelería en pleno casco antiguo de la ciudad
El antiguo Chinito en la actualidad. M. Bará
El antiguo Chinito en la actualidad. M. Bará

Si Vigo tenía su callejón del Chinito, Pontevedra tenía un mítico bar con el nombre de El Chinito. Aunque Pontevedra entonces estaba muy animada con cines y teatros, los bares eran un lugar de encuentro fundamental para pasar el día. Una de las diversiones de antaño eran las partidas de cartas en los bares y tomar la chiquita para pasar el rato. Así eran muy frecuentados Ríos, El Cisne, La Cañiza y cuando la calle Isabel II era "la calle de los vinos", por el número de ellos. Un poco más apartado de esta ruta estaba el conocido Bar El Chinito, una taberna sita en el inicio de la calle Charino.

El propietario del local, Perfecto Castaño Castro, que nació en 1886, era un conocido y respetado hostelero de la ciudad. Pocos datos he podido localizar sobre su vida pero estos son algunos retazos. Se casó con 19 años de madrugada, que antes se estilaba mucho, en noviembre de 1905, con la joven Bernarda Pintos Abal, en la capilla de Jesús Nazareno, conocida antiguamente como el de las monjas emparedadas. Hija de Juana Abal Castro y hermana de Javier Pintos Abal.

En 1913 Perfecto tenía una taberna en la calle Tetuán, en la que sufrió el robo de cinco cajas de mantecadas, tres quesos del país y 3 libras de pan; el ladrón era reincidente ya que había sustraído con anterioridad tres quilos de chorizos.

En 1924 solicitó autorización al Ayuntamiento para instalar un kiosco en la plaza de Valentín Escudero. Un año más tarde, Perfecto fue nombrado vicepresidente de la Sociedad de Taberneros 'La Viña', cuyo presidente era Felipe Aparicio; formaban parte de la junta directiva Aurelio García, Santiago Roma, Ángel Salgado, Joaquín Fernández, Eligio Cancela y Juan Villaverde. Un año más tarde era elegido para el mismo cargo en el Gremio de San Julián. Perteneció al Gremio Sociedad de Santa Catalina con Juan María Castro Lucio al frente y Juan Vidal Lino, Álvaro Sieiro, Lino Beloso Tombo, José Beato Pedrosas, Enrique Crespo y Antonio Soto. En 1931 a instancia suya el Ayuntamiento prohibió la venta de carnes saladas a los tablajeros, que entraban en competencia con otros negocios dedicados a ello.

En marzo de 1942 el rotativo El Pueblo destacaba como noticia la remodelación del edificio en donde se encontraba ubicado el bar, travesía calle Charino: "Desde el pasado domingo, en el que se inauguró, cuenta Pontevedra con un establecimiento, completamente remozado y desconocido, que honra a la industria de bares. Se trata del antiguo- acaso establecimiento en su clase más antiguo de nuestra ciudad- 'Bar Chinito', situado detrás de Ayuntamiento, cuyo edificio sufrió una transformación radical, habiéndose hecho una transformación muy hermosa, que nada tiene que envidiar a los mejores establecimientos de su clase en la región». El Chinito ofertaba los cuartillos de vino a treinta céntimos de peseta y ofrecía comida casera. Gonzalo Mucientes recuerda comer allí alguna vez con su madre "lo que se decía comida casera", y no estaría nada mal porque repitieron varias veces. Curioso es el relato que firmaba con el pseudónimo 'El Demonio de la avaricia' en 1955 el que decía: "Bien. Ya habéis apreciado que el vino no puede ser mejor. Lo cobraré como en la taberna de 'El Chinito'. Así que ahí tenéis catorce pesetas cada uno".

Como otros hosteleros y comerciantes de la ciudad, contribuyó a financiar la corrida de toros de las fiestas de la Peregrina del año 1946. Un espectáculo que atraía a cientos de aficionados de otras provincias que llenaban los trenes para presenciar la faena, y dejaban en Pontevedra sus dineros. Un año más tarde se organizaba un partido de fútbol en el Campo de Pasarón entre Bar Chinito y Casa Castaño con un final por goleada de 4 a 0 a favor de Casa Castaño. La alineación por el Chinito era la siguiente: "Caluca; Lamas, Triana; Chucho, Miguel, Roca; Moldes, Pacho, Donato, Irigoyen y Alejandro".

Un recuerdo personal de adolescente precisamente es en El Chinito en el que, por la edad, un grupo de amigos nos tomábamos un Fis-Fas de naranja o limón, se anunciaba como "la bebida del desierto", o un refresco y pasábamos la tarde comiendo cacahuetes.

El Chinito pasó a llamarse El Bocaito, regentado por Fito Antelo que lo mantuvo durante veintidós años y en el que hizo famosa la exquisita tortilla de patatas que preparan con su fórmula secreta. Hace unos meses pasó a manos de la pontevedresa Rosario Iglesias Casás, que destaca su profesionalidad a la hora de tratar con los clientes. Charo anteriormente había trabajado en Galicia y Madrid como azafata de congresos y su bautismo en la hostelería fue en la cafetería del Club Naval de Pontevedra. Después trabajó durante ocho años en El Bocaito, del que es la actual propietaria. Se decidió porque conocía bien cómo funcionaba el local, a la clientela y está ubicado en un lugar privilegiado de la ciudad.

Un local por el que pasan personajes tan conocidos como Mariano Rajoy, Francis Lorenzo o Celso Bugallo. Un punto de encuentro imprescindible en el que también se puede ver la exposición permanente del conocido acuarelista Tato Heredia.

Debido al Covid-19 el local permaneció cerrado hasta el pasado 10 de junio, fecha en la que reabrió sus puertas en horario normal con el retorno progresivo de su clientela habitual.

Tenemos que ayudar a los negocios de Pontevedra a recuperarse de esta difícil situación y no podemos olvidar que debemos mantener las medidas de seguridad recomendadas por las autoridades sanitarias durante los próximos meses.

De El Chinito a El Bocaito