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Suárez Illana el pintoresco

Adolfo Suárez Illana. EFE.
Adolfo Suárez Illana. EFE.

 e entre todos los personajes pintorescos que se han vuelto de pronto candidatos, que más que elegir a un Parlamento parece que votamos para confeccionar la plantilla de un circo italiano, quien se lleva la palma es Adolfo Suárez Illana. Cuando era un muchacho, si es que alguna vez lo fue, quiso entrar como funcionario en la Armada se puso todo loco a preparar unas oposiciones pero al poco lo dejó para estudiar Derecho. De ahí en adelante siempre fue un hombre inconstante.

Inconstante es aquella persona que cambia frecuentemente el destino que se ha propuesto. No lo digo por usted, a quien tengo por un fontanero o ingeniera inteligente, no se me ofenda. Lo escribo por si Suárez Illana lo lee, para que pueda entenderlo. A los 26 añitos, siendo ya un hermoso pimpollo, condición que no ha abandonado aunque yo en su lugar cambiaría a su peluquero, que es un lunático, por alguien normal y puesto al día, que en cualquier momento nos aparece Suárez con una peluca Luis XIV; a esa edad de 26, decía usted, Suárez Illana cursaba un máster en Harvard. De ahí, digo yo, le viene la amistad con Casado, que también estudió en Harvard aunque jamás pisó el lugar. Pues a esa edad, que era un crío, publicó su primer y último e infame libro de poemas con cosas como esta: "Fue… / rojizo el Cielo / el Sol oculto en su rincón / y entre pájaros cantando, / verde el campo. Tú y yo, / y aquel viento de ternura / aquel arrollo y… esa flor". No me diga que no es un poema para encarcelar al autor, pero claro, aquí detenemos a los raperos pero a este no por ser hijo de quien es. Y por encima, el poemario se titulaba ‘Sueños’. Por favor. "He querido hacer el mejor libro de poesía y lo he logrado", declaró, pero no ante un juez, que hubiera sido lo normal, sino ante la prensa.

Inconstante como es, abandonó la poesía en la que quizá fue la decisión más sensata de su vida. Luego estuvo unos años trabajando en Sudamérica y a la vuelta montó y desmontó varios despachos de abogados y así, a tumbos, llegó a 2003, momento en que aceptó la oferta de Aznar de presentarse a las autonómicas de Castilla La Mancha contra José Bono. No se tomó ni la molestia de empadronarse para votarse a sí mismo. Sacó los peores resultados de la historia y a los pocos días dimitió sin llegar a tomar posesión como diputado regional. Esa fue la segunda mejor decisión de su vida.

Lo único en lo que ha sido persistente es la caza y el toreo. «Más de una vez, estando en Chile con algún cliente, he aprovechado el fin de semana para venirme a la finca, y después he vuelto a Chile como si tal cosa». La finca de la que habla es El palomar, propiedad de su suegro, ganadero. Allí batió varios récords como cazador: si nadie los superó, que espero que no, pues significaría que hubo alguien capaz de matar más animales que él para divertirse, tiene los récords de caza de gamo, muflón y arruí. Como torero fue siempre mediocre pero esforzado.

Así siguió hasta que hace unos días se anunció que iba a ser el número dos de Pablo Casado por Madrid. Lo último que supimos de él fueron aquellas declaraciones en las que afirmaba que comparaba a las mujeres que abortaban con neandertales, decía que tendrían que elegir entre ser madres de un niño muerto o de uno vivo y afirmaba todo seguro que en Nueva York está permitido cortarle la cabeza a un recién nacido. Angelito

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