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La Bretaña gallega

EN TIEMPOS de dominación sueva de la Gallaecia, hubo otra gran inmigración menos conocida, la de los bretones que acosados por diversas invasiones germánicas fueron desplazándose mayoritariamente hacia Gales y Escocia, aunque buena parte de ellos emigraron a Armórica, la actual Bretaña francesa, que por eso se llama Bretaña y a la Britonia gallega, que ocupaba los actuales territorios de A Mariña y Terra Chá y la parte occidental de Asturias, entonces también gallega aunque los españoles le digan a usted otra cosa.

Los motivos por los que muchos bretones arribaron a nuestras costas en una única oleada o en varias sucesivas durante un muy corto período de tiempo, que viene a ser lo mismo, son consecuencia de la pertenencia a un mismo pueblo primigenio, el celta, lo que viene a demostrar que ya en aquellos tiempos la Historia era importante. Por eso también se instalaron en la bretaña francesa, igualmente celta, y eso tras varios siglos de dominación romana en los tres territorios: la Bretaña inglesa, la Armórica francesa y la Gallaecia. Tenían perfecta memoria de un pasado común y a él acudieron cuando necesitaron refugio. Entre la Bretaña Francesa y Galiza hay un trecho largo que salvaron para reencontrarse con sus brothers.

La expedición a Gallaecia la comandaba un tal Mailoc o Maeloc, que usted y yo conocemos por ser una famosa marca de sidra

La expedición a Gallaecia la comandaba un tal Mailoc o Maeloc, que usted y yo conocemos por ser una famosa marca de sidra. Sobre el origen de este personaje hay un ensayo muy cortito y muy bien escrito por Antonio Tovar: Un obispo con nombre británico y los orígenes de la diócesis de Mondoñedo. Bien, tal como esperaban, los bretones fueron bien acogidos y nada más llegar se sintieron como en casa: es extraño que los suevos, que no eran hermanitas de la caridad sino furiosos guerreros en proceso de expansión territorial hubieran visto con buenos ojos la llegada de los intrusos, pero así fue, y Britonia fue incluida en el Parroquial Suevo como una comarca más. No sé muy bien el porqué de esa bienvenida sueva a potenciales enemigos que ocupaban buena parte del reino, pero seguramente hay gente autorizada que lo sabe.

El tal Maeloc, el de la sidra, era un obispo cristiano y fundó su propia diócesis, la britonia o bretoña. Como titular de la sede, Maeloc participó en el año 569 en el Concilio de Lugo y poco más tarde en el II Concilio de Braga. Atendiendo a las pequeñas diferencias culturales y religiosas, a los cristianos bretones se les permitía celebrar sus propias festividades y su propia liturgia, que tampoco difería demasiado de la de nuestros ancestros y así fue pasando el tiempo.

Lo cierto es que no tardaron demasiado en asimilar los usos y costumbres del lugar, por lo que poco a poco el pueblo de los britonios se fue desvaneciendo diluido entre sus vecinos. Abandonaron su lengua, que sí mantuvieron y mantienen en la Bretaña francesa y sus tradiciones y de ellos sólo nos queda hoy la toponimia y puede que algún resto arqueológico de menor entidad. La sede episcopal, sin embargo, se mantuvo durante algo más de un siglo, pues es citada en el año 675 en el III Concilio de Braga.

Según lo que se cuenta, en alguna fecha posterior fue sucedida por la diócesis de Mondoñedo simplemente cambiándole el nombre, pues el obispado de Britonia tenía sede en esa plaza. Ya mucho más tarde, el el siglo XII todavía es citada en algún documento como obispado de Mondoñedo y Britonia, con lo que poco más hay que añadir sobre la localización y el origen de una y otra sede, que vienen siendo la misma.

La oleada de bretones fue lo suficientemente significativa como para gobernar un territorio extenso con permiso de los suevos y ateniéndose a sus leyes, pero no tanto como para provocar una influencia o un intercambio cultural de importancia. O sí, qué sabré yo. Yo lo digo porque de ser así lo sabríamos todos y leeríamos sobre la herencia de los bretones en Galiza. Yo creo que de tanto sentirse como en casa se acomodaron y a los tres días de llegar ya estaban comiendo percebes y churrasco antes de echar la partida.

Lamentablemente, la mayoría de las menciones al pueblo britonio se refi eren a asuntos eclesiásticos, aunque hablamos de una época tan oscura en lo documental y en lo arqueológico que poco más se podrá saber, salvo que aparezca un hallazgo descomunal, cosa poco probable salvo que Patrimonio permita que las desbrozadoras hagan bien su trabajo en esa zona, que no sé a qué están esperando. Yo, mientras tanto, montaría una fi esta britonia por A Mariña o por Terra Chá, que así es como los gallegos nos acercamos alegremente a nuestro pasado, montando una fi esta. Ahí queda la idea, alcaldes y alcaldesas. De nada.

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