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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

Aquellos maravillosos años en la Dórica de la familia Fonseca

La Dórica de la familia Fonseca es una singularidad arquitectónica que fue residencia familiar durante poco más de tres décadas, después Biblioteca Pública y en la actualidad es la sede del Archivo Histórico Provincial
Pilar y María Fonseca Rivas sobre una de las famosas esfinges en la entrada de la Dórica. ARCHIVO FAMILIA FONSECA
Pilar y María Fonseca Rivas sobre una de las famosas esfinges en la entrada de la Dórica. ARCHIVO FAMILIA FONSECA

Su propietario fue Eulogio Fonseca García de Redondo, que nació en Pontevedra, en la casa conocida como El Masón, en la calle Charino, propiedad de su familia, el 27 agosto 1846 y es la quinta generación del apellido. Hijo de Luis Fonseca Otuna (1796-1887) y de Francisca García de Redondo y Simón Guerra (-1891). Su padre, se casó con Consuelo Quintairos Pérez y tuvieron seis hijos: Luis, Eulogio, abogado que formó parte de la comisión del proyecto de Cortegada y falleció en 1907, María de la Consolación, Eloy, María y Marina.

Eulogio Fonseca García trabajó de procurador en los juzgados de Pontevedra, que con el tiempo se convirtió en un exitoso industrial dueño de una famosa Casa de Baños de A Moureira y de un aserradero, o de la mina de hierro ‘El Porvenir’ en la isla de Louxo en O Grove. Durante años se anunció en la prensa como intermediario refiriendo su dirección en la calle Jardines nº 3 (frente a la casa Méndez Núñez). Gestionó el arriendo de la Plaza de Toros (1910), con Riestra participó en la compra del manantial de A Toxa, y en la venta y alquiler de locales en la ciudad y proximidades. Como importante industrial que era se trasladaba en automóvil con chófer, que era Secundino Esperón; un piloto de carreras que fue asesinado una noche en el centro de la ciudad. Su paso por la política como concejal le facilitó buenas relaciones, pero también algunas críticas al mantener una estrecha relación como apoderado del marqués de Riestra, entre otros empresarios. Formó parte de la corporación en diferentes años 1881, 1883, 1885, 1887 y 1901. En el ámbito cultural cabe destacar que fue vicepresidente de la Sociedad Artística de Pontevedra, sustituyendo como presidente a Prudencio Landín en alguna ocasión.

Gran vestíbulo de entrada de la Dórica. ARCHIVO FAMILIA FONSECA

Eulogio solicitó licencia en el ayuntamiento en agosto de 1909 para construir su nueva casa en el Paseo de Colón: "Dáse cuenta de una instancia de don Eulogio Fonseca solicitando autorización para construir una casa de planta baja". En diciembre de ese mismo año, a causa de un temporal, se derrumbaba uno de los muros de la casa en construcción: "Del chalet que el Sr. Fonseca (D. Eulogio) tiene en el campo de San Roque, se derrumbó una de las paredes laterales". Un temporal que derribó casas, chimeneas, abatió árboles y produjo desprendimientos de tierra, inundó Padrón, en Pontevedra afectó a la vivienda de Dobarro en Mollabao, derribó la conservera en construcción de Riobó, en Bueu, y echó abajo la casa del número 8 de la calle de A Oliva, de Emilio Gómez. La edificación de la casa se terminó sobre 1910.

Una atípica construcción de piedra maciza de corte neoclásico, presidida en su entrada por dos efigies egipcias con rostro de mujer. Un diseño marcado por la pertenencia de su dueño a diferentes Logias en Pontevedra, como la Helénica en la que su nombre en clave era Fenelón, vigilante de grado 18º, y puede que también a la Helenes 7 en 1922. Su sobrino, también teósofo, Javier Pintos Fonseca, tuvo su residencia en la casa de la calle Charino, en cuyo interior se podía ver un busto de Beethoven, obra del escultor Aronson, que le había regalado el violinista Manuel Quiroga. La casa era de planta baja, primera y una gran finca trasera que llegaba hasta el restaurante El Castaño. En palabras de Filgueira Valverde: "Na planta baixa, un despacho con madeiras nobres, un friso de retratos dos grandes mestres da humanidade –onde non faltaba Cristo–, cerámicas orientais, e... nun recuncho, a espada dos ritos iniciáticos que, collida dun ou doutro modo podía dar sorte ou traer malfado".

La familia se trasladó al nuevo y monumental domicilio del que su propietario disfrutó poco más de una década. Dos años antes de la muerte de Eulogio alquiló la casa al Sr. Moreno de Obras Públicas. Eulogio Fonseca García de Redondo falleció a los 77 años, el 13 enero 1924, y su esposa tres años más tarde, el 21 abril 1927. La casa la heredó su hijo Luis Fonseca y Quintairos que, dos años después del fallecimiento de su padre, se casó y se trasladó a vivir a la Dórica, donde nacieron sus hijos.

El heredero de la casa, Luis Vicente Fernando Fonseca y Quintairos, nació el 30 mayo de 1896. Se casó con la preciosa joven de dieciocho años Rosario Rivas Dou, y tuvieron cinco hijos: Luis, María del Rosario, María (Paris), María del Pilar y María de Lourdes Matilde. Charo falleció de tosferina a los dieciocho meses, el 26 febrero de 1933, y María falleció repentinamente a los veintiséis años de una dolencia renal. Pese a estos golpes, Pilar Fonseca Rivas recuerda los maravillosos años en los que vivió en la casa con sus padres y hermanos: "Nuestros amigos se asombraban cuando llegaban por primera vez a la casa porque no se creían que vivíamos allí". Tenían una nani alemana que se encargó de la educación de las niñas con una profesora hasta los nueve años, momento en el que pasaron a estudiar en el Colegio Sagrado Corazón de Placeres. Recuerda también Pilar saludar cada vez que pasaba el tren por delante de su casa y cómo el maquinista tocaba la bocina para devolverles el saludo. La Dórica la visitaban marinos de la Escuela Naval y se llenaba de gente los días de toros, una vez terminada la corrida, entre ellos se recuerda al torero Luis Miguel Dominguín. La familia de Luis vivió en la Dórica poco más de veinte años y la casa se vendió alrededor de 1956 por algo más de dos millones de pesetas, que en aquel entonces era un dineral. Los motivos de la venta fueron el costoso mantenimiento de la misma y lo poco práctica que resultaba como vivienda para una familia pequeña.

Aunque ahora la adaptación de la casa para otros usos ha cambiado mucho su fisonomía interior, es una suerte que esta grandiosa y peculiar construcción siga en pie y no se haya demolido. Agradezco a Lule Bellido Fonseca y a su tía Pilar Fonseca Rivas que hayan compartido algunos de los datos y recuerdos para poder escribir este breve artículo.

Aquellos maravillosos años en la Dórica de la familia Fonseca
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